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Compromiso de Caspe

Pacto medieval para elegir al monarca de la Corona de Aragón

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El Compromiso de Caspe fue un pacto establecido en 1412 por representantes de los reinos de Aragón y de Valencia y del principado de Cataluña​ para elegir un nuevo rey ante la muerte en 1410 de Martín I de Aragón (el Humano) sin descendencia y sin nombrar un sucesor aceptado. Supuso la entronización por elección de Fernando de Antequera, regente del reino de Castilla y miembro perteneciente a la dinastía Trastámara, en la Corona de Aragón.

El Compromiso de Caspe muestra una de las cualidades esenciales del régimen de la Corona de Aragón, en el que se anteponía la legitimidad jurídica por encima de los poderes políticos. Este principio tuvo gran influencia en el desarrollo de la Monarquía Española.​

Apenas dos años y medio después de la muerte de María de Luna, esposa de Martín el Humano, el 25 de julio de 1409 falleció Martín el Joven, el único hijo que había tenido con el rey de Aragón, Martín I. A pesar de que el rey había conseguido legitimar como hijos suyos a varios bastardos, estos no eran aceptables según el derecho de herencia aplicable.​

Poco después de la muerte de Martín el Joven, el Papa Luna llegó a Barcelona en pleno Cisma de Occidente, asumiendo la figura de papa de las iglesias españolas. También coincidió la presencia de san Vicente Ferrer en la ciudad, que se encontraba advirtiendo del peligro que suponían los otomanos y la necesidad de contar con un papa indiscutible y un rey con toda legitimidad.

Ante este escenario, Martín el Humano contrajo un nuevo matrimonio con Margarita de Prades con la esperanza de concebir un hijo que asegurara la línea sucesoria, aunque este nunca llegó. El fracaso que supuso la no concepción de un nuevo heredero llevó a Martín I a pensar en reconocer a Fadrique de Luna, un hijo ilegítimo de Martín el Joven, como su sucesor, pero la falta de apoyos le hizo desistir de esta posibilidad.

En esta coyuntura, nombró a Jaime II de Urgel, apoyado por el bando de los Luna,​ lugarteniente de Aragón en 1408 y gobernador general de la Corona en 1409. Este nombramiento fue rechazado por la Diputación de la Generalidad aragonesa y por el arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, al considerarlo como un virtual reconocimiento a su condición de heredero a la corona contrario a los Fueros de Aragón, dado que el cargo de gobernador general lo ocupaba habitualmente el heredero de la Corona previa convocatoria de Cortes. Jaime de Urgel introdujo tropas armadas en Zaragoza y se desataron en el interior de la ciudad graves disturbios en lo que se conoce como los disturbios de Zaragoza, que culminaron en graves enfrentamientos violentos en las calles de la ciudad el día 14 de mayo de 1410. Ante los sucesos y el rechazo generado al nombramiento de Jaime II de Urgel, Martín I revocó el nombramiento el 17 de mayo de 1410. Pocos días después de las alteraciones de Zaragoza y de revocar el nombramiento, el 31 de mayo de 1410, fallecía el rey sin descendencia legítima y sin nombrar sucesor al trono.

Los distintos candidatos al trono tenían partidarios en cada uno de los territorios que conformaban la Corona de Aragón e incluso en el resto de reinos españoles y el riesgo de división en la Corona era inminente. El Papa Luna tenía un especial interés en la sucesión al trono, pues, en el contexto del Cisma de Occidente, cabía la posibilidad de que los reinos españoles cambiasen sus obediencias.

En sus últimos días el rey fue visitado en su lecho de muerte por varios miembros de los brazos del principado de Cataluña y, con la presencia de los notarios reales y otros oficiales (camarero, escudero y copero), así como del obispo y el gobernador de Mallorca y el gobernador del principado catalán, por boca del consejero de Barcelona, Ferrer de Gualbes, preguntaron al rey por dos veces en los días 30 y 31 de mayo si quería que su sucesor fuera aquel que debía serlo por justicia, es decir, si el problema de su sucesión se debía dilucidar mediante el examen de los derechos al trono de los distintos candidatos, a lo que Martín I respondió, ya agonizante, de forma afirmativa. El Papa Luna apoyó esta solución. A partir de ese momento la maquinaria de los poderes políticos de la Corona puso en marcha mecanismos que desembocaron en la Concordia de Alcañiz y el Compromiso de Caspe.​

Desde entonces, las instituciones de la Corona comenzaron a desarrollar un proceso que sería dirigido por los distintos parlamentos de las respectivas Diputaciones del General o Generalidades que representaban a la sociedad, tal y como se concebía a comienzos del siglo XV, para conseguir restablecer la monarquía y mantener la unidad de la Corona de forma no traumática, evitando la posible guerra civil y fragmentación que podría originar la lucha entre las distintas facciones nobiliarias que apoyaban a sus correspondientes pretendientes.​

Los candidatos al trono de Aragón

Los seis candidatos a la sucesión fueron:

Fadrique de Luna, conde de Luna, hijo bastardo de Martín el Joven, legitimado en parte por Benedicto XIII, el Papa Luna.

Jaime II de Urgel, conde de Urgel, hijo de Pedro II de Urgel, nieto de Jaime I de Urgel y bisnieto de Alfonso IV de Aragón, sobrino del difunto rey Martín el Humano y, además, cuñado por ser el esposo de su última hermana aun viva, Isabel, hija de Pedro IV el Ceremonioso y de Sibila de Fortiá, su cuarta mujer.

Alfonso de Aragón el Viejo, ya anciano, conde de Denia y Ribagorza, marqués de Villena y duque de Gandía, nieto, por línea masculina, de Jaime II de Aragón. Murió poco antes de la reunión de Caspe y fue reemplazado por su hermano Juan de Prades.

Luis de Anjou, duque de Calabria, sobrino-nieto de Martín el Humano, por los derechos de su madre Violante, hija aun viva del rey Juan I de Aragón, el hermano mayor del fallecido rey Martín I.

Juan de Prades, conde de Prades, tras la muerte de su hermano Alfonso, el duque de Gandía.

Fernando de Trastámara, el de Antequera, infante de Castilla; sobrino de Martín el Humano, nieto de Pedro IV de Aragón, por su madre Leonor de Aragón, la difunta regente de Castilla, la hermana menor del fallecido rey Martín I.

La totalidad de los pretendientes al trono pertenecían a la Casa Real de Aragón y su parentesco con el rey era cercano, por lo que ninguno de ellos rompería el linaje dinástico.​​

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