El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es un organismo público español, adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Jurídicamente se trata de una agencia estatal con la consideración de organismo público de investigación. Su objetivo fundamental es desarrollar y promover la investigación en beneficio del progreso científico y tecnológico, por lo que está abierta a la colaboración con entidades españolas y extranjeras. Según la clasificación SIR World Report 2012, es la mayor institución pública dedicada a la investigación en España, habiendo llegado a ser la novena del mundo en 2012, según el SIR World Report 2012: Global Ranking (elaborado por SCImago Institutions Rankings) y la 16.ª en 2017 y la 21.ª en 2022.
Tiene carácter multidisciplinar y realiza investigaciones avanzadas en todas las áreas científicas gracias a sus 121 institutos y tres centros nacionales distribuidos en todas las comunidades autónomas de España. Con datos de 2009, el CSIC contaba con el 6 % del personal dedicado a la investigación y el desarrollo en España, generando aproximadamente el 20 % de la producción científica nacional. Además, gestiona un conjunto de importantes infraestructuras, la red más completa y extensa de bibliotecas especializadas y cuenta con unidades mixtas de investigación. Cuenta con una delegación en Bruselas.
El CSIC entrega como galardón para distinguir a personas o entidades la Medalla de Oro del CSIC.
Su logotipo hace referencia a El árbol de la ciencia, obra de Ramon Llull, que se menciona en la ley que da lugar a su nacimiento.
El CSIC actual entronca con la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) (1907–1939) que, surgida en el seno de la Institución Libre de Enseñanza e inspirada en la filosofía krausista, fue la institución encargada, con algunos éxitos notables, de sacar a la ciencia española de su atraso[¿cuál?]. Sin embargo, la JAE fue desmantelada por un decreto del gobierno de Burgos de 19 de mayo de 1938, traspasando sus servicios al Instituto de España y a las universidades.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas fue creado tras la Guerra Civil sobre la base organizativa y estructural que había establecido la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), aunque la incorporación de los bienes de la JAE en el recién creado CSIC no fue ni amable ni integradora. El CSIC fue el heredero material, aunque no intelectual, de la JAE. La ley fundacional, de 24 de noviembre de 1939, resumía así los fines a los que debía servir: «… Hay que imponer, en suma, al orden de la cultura, las ideas esenciales que han inspirado nuestro Glorioso Movimiento, en las que se conjugan las lecciones más puras de la tradición universal y católica con las exigencias de la modernidad».
El espíritu que animaba a su fundador y primer presidente, José Ibáñez Martín, lo expresan estas palabras de su discurso inaugural:
Fue primer presidente del CSIC Ibáñez Martín, ministro de Educación en el segundo gobierno de Francisco Franco; vicepresidente fue fray José López Ortiz, catedrático de Historia del Derecho y luego obispo de Tuy; y secretario general, e ideólogo, José María Albareda Herrera, edafólogo y miembro del Opus Dei.
Respecto a la continuidad material, ya que no de filosofía, con la Junta para Ampliación de Estudios, es preciso hacer referencia a que los responsables de la fundación del CSIC (en particular su primer secretario general, José María Albareda, catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid y responsable primero de las características organizativas y funcionales sobre las que se edificó el Consejo) decidieran mantener la sede central del organismo en el complejo de los Altos del Hipódromo. La dinámica del CSIC determinó la construcción de nuevos edificios: también el CSIC integró fundaciones de la JAE, como el Museo de Ciencias Naturales, el Centro de Estudios Históricos (que estuvo ubicado en la calle de Medinaceli) y el emblemático Instituto Rockefeller, hoy Instituto de Química-Física Blas Cabrera, contribuyendo así a fortalecer, a pesar de tantas circunstancias políticas contrarias, los nexos históricos de unión entre la vieja JAE y el CSIC.
El Consejo tuvo que afrontar muy pronto la cuestión de la expansión. El período autárquico reclamó del CSIC el apoyo tecnológico para mantener la supervivencia de la industria. De esta tarea se encargó el Patronato Juan de la Cierva. Este Patronato incorporó al Instituto de la Construcción Eduardo Torroja, y desarrolló institutos y centros orientados al apoyo de la industria, como el Instituto de Física Aplicada Torres Quevedo y el Centro Nacional de Química Orgánica, hoy dedicado a Manuel Lora-Tamayo, y otros centros tecnológicos como el Instituto del Frío y el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM). El siguiente paso en la expansión de los centros e institutos tecnológicos del binomio Patronato Juan de la Cierva-CSIC, en áreas emergentes como automática y robótica, fermentaciones industriales, cerámica y vidrio, que requerían espacios para plantas industriales, optó por ubicar los mismos en Arganda del Rey.
El desarrollo de la biología, un área en la que el CSIC ha destacado de acuerdo con la tradición española, se inició con la puesta en marcha en la década de 1950 del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) y se completó con el nuevo edificio del Instituto Cajal. La gran explosión de la investigación en bioquímica y biología molecular en la que el CSIC asumió un evidente liderazgo en el ámbito español, reclamó una estrategia expansiva y de colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid, que fue receptiva institucionalmente al desafío que se presentaba. La Facultad de Medicina acogió al Instituto de Enzimología, liderado por bioquímico español Alberto Sols. Posteriormente, el campus de Canto Blanco fue el lugar escogido para la instalación del Centro de Biología Molecular, un centro mixto CSIC-UAM. Como fruto de esta línea de colaboración entre el CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid, apoyada ésta por la capacidad territorial del campus de Canto Blanco, nuevos centros e institutos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Centro Nacional de Biotecnología, el Instituto de Materiales, el Instituto de Catálisis, el Instituto de Cerámica y Vidrio se han instalado en dicho campus o están en vías de hacerlo.
En 2007 se constituye como agencia estatal, para dotarlo de mayor flexibilidad e independencia en la gestión de su presupuesto. La pieza fundamental es el contrato programa que debe renovarse cada cuatro años. Este contrato programa supone autonomía para la gestión de los presupuestos, la oferta de empleo y las retribuciones del personal, que están ligadas al cumplimiento de objetivos.
En el año 2021 se reorganizan los Organismos Públicos de Investigación, y en la agencia estatal CSIC se integran el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y el Instituto Español de Oceanografía (IEO) como centros nacionales.
Según el Real Decreto 202/2021, de 30 de marzo de 2021, el CSIC podrá tener la consideración de medio propio personificado y servicio técnico de la Administración General del Estado y de aquellos poderes adjudicadores dependientes de ella, que podrán realizarle encargos previo cumplimiento de los requisitos establecidos en el artículo 32 de la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público.
El Artículo 5 del Real Decreto 202/2021 de 30 de marzo de 2021, atribuye al CSIC las siguientes funciones:
Promover y realizar investigación científica y tecnológica y el seguimiento, la evaluación y la divulgación de sus resultados.
Transferir a la sociedad los resultados de la investigación científica y tecnológica, garantizando su adecuada protección; y contribuir a la creación de empresas de base tecnológica.
Fomentar la formación de equipos multidisciplinares mediante Plataformas Temáticas y Redes Científicas, con participación de agentes públicos o privados, especialmente las universidades.