La Comunidad de Madrid es una comunidad autónoma española situada en el interior de la península ibérica, en la Submeseta Sur de la Meseta Central. Limita con las provincias de Ávila y Segovia en Castilla y León, así como con las de Toledo, Guadalajara y una pequeña parte de Cuenca en Castilla-La Mancha. La Comunidad de Madrid es uniprovincial, por lo que no existe diputación. Su capital, Madrid, es también la capital de España.
Tiene una superficie de &&&&&&&&&&&08022.&&&&&08022 kilómetros cuadrados, ocupando el decimosegundo puesto entre las comunidades autónomas más extensas del país. Con una población de &&&&&&&&07001715.&&&&&07 001 715 habitantes (INE 2024), es la tercera comunidad autónoma más poblada tras Andalucía y Cataluña, así como la más densamente poblada.
Madrid es uno de los grandes motores económicos de España. En 2018, su PIB representaba el 19,2 % del PIB nacional. Asimismo, cuenta con patrimonio artístico y natural, con cuatro bienes Patrimonio de la Humanidad: el Monasterio y Sitio de El Escorial, la Universidad y casco histórico de Alcalá de Henares, el paisaje cultural de Aranjuez y el Paisaje de la Luz de Madrid. Su posición central juega un papel esencial en la red de medios de transportes de España.
La conformación de la comunidad autónoma vino precedida de un intenso debate político, en el contexto preautonómico de finales de los años 1970. La provincia estaba convencionalmente incluida en la región de Castilla la Nueva desde el siglo xix, junto a las provincias de Cuenca, Guadalajara, Ciudad Real y Toledo. En un principio se planteó la posibilidad de que formara parte de una autonomía junto a estas provincias, hoy parte de Castilla-La Mancha, si bien con un estatuto especial, dadas sus especiales condiciones al albergar la capitalidad del Estado. En 1981 se resolvió que la provincia de Madrid no se incluiría en una comunidad multiprovincial y se acordó la creación de una comunidad autónoma uniprovincial, aprobándose por Ley Orgánica el 25 de febrero de 1983 su Estatuto de Autonomía, que entró en vigor el 1 de marzo de ese mismo año.
La historia de la Comunidad de Madrid es muy reciente. La provincia se constituye administrativamente en el siglo XIX y, a finales del siglo XX, se configura como una comunidad autónoma uniprovincial. No obstante, existen algunos hitos históricos anteriores, decisivos para la definición del actual perfil de la comunidad autónoma:
La presencia de asentamientos humanos, de gran importancia y extensión, en la historia;
La aparición de Complutum (Alcalá de Henares) en la época romana;
El carácter defensivo que adquiere el territorio madrileño en el periodo andalusí y el papel de Maŷrit («Madrid») en la defensa de Toledo;
La constitución del concejo de la Tierra de Madrid durante la Reconquista, primer gran embrión de la posterior realidad administrativa;
La designación de la villa de Madrid como capital durante el Renacimiento, en lo que constituye el segundo y más decisivo embrión;
La expansión metropolitana del siglo XX, que resulta transcendental para la conformación de la actual comunidad autónoma.
Entre todos estos hitos, la capitalidad se destaca como el de mayor determinación histórica, ya que se encuentra en el origen de la provincia madrileña, constituida en el marco de la división provincial de España en el siglo XIX. A este hecho se le añade, en el siglo XX, la condición metropolitana de Madrid, aspecto clave para su segregación de la antigua región de Castilla la Nueva, en la que Madrid estaba integrada, dados los fuertes desequilibrios sociales, económicos y demográficos que la zona metropolitana de Madrid introducía, y su configuración como comunidad uniprovincial.
Prehistoria, época romana y época visigótica
El territorio actual de la Comunidad de Madrid estuvo poblado desde el Paleolítico Inferior, principalmente en lo que respecta a los valles interfluviales de los ríos Manzanares, Jarama y Henares, donde se han hallado abundantes y ricos yacimientos arqueológicos. Entre los vestigios más importantes que se han encontrado, destaca especialmente el vaso campaniforme de Ciempozuelos, que ha dado nombre a un tipo especial de cerámica (data del Bronce Inicial, entre 1979 a. C. y 1970 a. C.). También se han descubierto pinturas y grabados rupestres en La Pedriza, en el término de Manzanares el Real, y en la cueva del Reguerillo, en Patones.
Durante el Imperio romano, la región quedó integrada en la provincia Citerior Tarraconense, excepto la parte suroccidental, en el Alberche, que pertenecía a la Lusitania. Estaba surcada por dos importantes calzadas romanas, la vía XXIV-XXIX (de Astorga a Laminium) y la XXV (de Augusta Emerita a Caesaraugusta), y contaba con algunas urbes de importancia. La ciudad de Complutum (Alcalá de Henares) alcanzó cierta relevancia hasta el Bajo Imperio, mientras que Titulcia y Miaccum, al pie de la sierra, destacaron como cruces de caminos.
En la época visigótica, la región perdió toda importancia. Su población se dispersó en pequeñas aldeas e, incluso, Complutum entró en decadencia. Alcalá de Henares fue designada sede episcopal en el siglo V, por orden de Asturio Serrano, arzobispo de Toledo, pero este hecho no fue suficiente para devolverle el esplendor perdido.
El centro peninsular fue una de las regiones más despobladas de al-Ándalus hasta el siglo XI, cuando empezó a despuntar como un enclave militar de gran importancia estratégica. Los musulmanes pusieron en pie un sistema defensivo de fortalezas y atalayas, con el que intentaron detener el avance de los reinos cristianos, a lo largo y ancho del territorio actual de la comunidad autónoma.
El territorio constituía un área sin personalidad propia dentro de la Marca Media con centro en Toledo, y en el cual se erigieron algunos castillos o fortificaciones andalusíes (ḥuṣūn), alrededor de alguno de los cuales, como Madrid, se acabó conformando una ciudad (madīna):