Tal Día como Hoy

Columna de Trajano

Columna triunfal de la Antigua Roma

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La Columna de Trajano (en italiano: Colonna Traiana) es un monumento erigido en Roma para celebrar la conquista de Dacia (actual Rumanía) por parte del emperador Trajano, evocando todos los momentos destacados de esa expansión territorial. La celda que hay en su base tenía la función de sepulcro para los restos del emperador. Se trata de la primera columna cóclida erigida en la historia y estaba situada en el Foro de Trajano, en un pequeño patio detrás de la Basílica Ulpia, entre dos (presuntas) bibliotecas, donde una doble logia a ambos lados facilitaba su lectura.

Es posible que se pudiera tener una visión más cercana de la columna subiendo a las terrazas de la cubierta de la nave lateral de la Basílica Ulpia o a las que probablemente cubrían también los pórticos delanteros de las dos bibliotecas. También era posible una lectura «abreviada» sin necesidad de girar alrededor del fuste de la columna para seguir todo el relato, sino apreciando las escenas siguiendo un orden vertical, dado que su superposición en las diferentes vueltas parece seguir una lógica coherente.

Fue una novedad absoluta en el arte antiguo y se convirtió en la obra más vanguardista del relieve histórico romano. En la Columna de Trajano se asistió, por primera vez en el arte romano, a una expresión artística autónoma en cada uno de sus aspectos, aunque culturalmente es una continuación del rico pasado.

La columna fue inaugurada el 12 de mayo de 113, como se recuerda en la inscripción de los Fasti Ostienses.​

Consta de un largo friso espiral que rodea, desde abajo hacia arriba, todo su fuste y describe las guerras dacias (101-106), quizá basándose en los perdidos Commentarii de Trajano​ y quizá también en la experiencia directa del artista.

La columna está hueca en el interior, que alberga una escalera de caracol que conduce hasta la cima. La columna tenía como misión, tal y como testifica la inscripción, restituir la vista panorámica y recordar la altura de la colina antes de las excavaciones para la construcción del Foro​ y albergar los restos del emperador después de su muerte. Además, el friso helicoidal recordaba todas las hazañas de Trajano, celebrándolo como comandante militar. La columna se ha mantenido siempre de pie, incluso después de que cayeran en ruinas los demás edificios del complejo de Trajano, y siempre se le ha atribuido una gran importancia: un documento del Senado medieval de 1162 establecía su propiedad pública y prohibía que se le causaran daños.

Una pequeña iglesia (San Niccolò de la Columna), que se debió construir a los pies del monumento, es recordada a partir de 1032, junto con un oratorio situado en la cima de la columna, pero data quizá del siglo viii-ix. La iglesia fue probablemente derribada con ocasión de la visita a Roma de Carlos V en 1546. También en el curso del siglo xvi se hizo espacio en torno a la columna con la demolición de algunos edificios privados, mientras que el sótano fue desenterrado parcialmente. Durante el papado de Sixto V, se colocó en la cima del fuste en 1587, por obra de Domenico Fontana, la estatua de bronce de san Pedro y se erigió una verja a su alrededor. Así se lee en el aviso del 24 de junio de 1587 contenido en el Urbinate Latino 1055 de la Biblioteca Apostólica Vaticana:

En 1787 Goethe, durante su larga estancia en Roma, relata haber subido a la Columna de Trajano y haber visto desde allí el panorama de la capital:

Durante la ocupación francesa, la Columna de Trajano estuvo a punto de ser objeto de los expolios napoleónicos. Se deben recordar las intenciones del jefe militar de Napoleón en Roma, el general François René Jean de Pommereul, el cual buscaba una manera para retirar la columna y enviarla a Francia.​ El asistente de Pommereul, Daunon, escribía este objetivo el 15 de abril de 1798: «Mandaremos un obelisco», refiriéndose así a la Columna de Trajano. Este propósito irracional fue impedido por los elevadísimos costes de transporte y por los enormes obstáculos administrativos pontificios que ralentizaron el proceso.​ Los franceses erigieron finalmente la Columna Vendôme en 1810 en París después de la batalla de Austerlitz a imitación de «la erigida en Roma en honor de Trajano». La zona de la base se restauró y limpió varias veces hasta las primeras excavaciones de principios del siglo xix.

La columna es del tipo «centenario», es decir, tiene una altura de cien pies romanos,​​ equivalentes a 29.78 metros, que se elevan a unos 39.86 metros si se incluye el alto pedestal en la base y la estatua en la cima.​ El orden de la columna es dórico adaptado, como demuestran en la cima las estrías del fuste bajo el friso helicoidal, el capitel decorado con una moldura y la base con forma de corona sobre zapatas. La columna está constituida por dieciocho bloques colosales de mármol de Carrara, cada uno de los cuales pesa unas cuarenta toneladas y tiene un diámetro de 3.83 metros.​ Estos constituyen los diecisiete bloques que componen el fuste de la columna,​ la base, el capitel y el ábaco. Originalmente en la cima estaba colocada una estatua de bronce de Trajano.

La alta base está decorada en tres de sus lados por montones de armas a relieve muy bajo. En el lado que da hacia la Basílica Ulpia, hay un epígrafe redactado en mayúsculas cuadradas romanas y sostenido por Victorias,​ que recuerda la ofrenda de la columna por parte del Senado y del pueblo romano y además indica que la columna representaba la altura del terreno entre la Colina Capitolina y el Quirinal antes de las obras de excavación realizadas por Trajano para la construcción del foro. En las esquinas del pedestal hay cuatro águilas que sostienen una guirnalda de laurel. Debajo del epígrafe se encuentra la puerta que conduce a la celda interior de la base, donde se colocaron los restos de Trajano y de su consorte Plotina y donde empieza una escalera de caracol de 185 escalones que llega hasta la cima. La escalera está iluminada por cuarenta y tres troneras dispuestas a intervalos regulares, abiertas en el friso pero no concebidas en la época de la construcción.

Los 200 metros del friso historiado continuo se enrollan alrededor del fuste veintitrés veces,​ como si fuera un rollo de papiro o de tela, y muestran entre cien y ciento cincuenta escenas (según la manera en la que se dividan) animadas por unas dos mil quinientas figuras. La altura del friso crece con la altura, pasando de 0.89 a 1.25 metros, para corregir la deformación causada por la perspectiva.​

Según Salomon Reinach,​ el relieve se puede dividir en ciento catorce recuadros de la misma anchura, en los que están representados los sucesos de la primera campaña dacia de los años 101-102 (escenas 1-57) y de la segunda campaña de los años 105-106 (escenas 59-114), con una figura alegórica de la Victoria en el centro entre trofeos en el acto de escribir las Res gestae (escena 58).​

La narración está organizada rigurosamente, con intenciones cronísticas. Siguiendo la tradición de la pintura triunfal romana, no solo están representadas las escenas más «destacadas» de las batallas, sino que estas se intercalan con escenas de marcha y traslado de tropas (doce episodios) y con escenas de construcción de campamentos e infraestructuras (diecisiete escenas, representadas con una atención extrema a los detalles). En este relato aparecen posteriormente los sucesos significativos desde el punto de vista político, como el consilium (escena 6), la adlocutio (escenas 11, 21, 33, 39, 52-53, 56, 77 y 100), la concesión de los ornamenta militaria, de legatio (embajadas), de lustratio (sacrificos propiciatorios), de proelium (batallas o guerrilla), de obsidio, de sumisiones, de enemigos capturados, etc.; a estas hay que añadir algunas escenas más propagandistas, como las torturas de los prisioneros romanos por parte de los dacios (escena 33), el discurso de Decébalo (104), el suicidio de los jefes dacios con veneno (escenas 104 y 108), la presentación de la cabeza de Decébalo a Trajano (109) o el expolio del tesoro real (103).

Las escenas están ambientadas en contextos bien caracterizados, con rocas, árboles y construcciones: por ello parecen referirse a episodios específicos presentes en la mente del artífice en lugar de ser representaciones genéricas idealizadas. No faltan notas más puramente temporales, como la recolección del grano (escena 83) para aludir al verano, cuando se produjeron los sucesos de la segunda campaña. También tienen un importante papel todos los detalles que sirven para aclarar al espectador el momento y el lugar en el que se produjo cada suceso, según un esquema que pretendía ser lo más claro y didáctico posible. Completaba el relieve una abundantísima policromía, a menudo más expresiva que naturalista, probablemente con nombres de lugares y personajes, además de varias armas de bronce en miniatura colocadas en la mano de los personajes (las espadas y las lanzas no están casi nunca esculpidas), y actualmente totalmente perdidas.

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