Constante II (en griego: Κώνστας Β' [Kōnstas II]; Constantinopla, 7 de noviembre de 630-Siracusa, 15 de julio de 668), apodado "el Barbado" (Pogonatos) fue emperador bizantino entre desde 641 hasta su muerte en 668. "Constante" es un apodo diminutivo dado al emperador, el cual fue bautizado como "Heraclio" y gobernó oficialmente como "Constantino". Este sobrenombre se estableció en las fuentes imperiales y es el de uso común para referirse a este emperador en la historiografía moderna. Fue el último emperador que sirvió como cónsul romano, en 642.
Suele considerarse el reinado de Constante II como la transición definitiva entre la Antigüedad Tardía y la Edad Media en el ámbito bizantino; así como uno de los periodos de la historia bizantina en el que el Imperio tocó fondo, viendo como sus fronteras retrocedían en todos los frentes.
Primeros años de reinado (641-648)
Hijo de Constantino III Heraclio y la emperatriz Gregoria, nació el 7 de noviembre de 630; su nombre de bautismo era Flavio Heraclio. A la muerte de su padre, que reinó sólo unos meses (641), su tío Heracleonas (o Heraclio II) se convirtió en emperador. Sin embargo, pronto se extendió la sospecha de que Heracleonas y su madre Martina habían envenenado a Constantino III y esta sospecha generó descontento entre el pueblo que se levantó. A mediados de septiembre, el general Valentino obligó a Heraclonas a nombrar al futuro Constante II como coemperador. En esta ocasión el joven coemperador tomó el nombre de Constantino, en honor a su padre. Este nombre, aunque utilizado en documentos oficiales, cayó en desuso a favor de Constante II. Poco después, Valentino, no satisfecho con el resultado obtenido, se volvió de nuevo contra Heraclonas y, después de haberlos encerrado y mutilado a él y a Martina en la cárcel, los desterró. Constante II, con sólo once años de edad, fue proclamado emperador único por el ejército rebelde el 5 de noviembre.
Al comienzo del reinado de Constante, la regencia fue confiada oficialmente al patriarca Pablo II de Constantinopla (641-653) y al Senado, pero el poder fue ejercido por el general Valentino, quien desde 642 casó a su hija Fausta con el joven emperador. Hasta el 648 estuvo bajo la tutela del Senado siendo aún menor de edad.
La primera parte de su reinado estuvo marcada por la pérdida de algunas provincias. De hecho, los lombardos se expandieron aún más en Italia al conquistar toda la vasta área que va desde los Alpes Marítimos hasta la Toscana e infligieron una aplastante derrota al exarca de Rávena cerca de Módena, mientras que Armenia y Chipre se vieron obligados a pagar tributo a los árabes.
Constante II intentó recuperar Alejandría y Egipto, que habían caído en manos árabes al final del reinado de su abuelo Heraclio. Después de pedir ayuda al emperador chino Taizong, quien también era amenazado por los árabes en Turquestán, envió a Manuel, comandante del ejército imperial, a reconquistar esta ciudad: cuando Manuel llegó a Alejandría, la población local se levantó contra el gobernador árabe Uthmán ibn Affán y, con la ayuda de Manuel y sus tropas, expulsó a los árabes de la ciudad (646). Después de la conquista de la ciudad, Manuel recuperó todo el delta. Sin embargo, el califa árabe decidió enviar contra las fuerzas bizantinas al general Amr ibn al-As, quien en 641 había arrancado Egipto a los bizantinos; Amr infligió una aplastante derrota al ejército romano en Nikiu, lo que obligó a los bizantinos a refugiarse en Alejandría. Amr finalmente logró devolver Alejandría a manos árabes gracias a una intervención providencial de los monofisitas que abrieron las puertas de la ciudad a los árabes, prefiriendo la indiferencia islámica hacia ellos a las medidas opresivas de los melquitas de Constantinopla.
Animados por el éxito, los árabes invadieron Libia y derrotaron al exarca de África Gregorio en 648; el Exarcado de África se vio obligado a ceder Tripolitania a los árabes y pagar un tributo anual. Sin embargo, este tratado de paz fue firmado sin el consentimiento del Emperador, quien se enfadó y castigó a sus oficiales. Mu'awiya ibn Abi Sufyan, entonces gobernador de Siria y futuro califa omeya, entendió que mientras los bizantinos dominaran los mares podrían recuperar los territorios perdidos y decidió establecer una poderosa flota para evitarlo; de esta manera los bizantinos perdieron el control de los mares en beneficio de los árabes, quienes les infligieron numerosas derrotas en el mar, haciendo que definitivamente se desvaneciera el sueño de una reconquista bizantina de Siria y Egipto.
Constante II enfrentó no solo amenazas externas sino también revueltas internas. Primero fue el general Valentino quien se rebeló (644), luego en 647 le tocó el turno al exarca de África Gregorio, que se independizó de Bizancio. Este último cayó en batalla contra los árabes en 648 y el Exarcado se convirtió en vasallo de los musulmanes.
Cuando Constante II creció lo suficiente como para manejar los asuntos internos y externos por su cuenta, se propuso dos objetivos: el primero era controlar la Iglesia ortodoxa y el segundo era recuperar las provincias perdidas.
Con sus primeras medidas, Constante intentó restaurar el orden interno. Dado que la controversia sobre el monotelismo fue la causa de disturbios internos, en 648 promulgó un edicto (Typos) que prohibía a sus súbditos seguir discutiendo el monotelismo, una doctrina que sostenía que en Cristo había dos naturalezas (humana y divina) y una sola voluntad. Esta disposición no fue bien recibida por la Iglesia romana ya que favorecía la herejía monotelita. Constante II castigó severamente a los oponentes. Al principio obligó a todos a firmar el Typos; pero cuando el apocrisario papal Anastasio se negó, el basileus lo deportó a Trebisonda para castigarlo.
Mientras tanto, el Papa Teodoro murió y Martín fue elegido como su sucesor; luego la elección como Papa tuvo que ser ratificada por el Emperador. Consciente de que si no hubiera firmado el Typos, el Emperador nunca habría ratificado su elección como Papa, Martín mismo se hizo elegir Papa sin el consentimiento imperial el 5 de julio de 649. Inmediatamente después de su elección, Martín convocó un concilio general en Letrán, a la que asistieron numerosos obispos, incluido Máximo el Confesor, que se había visto obligado a exiliarse por no querer firmar el Typos. El Concilio condenó tanto el Monotelismo como el Typos. El Papa le escribió a Constante, invitándolo a derogar el Typos, pero el Emperador no tenía intención de darse por vencido.
En 651 Constante ordenó al exarca Olimpio asesinar al Papa Martín, culpable de oponerse al Typos; el exarca, en consecuencia, habiendo ido a Roma, confió la tarea de matar al pontífice a uno de sus guardias; el guardia debería haber actuado mientras el Papa ofrecía la Comunión a Olimpio; sin embargo, por "milagro divino", el asesino no vio cuando Olimpio recibió la comunión del Papa y el Exarca, entendiendo que el Señor no permitiría este crimen, confesó sus planes al Pontífice. Olimpio se rebeló contra la autoridad imperial separando temporalmente a Italia del Imperio; al principio, el emperador no pudo intervenir contra el usurpador porque estaba comprometido a repeler a los árabes.
Su sucesor Teodoro Caliopas, designado en 652, recibió la orden de arrestar al Papa Martín. Al llegar a Roma el 15 de junio, el exarca envió algunos eclesiásticos al Pontífice, incapaz de moverse porque estaba enfermo desde octubre del año anterior. Unos días después fue al Papa con un gran ejército y le informó que por decreto imperial había sido depuesto y arrestado; el clero podría haberse opuesto, pero el Papa, que no quería derramamiento de sangre, ordenó que nadie se moviera. El Papa fue llevado en secreto a la isla de Naxos (Mar Egeo), donde permaneció preso unos meses. Posteriormente fue llevado a Constantinopla donde fue juzgado con la acusación de haber traicionado al Imperio porque había conspirado con el exarca Olimpio contra el Emperador y se había puesto del lado de los sarracenos. El Pontífice corría el riesgo de ser condenado a muerte y sólo por intercesión del Patriarca Pablo II se conmutó la pena de muerte por el exilio.