Tal Día como Hoy

Confederación iroquesa

Confederación de tribus norteamericanas de la familia de lenguas iroquesas, c. 1570-1779

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La Confederación Iroquesa fue una confederación de cinco (después seis) tribus: Los mohawk, oneida, onondaga, cayuga, seneca y (desde 1722) tuscarora. También era llamada Liga de las Cinco Naciones y después de las Seis Naciones.​

Su capital, Onondaga, estaba ubicada en el estado de Nueva York, cambiando de posición con el tiempo.​ Estaba en territorios de la tribu homónima.​

Se llamaban a sí mismos nadowa (anglicanización: Nottoway)​ y el nombre que recibieron de los europeos proviene del algonquino irok-ois o de irinakhoiw, «real unión»,​ este fue adoptado por los franceses y se hizo el más popular.​ También adoptaron el nombre de Haudenosaunee o Hodinonhsioni, traducido como «pueblo de las casas grandes». Otro nombre era Ongwanonhsioni, o «constructores de casas grandes».​

La kaianerekowa o «Gran Ley de la Paz», se transmitía a través del uso oral del wampum y era un complejo sistema de balances entre sexos y tribus.​ Faltaría al menos un siglo para que fuera llevada a escrito por ingleses.​ Regulaba un sistema de gobierno basado en consejos de representantes de la población, considerado por algunos el más antiguo del mundo después del Althing de Islandia. Ha sido usada de ejemplo de democracia, constitucionalismo e igualdad entre hombres y mujeres.​ Según algunos historiadores inspiró a los revolucionarios estadounidenses, especialmente a Benjamin Franklin, que en 1736 publicó un estudio para el entendimiento entre británicos e iroqueses y, posteriormente, en 1750 conoció de cerca a la Liga mientras participaba en negociaciones de paz.​ Sin embargo, otros objetan como una exageración la supuesta influencia, ya que consideran que los sistemas de gobierno nacidos en las Trece Colonias provienen del legado greco-romano.​

Por último, historiadores como Howard Zinn sostienen que es un ejemplo de democracia directa y asambleísmo.​ Se sabe que la Confederación sirvió de base para la organización político-social de los cheroqui y hurones.​

El debate sobre la influencia en el sistema político estadounidense

Historiadores del siglo xx han planteado que el sistema de gobierno haudenosaunee influyó en el desarrollo del gobierno de Estados Unidos,​​ aunque el alcance y la naturaleza de dicha influencia se han cuestionado.​ Bruce Johansen propone que los haudenosaunee tenían una forma de gobierno representativa.​

No se ha alcanzado un consenso sobre cuán influyente fue el modelo haudenosaunee en la elaboración de documentos estadounidenses como los Artículos de la Confederación y la Constitución de los Estados Unidos.​ La tesis de la influencia ha sido discutida por historiadores como Donald Grinde​ y Bruce Johansen.​ En 1987, la Universidad Cornell celebró un congreso sobre el vínculo entre el gobierno de los haudenosaunee y la Constitución de Estados Unidos.​ En 1988, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una resolución para reconocer la influencia de la Liga Haudenosaunee en la Constitución y la Carta de Derechos.​

Estudiosos como Jack N. Rakove cuestionan esta tesis. Rakove, historiador de la Universidad Stanford, escribe que «los voluminosos registros que conservamos de los debates constitucionales de finales de la década de 1780 no contienen referencias significativas a los iroqueses», y señala que existen abundantes precedentes europeos de las instituciones democráticas de Estados Unidos.​ En respuesta, el periodista Charles C. Mann escribió que, aun coincidiendo en que la forma concreta de gobierno creada para Estados Unidos «no se parecía en nada» a la de los haudenosaunee, las pruebas disponibles sí respaldan «un argumento cultural: que el conocido espíritu democrático tuvo mucho que ver con el contacto colonial con los indios de la costa oriental, incluidos y en especial los haudenosaunee» y, citando a Rakove, «que el contacto prolongado entre las poblaciones aborígenes y colonizadoras fue un elemento importante en la conformación de la sociedad y la cultura coloniales».​ El historiador Francis Jennings señaló que los partidarios de la tesis citan con frecuencia la siguiente afirmación de Benjamin Franklin, en una carta que este dirigió a James Parker en 1751:​ «Sería muy extraño que seis naciones de salvajes ignorantes fueran capaces de idear un plan para semejante unión [...] y que, sin embargo, una unión parecida resultara impracticable para diez o una docena de colonias inglesas»; pero Jennings discrepa de que ello establezca una influencia. Más bien opina que Franklin promovía la unión frente a los «salvajes ignorantes» y calificó la idea de «absurda».​

El antropólogo Dean Snow ha afirmado que, aunque el plan de Albany de Franklin pudo inspirarse en la Liga Haudenosaunee, hay pocas pruebas de que ni el plan ni la Constitución bebieran de manera sustancial de esa fuente. Sostiene que «tales afirmaciones enturbian y menoscaban los rasgos sutiles y notables del gobierno haudenosaunee. Las dos formas de gobierno son distintas y, cada una por su lado, notables en su concepción».​

De igual modo, la antropóloga Elisabeth Tooker concluyó que «prácticamente no hay pruebas de que los redactores tomaran nada de los iroqueses». Sostiene que la idea es un mito surgido de una afirmación del lingüista y etnógrafo J. N. B. Hewitt que se exageró y malinterpretó tras su muerte en 1937.​ Según Tooker, la constitución haudenosaunee original no contemplaba la democracia representativa ni las elecciones; a los sucesores de los jefes fallecidos los elegía la mujer de mayor rango dentro del linaje hereditario, en consulta con otras mujeres de la tribu.​

Cada tribu se componía de varios clanes: los mohawk y oneida de tres cada uno, los cayuga de diez, y los onondaga y seneca de nueve cada una.​ Cada clan era gobernado a través de un consejo donde votaban todos los hombres y mujeres adultos;​ estos elegían a los sachem, jefes en tiempos de paz, con fuerte autoridad moral pero sin capacidad coercitiva; y los caudillos para los tiempos de guerra pero que solo tenían autoridad para dirigir las campañas.​ También se les consideraban jefe y «sub-jefe» o «jefe guerrero» (algunos clanes solo elegían jefes).​ Los hijos de un hombre elegido no podían ser elegidos por ser miembros del clan de la madre y solo se podía ser jefe del clan propio, usualmente los cargos se transmitían del sachem a su hermano o sobrino.​ Sachem y caudillos podían ser depuestos si el consejo lo decidía​ y debían responder ante las ancianas del clan por sus decisiones.​ A inicios del siglo XIX, los blancos que convivieron con los iroqueses detectaron frecuentes conflictos entre los sachem (cargos por entonces hereditarios) y caudillos (hombres que llegaron al liderazgo demostrando su valía como dirigentes militares).​

Los nombramientos de estos jefes debían contar con el apoyo de otros clanes de la misma fratría (hermandad).​ Todos los clanes de cada tribu se agrupaban en fratrías de primera y segunda categoría.​ Así, en los consejos tribales se incluían a los jefes de paz y guerra de cada clan, más los representantes de cada fratría.​ En estas reuniones se resolvían las cuestiones que atañían a toda la tribu y los asuntos más delicados que exigían unanimidad, como hacer la paz, declarar la guerra o recibir embajadores. Todos los asistentes, hombres o mujeres, podían hablar si querían.​ Los jefes tenían el deber de proteger social y políticamente a su tribu, y podían vender sus tierras o decidir el traslado a otro sitio.​

Los consejos de madres o ancianas de las tribus tenían gran poder. Según sus costumbres, se requería la aprobación de dos tercios de ellas para decidir, y podían vetar tratados de paz o declaraciones de guerra. Se reunían de forma separada a los consejos masculinos y solían usar a varones como mensajeros para informar de sus decisiones, o a féminas de oradoras y representantes ante sus contrapartes de hombres. Era frecuente que fueran mujeres quienes sugirieran en todos los consejos los temas a tratar.​ Los embajadores europeos solían malinterpretar la presencia de las mujeres en los consejos, por su herencia cultural las veían como simples ayudantes.​ Esta actitud se debía a que los iroqueses veían a las relaciones entre sexos como interdependencia y complementación, no eran iguales pues tenían sus propios deberes, derechos y responsabilidades, pero ninguno estaba en un lugar secundario. Se buscaba un equilibrio social, político, económico y cultural.​

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