El Concilio Vaticano II fue el vigésimo primer concilio ecuménico de la Iglesia católica, que tenía por objeto principal la relación entre la Iglesia y el mundo moderno. Fue convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció el 25 de enero de 1959. Fue uno de los acontecimientos históricos que marcaron el siglo XX. El concilio se reunió cada otoño entre 1962 y 1965 en la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano durante sesiones de entre 8 y 12 semanas.
El papa Juan XXIII convocó el concilio porque consideraba que la Iglesia necesitaba «actualizarse» (aggiornamento). Creía que, para conectar mejor con las personas en un mundo cada vez más secularizado, era necesario mejorar algunas de las prácticas de la Iglesia y presentarlas de una manera más comprensible y relevante.
El apoyo al aggiornamento prevaleció sobre la resistencia al cambio y, como resultado, el concilio elaboró 16 documentos magisteriales, entre ellos cuatro «constituciones»:
Dei Verbum, la «Constitución dogmática sobre la revelación divina», enfatizó el estudio de las Escrituras como «el alma de la teología».
Gaudium et spes, la «Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual», se ocupaba de la promoción de la paz, el don de sí mismo y la misión de la Iglesia hacia los no católicos.
Lumen gentium, la «Constitución dogmática sobre la Iglesia» sobre «la llamada universal a la santidad».
Sacrosanctum concilium, la «Constitución sobre la sagrada liturgia» para restaurar «la participación plena y activa de todo el pueblo».
Otros decretos y declaraciones incluyeron:
Apostolicam actuositatem, un decreto sobre «El apostolado de los laicos»
Dignitatis humanae, una declaración sobre la libertad religiosa
Nostra aetate, una declaración sobre las religiones no cristianas
Orientalium ecclesiarum, un decreto sobre las Iglesias católicas orientales
Unitatis redintegratio, un decreto sobre el ecumenismo cristiano
Los documentos proponían una amplia variedad de cambios en la disciplina y la práctica que transformarían la vida de la Iglesia. Algunos de los más notables se referían a la celebración de la misa, entre ellos que se autorizara el uso de lenguas vernáculas además del latín.
El Concilio constó de cuatro sesiones: la primera de ellas fue presidida por el mismo papa a partir de octubre de 1962. Juan XXIII no pudo concluir este Concilio, ya que falleció un año después (el 3 de junio de 1963). Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el papa Pablo VI, hasta su clausura el 8 de diciembre de 1965. La lengua oficial del Concilio fue el latín.
Comparativamente, fue el Concilio que contó con mayor y más diversa representación de lenguas y etnias, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo. Asistieron, además, miembros de otras confesiones religiosas cristianas.
Encíclica del papa Pío XII de 1943 Divino afflante Spiritu dio un nuevo impulso a los estudios bíblicos católicos y fomentó la producción de nuevas traducciones de la Biblia a partir de las lenguas originales. Esto condujo a un intento pastoral de conseguir que los católicos corrientes redescubrieran la Biblia, la leyeran y la convirtieran en una fuente de su vida espiritual. Esto encontró respuesta en círculos muy limitados. En 1960, el movimiento seguía avanzando lentamente.
Renovación y Nouvelle théologie