Tal Día como Hoy

Conde de Villamediana

Escritor español

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Juan de Tassis y Peralta, II conde de Villamediana (Lisboa, 1582​-Madrid, 21 de agosto de 1622), poeta español del Barroco, adscrito por lo general al culteranismo, si bien siguió esta estética de modo muy personal.

Fue hijo de María de Peralta Muñatones, descendiente de los marqueses de Falces, y de Juan de Tassis y Acuña, I conde de Villamediana y Correo Mayor del reino,​ quien, gracias a su labor como organizador del servicio de postas, recibiría el título de nobleza en 1603, aunque ya su abuelo paterno Raimundo de Tassis, establecido en Valladolid, había desempeñado el cargo de Correo Mayor del Rey y se había casado con Leonor, una dama perteneciente a la poderosa familia de los Zúñiga, descendiente del rey Pedro I de Castilla.​​

Nació en Lisboa debido a que su padre, Juan de Tassis y Acuña, formó parte del séquito del rey Felipe II cuando este entró en Portugal en diciembre de 1580 donde permaneció hasta 1583.​ Su padre era un hombre pendenciero (tenía la cara cubierta de cicatrices habidas en al menos cinco duelos de honor, de todos los cuales había salido victorioso)​ y Juan de Tassis vivió en el ambiente palatino desde su infancia, recibiendo una excelente educación del humanista Luis Tribaldos de Toledo​ y de Bartolomé Jiménez Patón, quien dedicó el Mercurius Trimegistus a su pupilo; estos dos tutores le granjearon un profundo conocimiento de los clásicos y compuso incluso algunos poemas en excelente latín humanístico; pero, aunque pasó por la universidad, no concluyó sus estudios.

Nada sabemos de Juan de Tassis hasta que Felipe III fue al Reino de Valencia en 1599 para celebrar su matrimonio con Margarita de Austria.​ Ya era conocido porque en ese mismo año habían aparecido impresos sus primeros dos sonetos: «El que busca de amor y de ventura» y «Gloria y honor del índico Occidente» en los preliminares de dos libros. Con motivo del viaje real tuvo que sustituir en la comitiva a su padre —que se hallaba de embajador en París— y, con apenas dieciocho años, acompañó al monarca a Valencia, distinguiéndose tanto que el rey lo nombró gentilhombre de su casa y boca el 9 de octubre del mismo año, poco antes de volver a Madrid.​ El 31 de diciembre de 1599 se le otorgó además escritura de emancipación por parte de sus padres y abuela, y antes de su vuelta a Valladolid todavía se le concedió un nuevo poder general fechado en Madrid el 14 de enero de 1601.​

En palacio conoció a Magdalena de Guzmán y Mendoza, hija de Lope de Guzmán y Guzmán de Aragón y Leonor de Luján, mujer de gran influencia en la Corte como viuda de Martín Cortés y Zúñiga, II marqués del Valle de Oaxaca, de quien fue su segunda esposa,​​ y futura aya del hijo que iba a tener la reina. Pese a la diferencia de edad, mantuvieron una relación sentimental muy agitada que terminó mal. Un soneto anónimo, que circuló por Madrid, insinuaba que no se portaba muy bien con ella, e incluso llegó a abofetearla ante todo el mundo en mitad de la representación de una comedia.​ Por ello, se dijo, Magdalena siempre lo amó y lo odió a un mismo tiempo, según cuenta el biógrafo del poeta Luis Rosales.

Trasladada la Corte a Valladolid, donde permaneció cinco años, contrajo matrimonio en 1602 con Ana de Mendoza y de la Cerda,​ hija de García Hurtado de Mendoza, IV marqués de Cañete, descendiente del famoso marqués de Santillana y de su segunda esposa, Ana Florencia de la Cerda.​ Nacieron varios hijos de este matrimonio, todos malogrados. No era esta su primera elección pues antes de este matrimonio había intentado desposarse con otras damas de la Corte que lo rechazaron.​ Su padre obtuvo al fin el título de conde de Villamediana en 1603, pero falleció tempranamente en 1607, un año después de otorgar testamento;​ su hijo heredero Juan asumió el título y el cargo de Correo mayor del reino, que estrenó cuando ya la Corte se había trasladado a Madrid en 1606, haciéndose notar por su talante agresivo, temerario y mujeriego y adquiriendo pronto reputación de un libertino amante del lujo y de las piedras preciosas, de los naipes y de los caballos. Vestía además pulcramente y llevaba una vida desordenada de jugador entregado a los vicios, y se creó fama de adversario temible no solo sobre el tapete por su gran inteligencia, sino por su deslenguado talento satírico, ejercido con particular denuedo contra la alta nobleza. Fue encausado por su homosexualidad, aunque no llegó a ser condenado por sobrevenirle la muerte.

Todos estos excesos le valieron tres destierros del piadoso Felipe III, aparte de por haber arruinado a varios caballeros importantes, también por sus ya citadas fortísimas sátiras, en las que zahería sin piedad alguna las miserias de casi todos los Grandes de España, ya que, como perteneciente al mismo estamento que ellos, conocía bien sus defectos y flaquezas: sabía dónde atacarlos y cómo hacerles daño. De esta época son los sonetos «Deste eclipsado velo, en tono oscuro», «Del cuerpo despojado el sutil velo» o «De pululante flor fragante vuelo» dedicados a la muerte de la reina, o el soneto «Sea para bien, en hora buena sea», incluido en los preliminares del libro de Agustín de Rojas Villandrando El buen repúblico (1611), o también los dirigidos a la muerte del rey de Francia Enrique IV (asesinado el 14 de mayo de 1610) «Éste que con las armas de su acero», «Cuando el furor del iracundo Marte» o «El roto arnés y la invencible espada».​

El primero de sus destierros, de fecha bastante insegura (julio de 1605 a septiembre de 1607, o más probablemente de enero de 1608 a julio de 1611), le llevó según Juan Manuel Rozas a Francia y Flandes.​ El segundo (1611-1615) lo condujo a Italia,​ donde estuvo entre 1611 y 1615 con el conde de Lemos, nombrado virrey de Nápoles.​

En este periodo italiano conoce al poeta manierista Giambattista Marino y, en la Academia literaria de los Ociosos (o degli Oziosi) de Nápoles al también amigo del anterior Giovanni Battista Manso;​ lee asimismo los grandes poemas de la segunda época de Luis Góngora,​ al tiempo que se ocupa del pleito sobre el Correo Mayor en Nápoles. De esta época son los sonetos «Marino, si es nombre el que tiene» o el dedicado al sepulcro del apóstol San Pedro «Éste agora al primero dedicado». Vuelto a España en 1615, todos los acreedores de su disparado y lujoso modo de vida cayeron de consuno sobre él y atravesó por grandes penurias económicas que lo obligaron, el mismo día del fallecimiento de su abuela (22 de mayo de 1615) a vender el oficio de Correo Mayor de la ciudad de Valencia. El 31 de mayo de 1615 establece un concierto con sus acreedores y en 1616 vende también los oficios de Correo de Murcia, Cartagena, Béjar, Medina de Rioseco, San Sebastián, Irún y Nápoles.​ Aún venderá también en 1617 el oficio de Correo Mayor de Medina de Rioseco y de Cuenca en julio; en agosto el de Guadalajara, Sigüenza y su obispado, Logroño, Navarra y Soria; y en septiembre el de los reinos de Galicia y provincia del Bierzo. En abril de 1618 hará lo mismo con el de Aragón.​

En lo literario, los años de 1616 y 1617 son los de las fábulas mitológicas narrativas (la Fábula de Faetón, por ejemplo, inspirada en un episodio de las Metamorfosis de Ovidio), y los últimos (1617-1618) los de las sátiras políticas contra los ministros de Felipe III que le valieron un tercer destierro desde el 17 de noviembre de 1618 a 1621.​

Había atacado en varias sátiras la corrupción alcanzada bajo el valimiento del duque de Lerma y Rodrigo Calderón durante el reinado de Felipe III y estos lograron del rey que le desterrara otra vez de la Corte, aunque esta vez a Andalucía (Rozas, por el contrario, piensa que pasó los tres años en Alcalá de Henares). En este periodo de destierro ocurrió el apresamiento y ejecución en la horca de Rodrigo Calderón, mano derecha del duque de Lerma. Asimismo se celebraron el 15 de mayo de 1620 las fiestas en honor a San Isidro, tras haber sido beatificado, en cuyas justas poéticas participó el conde y obtuvo el primer premio, a pesar de hallarse desterrado. También de esta época son los sonetos dedicados al duque de Alba por el fallecimiento de su esposa en 1619, o la «silva que hizo el autor estando fuera de la corte» o las redondillas que empiezan «A la vista de Madrid». Regresó al poco al fallecer el rey, en 1621, favorecido como fue por el nuevo valido, el conde duque de Olivares, que obtuvo de Felipe IV el perdón real. Sin embargo el ostentoso Conde seguía comido por las deudas.​ Es la última época de su vida, la de los poemas dedicados a la muerte de Felipe III, a las esperanzas puestas en Felipe IV, a los ataques de los antiguos ministros ya caídos o los dedicados a las canonizaciones de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Estrena además La Gloria de Niquea, una obra de encargo para ser representada ante los monarcas en Aranjuez, sobre la que existe una célebre leyenda.​ Y al mismo tiempo, el Consejo de Castilla abrió un proceso con varios inculpados por el pecado nefando (homosexualidad), proceso en el que podría estar implicado el propio conde.​

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