La Confederación Argentina fue el nombre de la actual República Argentina entre 1831 y 1861. También es el nombre más habitualmente usado para los dos períodos históricos que ocupan ese lapso de tiempo, esencialmente distintos en cuanto a la organización institucional: entre 1831 y 1853 no existió ninguna constitución nacional, y entre 1853 y 1861, la provincia de Buenos Aires se mantuvo segregada del conjunto de las demás provincias.
Su origen suele situarse en la firma del Pacto Federal del 4 de enero de 1831 entre las provincias de Buenos Aires (que entonces incluía a la ciudad homónima), Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, al que adhirieron durante los dos años siguientes las restantes provincias existentes. Según la interpretación predominante en la historiografía argentina, este proceso marcó el fin de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el surgimiento de un nuevo orden confederal.
La consolidación de este sistema se produjo con la reelección de Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1835. Ese mismo año, la Junta de Representantes de Buenos Aires le otorgó la «suma del poder público» y le delegó la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación. Durante los 17 años siguientes, Buenos Aires ejerció una posición predominante dentro del sistema confederal.
La oposición al rosismo estuvo integrada principalmente por el Partido Unitario, cuyos principales referentes debieron exiliarse a Uruguay. También surgieron sectores disidentes dentro del propio federalismo, críticos del liderazgo personalista de Rosas y de los métodos represivos empleados por organizaciones como La Mazorca.
La época rosista concluyó en 1852, cuando el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, encabezó un pronunciamiento contra Rosas y organizó el Ejército Grande, integrado por fuerzas entrerrianas, correntinas, de unitarios exiliados y contingentes extranjeros, entre ellos tropas del Imperio del Brasil.
Después de la batalla de Caseros, en la que Urquiza venció a Rosas, invitó a los gobernadores de las demás provincias a una reunión en San Nicolás de los Arroyos. Allí los gobernadores firmaron el Acuerdo de San Nicolás, por el cual nombraron a Urquiza como director provisorio de la Confederación y convocaron a un Congreso General Constituyente en la ciudad de Santa Fe.
La provincia de Buenos Aires no estuvo de acuerdo con la forma en que se organizó el Congreso, lo que llevó a la secesión de la misma, dando origen al Estado de Buenos Aires en 1852. Este último entró repetidamente en guerra con el resto de la Confederación y se enfrentó con ella en la batalla de Pavón en 1861. El triunfo de Buenos Aires significó el fin de la Confederación, la reunificación nacional —a costa de las autonomías federales provinciales— hegemonizada por la élite liberal instalada en la ciudad de Buenos Aires y la aplicación de la Constitución de 1853 en todo el territorio.
A partir de 1831, el conjunto de provincias que se reconocían dentro de un único Estado fue adoptando la denominación «Confederación Argentina» y «República Argentina» en reemplazo de «Provincias Unidas del Río de la Plata». El primero se generalizó a partir del inicio del segundo mandato de Rosas en Buenos Aires.
Antes de la reforma constitucional de 1860, se usaba en el preámbulo y artículos; no obstante, tras esta y al reincorporarse la provincia de Buenos Aires, se reemplazaron esas menciones por «Nación Argentina». De todos modos, el artículo 35 de la Constitución declara que, junto con «Provincias Unidas del Río de la Plata», sigue siendo uno de los nombres oficiales del país. En concordancia, el 9 de octubre el presidente Santiago Derqui dispuso por decreto el uso de «República Argentina» para todos los actos oficiales del gobierno.
No obstante, la historiografía argentina suele utilizar el nombre de Confederación Argentina a todo el período que termina con la caída del gobierno de Derqui y Pedernera, a fines de 1861, como netamente separado del período inmediatamente posterior, dominado por los líderes unitarios y porteñistas.
Revolución de Mayo e la independencia
La Revolución de Mayo de 1810 ocasionó el colapso del virreinato del Río de la Plata, que había sido creado en 1776 y dominada efectivamente la actual Argentina y Bolivia. Se conformó una junta de gobierno autónoma, que juraba fidelidad al rey de España Fernando VII y desconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias en la península ibérica. Este es el punto de arranque para las denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata y, según la historiografía argentina, del Estado argentino.
A partir de principios de 1814 se formó un inorgánico Partido Federal, que al año siguiente intentó organizarse en la Liga Federal, una confederación asentada en el Congreso de Oriente: una parte de las Provincias Unidas adoptó el sistema federal de gobierno, enfrentado al centralismo del gobierno directorial, iniciándose las guerras civiles argentinas.
A su vez, en julio de 1816, las provincias sometidas al gobierno central —más la provincia de Córdoba, gobernada en ese entonces por los federales— declararon oficialmente la independencia en el Congreso de Tucumán. Para ese entonces, los ejércitos rioplatenses enfrentaban a las fuerzas del Imperio español en varios frentes simultáneos, mientras los federales iniciaban su lucha contra la invasión lusobrasileña en la Provincia Oriental.
Crisis de 1820 y presidencia de Rivadavia
En 1820, tras el motín de Arequito y la batalla de Cepeda, que causaron la disolución del Congreso de Tucumán y del gobierno directorial, cada provincia pasó a gobernarse por sí misma. Esta situación pareció comenzar a revertirse a partir de 1824, con la reunión del Congreso General Constituyente. El estallido de la guerra del Brasil al año siguiente aceleró el proceso de formación de un nuevo gobierno central, dirigido por el flamante presidente Bernardino Rivadavia, pero las negociaciones de este con el Imperio del Brasil y su apoyo al Partido Unitario en la renacida guerra civil causó un descontento generalizado tanto en la capital como en las provincias interiores.
El gobierno nacional y el Congreso fueron nuevamente disueltos, se perdieron las provincias de Tarija —incorporada a Bolivia mientras las Provincias Unidas estaban en guerra contra Brasil— y la Oriental, la cual —debido a las presiones del Reino Unido y Brasil— se independizó como Estado Oriental del Uruguay. Se deshizo la federalización que había efectuado Rivadavia sobre la provincia de Buenos Aires. Las elecciones celebradas en agosto de 1827 resultaron en la elección de Manuel Dorrego, líder de los federales porteños.
En diciembre de 1828 se produjo una revolución unitaria en Buenos Aires, por medio de la cual el gobernador Dorrego fue derrocado. Su máximo impulsor, el general Juan Lavalle, se nombró como nuevo gobernador y mandó a fusilar a Dorrego, quien había intentado resistir en el interior bonaerense.