La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (Congregatio Oratorii Sancti Philippi Nerii) es una congregación de sacerdotes seculares y de seglares iniciada por San Felipe Neri (1515-1595) cerca de la iglesia de Santa María en Vallicella (Roma) y erigida en 1575 por la bula Copiosus in misericordia Deus, de Gregorio XIII. Es una sociedad católica de vida apostólica de derecho pontificio para hombres (sacerdotes y hermanos religiosos) que viven juntos en una comunidad unida no por votos formales sino solo por el vínculo de la caridad.
Su característica más original es la libertad: sacerdotes y seglares oratorianos no están atados por ningún voto o promesa que implique compromiso. Cada oratorio es imitación del modelo fundado por San Felipe Neri, y del todo autónomo de los demás. Fundada en Roma en 1575 por Felipe Neri, hoy se ha extendido por todo el mundo, con más de 70 oratorios y unos 500 sacerdotes. Las iniciales postnominales que se utilizan habitualmente para identificar a los miembros de la sociedad son «CO» (Congregatio Oratorii). También se utiliza la abreviatura «Cong. Orat.».
Estas Congregaciones, que han llegado a sumar unas trescientas en diversas naciones a lo largo de los siglos, funcionaron con total autonomía (vinculadas entre sí únicamente por lazos espirituales y por el texto de sus Constituciones compartidas, aprobadas por el papa Pablo V en 1612) hasta que, en tiempos recientes, la Sede Apostólica estableció un vínculo jurídico para unir a las comunidades de manera más orgánica, preservando al mismo tiempo la autonomía original de las casas sui iuris. La Confederación del Oratorio de San Felipe Neri (en latín: Confoederatio Oratorii Sancti Philippi Nerii) agrupa a las sociedades de vida apostólica clericales de derecho pontificio fundadas ad instar Congregationis Oratorii de Urbe (es decir, según el modelo de la Congregación del Oratorio de la Ciudad [de Roma]). Los miembros de la Confederación, conocidos como oratorianos o filipenses, añaden las siglas C.O. o d.O. a sus nombres. Actualmente, 87 comunidades —cada una denominada «Congregación del Oratorio»— conforman la Confederación. Están presentes en 19 naciones: 58 congregaciones en Europa, 27 en América (del Norte, Central y del Sur) y 2 en África, sumando un total de aproximadamente 470 miembros. Asimismo existen siete Federaciones, un tipo de organismo previsto en los Estatutos Generales, pero cuya creación y afiliación son totalmente opcionales, encargadas de fomentar los vínculos entre las Congregaciones de una misma zona geográfica.
A diferencia de un instituto religioso (cuyos miembros hacen votos y responden ante una autoridad central) o un monasterio (cuyos monjes también están sujetos a votos en una comunidad que puede ser autónoma y responder directamente ante el papa), los oratorianos se comprometen a pertenecer a una comunidad local concreta, independiente y autónoma (un oratorio, que suele recibir el nombre del lugar en el que se encuentra: por ejemplo, el Oratorio de Barcelona, el Oratorio de Villa Alemana, el Oratorio de San Juan de Pasto) sin tomar votos, un acuerdo inusual e innovador creado por Felipe. Normalmente, para fundar un oratorio se requiere un mínimo de cuatro miembros, dos de los cuales deben estar ordenados. Si un grupo de hombres desea establecer un oratorio, puede solicitarlo a través de los canales diocesanos adecuados; durante el proceso de formación, uno o varios miembros de un oratorio bien establecido residen en la comunidad para facilitar todos los aspectos de la fundación propuesta.
Los oratorianos se dedican a la santificación de las almas mediante la educación, la dirección espiritual, la predicación y el apostolado litúrgico, especialmente entre los jóvenes. Además del Oratorio Secular, una obra específica del apostolado oratoriano que consiste en una unión de fieles establecida en el mismo momento en que se erige canónicamente una Congregación, las comunidades llevan a cabo numerosas actividades pastorales: ministerio parroquial, gestión de colegios, residencias de estudiantes e internados, pastoral juvenil en diversas formas, atención espiritual a grupos y categorías específicas de fieles, escuelas de diversos niveles y atención espiritual en determinadas universidades (especialmente en los Estados Unidos).
Los Padres del Oratorio son sacerdotes seculares que viven en comunidad, siguiendo un estilo que las Constituciones describen como «familiar», regido por normas precisas pero inspirado fundamentalmente en la caridad. Su ministerio tiene un fuerte compromiso con el ministerio de la confesión y la dirección espiritual para quien lo solicite, independientemente de si pertenece o no al Oratorio Secular.
Felipe Neri se ordenó sacerdote el 23 de mayo de 1551. Quienes rodeaban a Felipe Neri en los años 1553-1555 comenzaron a formar un grupo estable en reuniones que paulatinamente dieron lugar a la constitución del «Oratorio». Las reuniones se tornaron cada vez más numerosas hasta que en 1564 Felipe aceptó la petición de mercaderes y políticos florentinos para el curato de la iglesia de San Juan de los Florentinos. Se formó una comunidad de presbíteros y de laicos sin que quedasen ligados por votos religiosos, sino con los solos vínculos de la mutua caridad. Tampoco quiso que las casas de varias ciudades se uniesen para formar un solo cuerpo, sino que todas se gobernasen separadamente con total independencia unas de otras. Sin embargo, en todas se observaba un mismo espíritu y celo en las prácticas espirituales.
La Congregación del Oratorio fue fundada por Felipe Neri (1515-1595) en la ciudad de Roma. El primer Oratorio recibió el reconocimiento papal en 1575. La nueva comunidad iba a ser una congregación de sacerdotes seculares que vivían bajo obediencia, pero sin estar sujetos a votos. Hablando de Neri, a quien llamó «el santo de la alegría», el papa Juan Pablo II dijo: «Como es bien sabido, el santo solía plasmar sus enseñanzas en máximas breves y sabias: «Sé bueno, si puedes...». No eligió la vida de soledad, sino que, al ejercer su ministerio entre la gente común, también deseaba ser «sal» para todos aquellos que se cruzaban en su camino. Al igual que Jesús, era igualmente capaz de entrar en la miseria humana presente en los palacios nobles y en los callejones de la Roma renacentista».
Vio el santo dilatar su congregación de la que fue general por varios pueblos de la cristiandad y aun después de su muerte acaecida en 1595 unos meses antes de cumplir los ochenta años de edad, se extendió mucho más, en especial por Italia y España. Uno de sus primeros y más distinguidos discípulos fue el célebre cardenal César Baronio, y en el siglo XIX adquirió gran fama el sabio y padre Augusto José Alfonso Gratry. El Oratorio fue introducido en Francia por el cardenal Pierre de Berulle.
Esta Congregación fue aprobada por Gregorio XIII y Paulo V confirmó las constituciones en 1612.
El núcleo de la espiritualidad de Felipe se centraba en un retorno sin pretensiones al estilo de vida de los primeros discípulos de Cristo. El objetivo del instituto es triple: la oración, la predicación y los sacramentos.
Hasta 1800, el Oratorio continuó extendiéndose por Italia, Sicilia, España, Portugal, Polonia y otros países europeos; en Sudamérica, Brasil, India y Ceilán. Bajo el mandato de Napoleón I, el Oratorio fue saqueado y suprimido en varios lugares, pero la congregación se recuperó y, tras una segunda supresión en 1869, volvió a renacer. Se fundaron algunas casas en Múnich y Viena.
Hay 86 congregaciones del Oratorio en todo el mundo. Cada comunidad es autónoma, pero existe una confederación que facilita el contacto con la Santa Sede. Como tal, la Congregación del Oratorio funciona más como una federación monástica que como un instituto religioso.
Tres documentos rigen el Oratorio. El primero es los «Estatutos generales» de la Congregación, que son directrices que deben seguirse en todo el mundo; estos pueden cambiarse o modificarse cuando los representantes de cada Oratorio se reúnen cada seis años en una reunión denominada «Congresso Generale». El segundo es los «Estatutos particulares», que describen cómo debe funcionar cada Oratorio individual; estos deben ser aprobados por Roma. El tercer documento son las «Constituciones», que establecen las normas generales y describen la relación entre la Congregación y la Santa Sede. Dado que el Oratorio es una confederación, no existe una autoridad central como la que se encuentra en la Orden Dominicana, los Franciscanos o los Jesuitas. La fundación definitiva de una Congregación Oratoriana la realiza directamente el Romano Pontífice, lo que convierte a la Congregación en una fundación de «derecho pontificio».