La colonización española de América fue el proceso mediante el cual la Corona de Castilla expandió su soberanía sobre amplios territorios del continente americano entre finales del siglo XV y principios del XIX. Este proceso se llevó a cabo principalmente mediante la conquista militar y la implantación en el Nuevo Mundo de una administración civil y eclesiástica que buscaba replicar, en lo esencial, el modelo institucional peninsular. La colonización española, sin embargo, no fue concebida como un sistema de factorías o colonias al estilo de otras potencias europeas, sino como la incorporación de nuevos reinos agregados a la Corona de Castilla, con un orden jurídico e institucional propio, articulado mediante las Leyes de Indias, el Consejo de Indias, las audiencias, virreinatos y capitanías generales, cuyo núcleo institucional era el cabildo.
Tradicionalmente, los historiadores dividen la conquista en tres períodos: el inicial, de 1492 a 1519, centrado en las Antillas y el Caribe; el segundo, de 1519 a 1540, que abarcó la expansión al resto del continente; y el tercero, de 1540 a 1565, que marcó la consolidación del dominio español en América y su extensión al Pacífico, incluyendo Filipinas. Fue impulsada por motivaciones económicas, políticas y religiosas, incluyendo la obtención de recursos y la conversión del catolicismo de las poblaciones indígenas.
La conquista de América fue efectuada sustancialmente por la Corona de Castilla (fundadora de los reinos indianos) y es una continuación de la primera expansión y experiencia expansionista del Reino de Castilla en las islas Canarias, en las cuales ensayó por primera vez a cierta escala la experiencia de conquistar, poblar y administrar un territorio nuevo, habitado por pueblos desconocidos, asimilándolos y cristianizándolos en el proceso. Así, las tres últimas grandes islas de Canarias fueron completamente sometidas en los años 1478-1483 (Gran Canaria), 1492-1493 (La Palma) y 1494-1496 (Tenerife) aunque el impulso conquistador arranca mucho antes, en las otras islas del archipiélago. Esta experiencia y la existencia de fórmulas desarrolladas para solucionar los problemas de fundación de nuevas ciudades, pactos y enfrentamientos con los naturales del país, designación y atribuciones de los Adelantados militares, engranaje de los aparatos administrativos: religioso, civil y militar, fueron luego ampliamente usadas en América, tienen sus antecedentes lejanos en la experiencia de la reconquista y repoblación de la península ibérica.
Se calcula que durante la España imperial (1492-1832), un total de 1,86 millones de españoles se asentaron en América y otros 3,5 millones inmigraron durante la época posvirreinal (1850-1950); la estimación es de 250 000 en el siglo XVI, y la mayoría durante el siglo XVIII, ya que la inmigración fue fomentada por la nueva dinastía borbónica. Por el contrario, se calcula que la población indígena se redujo en un 80% en el primer siglo y medio posterior a los viajes de Colón, principalmente por la propagación de enfermedades. Se ha dicho que este fue el primer acto de genocidio a gran escala de la era moderna por diversos académicos, entre ellos el creador del término Raphael Lemkin. Pero muchos académicos y autores han negado y cuestionado esta clasificación.
A principios del siglo XIX, las guerras de independencia hispanoamericanas dieron lugar a la secesión y posterior división de la mayoría de los territorios españoles en América, excepto Cuba y Puerto Rico, que se perdieron en favor de Estados Unidos en 1898, tras la guerra hispano-estadounidense.
Extensión del Imperio español en América
Virreinato de Nueva España: fue el actual país de México, los estados de California, Nuevo México, Arizona, Texas, Nevada, Florida, Utah y parte de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma en Estados Unidos, que hasta 1848 pertenecieron a México y fueron tomados a este país en la guerra conocida como la intervención estadounidense en México (Florida fue cedida por España a los Estados Unidos mediante el tratado de Adams-Onís durante la guerra de independencia de México). España mantuvo bajo su control estos territorios desde 1519 hasta 1821. Sin embargo, es necesario recordar que la independencia de Nueva España fue iniciada en 1810 y declarada formal y legalmente por el Congreso de Chilpancingo en 1813 bajo el nombre de América Septentrional. El período entre ese año y la fecha de consumación de la independencia de México (1821) eran concebidos por el Congreso como una lucha contra la metrópoli y por el reconocimiento internacional de la nueva nación. Es preciso aclarar que territorios significativos que formaron parte del Imperio español, y ubicados en Norteamérica, fueron habitados por pueblos originarios que no formaron parte del sistema colonial europeo, hasta ser incorporados el siglo XIX por los nacientes estados americanos tras sufrir procesos de limpieza étnica.
Capitanía General de Guatemala: comprendía los territorios de Guatemala, Belice, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica y el estado mexicano de Chiapas. La independencia de Centroamérica fue declarada en 1821 y, después de ser parte del Primer Imperio Mexicano (salvo Chiapas), proclamó su independencia absoluta el 1 de julio de 1823.
Luisiana española: cedida por Francia, España la mantuvo poco tiempo en su poder, desde 1762 hasta 1801. Incorporaba territorios de los actuales estados de Luisiana, Arkansas, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Dakota del Sur, Dakota del Norte, Wyoming, Montana, Idaho, Minnesota, Misuri y Iowa. La mayor parte de estos territorios nunca fueron efectivamente controlados por España y permanecieron en poder de los pueblos originarios hasta el siglo XIX.
Capitanía General de Venezuela: también llamada Reino de Venezuela, comprendía Los territorios de la actual Venezuela, parte de Guyana, Trinidad durante 8 años y parte de Colombia.
Virreinato de Nueva Granada: los actuales países de: Panamá, Colombia y Ecuador y parte de Venezuela.
Virreinato del Perú: el actual Perú, parte de Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Brasil.
Virreinato del Río de la Plata: los actuales países de Argentina (la Patagonia oriental es considerada por algunas fuentes como parte del virreinato y por otras como perteneciente a la Capitanía General de Chile), Paraguay, Uruguay y parte de Bolivia. España nunca controló la totalidad de la pampa, el Chaco, ni la Patagonia, que permanecieron bajo el dominio de los pueblos originarios hasta el siglo XIX. Las islas Malvinas o Falkland estaban deshabitadas.
Capitanía General de Chile: también llamada Reino de Chile, y en un inicio Nueva Extremadura, núcleo del actual Chile (para algunas fuentes también la Patagonia oriental). España nunca controló mayormente la mitad sur de Chile ni la Patagonia, que permaneció bajo el dominio de los Mapuche y otros pueblos originarios hasta comienzos del siglo XIX.
Territorios Insulares: los actuales países de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Haití, Bahamas (hasta 1670), Jamaica y las Islas Caimán (ambas hasta 1655), San Cristóbal y las Nieves (Saint Kitts y Nevis), Antigua y Barbuda (desde 1493 hasta 1632), Barbados (desde 1518 hasta 1624), Dominica, Santa Lucía (desde 1504 hasta 1654), Granada (desde 1498 hasta 1674) y Trinidad y Tobago.
Económicas: el surgimiento del mercantilismo, así como la necesidad de encontrar una ruta alternativa para el comercio de las especias y de la seda, procedente de las «islas de las especias», las Molucas, que había sido bloqueada por los turcos con la toma de Constantinopla en 1453, controlando totalmente la Ruta de la Seda, tanto interior, como la ruta marítima.
Culturales: Los científicos, pese a lo que se afirma, siempre han creído en la Tierra esférica. El auge del comercio provocó la proliferación de leyendas y crónicas exageradas (viajes de Marco Polo, leyenda del Preste Juan), que causaron un gran interés por lo desconocido en la Europa de la época, junto con el espíritu aventurero hacia el Lejano Oriente.