Álvaro de Figueroa y Torres (Madrid, 9 de agosto de 1863-Madrid, 11 de septiembre de 1950), conocido por su título nobiliario de conde de Romanones, fue un político, empresario y terrateniente español.
Preboste del Partido Liberal, a lo largo de su carrera política fue senador por la provincia de Toledo, presidente del Senado, presidente del Congreso de los Diputados, varias veces ministro y tres veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII. Considerado en su época como uno de los grandes terratenientes de España, estuvo estrechamente ligado a los capitales franceses y sería accionista de importantes empresas españolas de la época, como Peñarroya, Minas del Rif, ferrocarriles, etc. Ostentó el título nobiliario de I conde de Romanones.
La historiografía ha presentado al conde de Romanones como epítome de todas las lacras —clientelismo, corrupción, despotismo— del sistema político de la Restauración.[cita requerida]
Nació el 9 de agosto de 1863, en la casa de Cisneros —situada en la plaza de la Villa de Madrid—.
Fue el cuarto hijo de Ignacio de Figueroa Mendieta y Ana de Torres Romo, marqueses de Villamejor y de acaudalada familia, con propiedades inmobiliarias e importantes posesiones en Guadalajara y propietarios de las minas de La Unión (Murcia). En su juventud sufrió un accidente que le dejaría una cojera permanente, muy comentada en su época.
Cursó estudios de derecho por la Universidad de Madrid (1884); posteriormente se doctoró en la Universidad de Bolonia, a donde se trasladó con la idea de especializarse en Derecho político, aunque no ejerció la abogacía, dedicándose a la política y a los negocios.
Apoyado en sus inicios por su suegro, el ilustre político y jurisconsulto Manuel Alonso Martínez, comenzó su actividad política como diputado por Guadalajara en las primeras Cortes de la regencia de María Cristina —desde 1888 a 1936 se mantendría como diputado sin interrupción por Guadalajara—, pasó después a concejal del Ayuntamiento de Madrid. Se convertiría en alcalde de la ciudad el 15 de marzo de 1894 sucediendo a Santiago de Angulo. Su carrera política desde sus inicios estuvo siempre vinculada al Partido Liberal fundado por Práxedes Mateo Sagasta, del que llegó a ser uno de sus principales líderes.
Fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes con Sagasta (1901-1902), mandato durante el cual adoptaría importantes medidas: promulgó la incorporación del sueldo de los maestros al presupuesto general del Estado, la reforma de la enseñanza primaria —la cual incluyó la aprobación de un nuevo plan de estudios que estaría vigente hasta 1937—, una ampliación de la edad escolar obligatoria, etc. En 1903 fundaría un periódico político de carácter personalista: el Diario Universal.
Durante los sucesivos gobiernos liberales de 1905-1906 desempeñaría las carteras de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas, de Gracia y Justicia y de Gobernación. Contribuyó a la ascensión de José Canalejas a la jefatura del Partido Liberal y, como recompensa, fue nombrado ministro de Instrucción Pública (1910). Más tarde fue promovido a la presidencia del Congreso de los Diputados (1912).
Tras del asesinato de Canalejas quedó convertido en jefe indiscutible de una de las principales facciones del Partido Liberal. Otro notable del partido, Manuel García Prieto, acaudillaría una escisión opuesta a la facción mayoritaria romanista, el llamado Partido Liberal Democrático. A finales de 1912 Figueroa formó un nuevo gobierno, durante el cual comenzó el establecimiento del Protectorado de Marruecos. Poseedor de intereses económicos y mineros en Marruecos, esta circunstancia le llevaría a acercar posturas con Francia para así ganarse su apoyo. Dichos intereses eran compartidos con la familia Güell y el marqués de Comillas a través de la Sociedad Española de Minas del Rif.
En 1913 autorizó la venta a la Galería de Pintura de Berlín (perteneciente a los Museos Estatales de Berlín) del retablo de Monforte de Lemos, con la Adoración de los Reyes de Hugo van der Goes.
Tras el estallido la Primera Guerra Mundial el gobierno de Eduardo Dato declaró la neutralidad española ante el conflicto. El conde de Romanones, abiertamente francófilo, publicaría en el Diario Universal un famoso artículo —«Neutralidades que matan»— en el cual atacaría abiertamente la declaración de neutralidad y asoció la causa de los Aliados con el interés nacional español.
Su posición abiertamente aliadófila contrastó con el posicionamiento germanófilo que predominó en las élites y las huestes conservadoras. En diciembre de 1915 formó un nuevo gobierno, dando un giro a la política exterior, decantándose por los aliados y enfrentándose a Alemania a raíz del incidente en el que buques españoles fueron torpedeados por submarinos alemanes. Pero fue incapaz de resolver los problemas sociales internos del país y se vio constantemente atacado por la prensa germanófila.
Romanones y su gobierno también padecieron el bloqueo parlamentario a manos de los catalanistas de la Lliga Regionalista, que a lo largo de 1916 bloquearon sistemáticamente todos los proyectos de ley en el Congreso. La intención del gobierno de exigir pruebas de aptitud física y profesional como requisito para los ascensos militares fue el detonante que llevaría a la constitución, en 1917, de las llamadas «Juntas de Defensa». En abril de 1917, debiendo hacer frente a una grave crisis general, el gabinete cayó.
En marzo de 1918 se integró en el llamado «gobierno de concentración nacional» de Antonio Maura desempeñando las carteras Instrucción y Justicia, y poco después lo haría en el efímero gobierno de García Prieto como ministro de Estado. A finales de ese año fue encargado nuevamente de presidir un gobierno, que debió lidiar con la agitación autonomista en Cataluña y con una elevada conflictividad laboral que alcanzaría su cénit con la Huelga de «La Canadiense». Por ello, el gobierno Romanones decretó en enero de 1919 la suspensión de garantías constitucionales para la provincia de Barcelona, medida que meses después extendería a toda España.
Pero al mismo tiempo, emprendió medidas contemporizadoras con la clase obrera. El 3 de abril de 1919 firmaría el llamado «Decreto de la jornada de ocho horas», por el cual se introducía de forma oficial la jornada laboral de ocho horas —una reivindicación histórica de los trabajadores— y también, en marzo de 1919, aprobó el denominado Retiro Obrero que constituyó el primer seguro de jubilación de carácter obligatorio para los obreros, establecido en España. El gobierno Romanones terminaría cayendo en abril de 1919.
En septiembre de 1922 se integró como ministro de Gracia y Justicia en el gobierno de concentración liberal de García Prieto, el que iba a ser el último gobierno constitucional de la monarquía. En mayo de 1923 pasaría a ocupar la presidencia del Senado, cargo que desempeñaba todavía cuando en septiembre de ese año el general Primo de Rivera dio su golpe de Estado.
Llegó a aparecer nombrado en Luces de bohemia, obra teatral de Valle-Inclán, como paradigma del hombre inmensamente rico.