Tal Día como Hoy

Clemente VII (papa)

219.º Papa de la Iglesia Católica

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Clemente VII (en latín: Clemens PP. VII), de nombre secular Julio de Médici (Florencia, 26 de mayo de 1478-Roma, 25 de septiembre de 1534), fue el papa 219.º de la Iglesia católica, desde el 19 de noviembre de 1523 hasta su muerte.

Cuando nació fue descrito: "Hijo natural del Magnífico Juliano de Médici nacido por parte de madre de una muchacha que no tenía marido, Fioretta, hija de Antonio".​ En un documento encontrado en la Palatina se informa: "Julio, hijo del Mco. Juliano de Médici, nacido el 26 de mayo de 1478, que fue después el papa Clemente VII..." [cita requerida].

Tras el asesinato de su padre en la catedral de Florencia, durante la Conjura de los Pazzi, el futuro papa Clemente VII contó enseguida con el afecto y la protección de los Médici. Su tío Lorenzo escribió al rey Fernando I de Nápoles y al papa Sixto IV para que a Julio, destinado a la carrera eclesiástica, le fuera otorgado el rico priorato de Capua, que le fue efectivamente concedido. Ya desde su infancia, Julio había contado con la amistad de sus primos Piero de Médici, Juan de Médici (el futuro papa León X), y Juliano II de Médici, los tres hijos de Lorenzo de Médici.

La elección como papa de su primo le supuso su inmediato nombramiento de Arzobispo de Florencia. El 23 de septiembre de 1513 fue nombrado cardenal.

Supo siempre hacerse valer como consejero pontificio, logrando ser uno de los personajes más influyentes de la curia. Con el objeto de evitar enredos en la carrera eclesiástica de Julio, León X medió para que su primo fuera declarado hijo de legítimo matrimonio.

A la muerte de Lorenzo II de Médici en 1519, se hizo cargo del gobierno civil de la República de Florencia, del cual se ocupó hasta su elección en 1523. Luego encargaría el gobierno de Florencia al tutor de sus parientes Alejandro de Médici y Hipólito de Médici, el cardenal Silvio Passerini, para gobernar en su nombre.​

Cuando León X murió en 1521, muchos creyeron que en la posibilidad de que Julio, al ser uno de los papables más apreciados, fuera designado su sucesor. Pero de los treinta y nueve cardenales reunidos en cónclave, al menos dieciocho esperaban ser elegidos. Para cansar a los adversarios, el partido de Julio decidió otorgar sus votos al candidato menos probable, el cardenal Adriano de Utrecht, regente de España, ausente durante el cónclave. Para sorpresa de todos, también el partido adversario había decidido entregar todos sus votos al mismo candidato,​ de modo que, ante la consternación general, el cardenal neerlandés fue elegido papa, asumiendo el nombre de Adriano VI.

La influencia de Julio, que se mantendrá durante el breve pontificado de Adriano VI, será la que le permitirá ser elegido el 19 de noviembre de 1523 y recibir la tiara el 26 de diciembre de ese año, con el nombre de Clemente VII.

Fracasó, tanto en el campo político como en el religioso, seguramente por su temperamento indeciso, sus arriesgadas apuestas políticas y los intereses familiares, circunstancias que hicieron de él «el más desgraciado de los papas», según expresión del historiador Ferdinand Gregorovius.

El tratado de Noyón no se había cumplido, de forma que en 1521, poco antes de morir León X, las tropas coligadas del papa y el emperador, con la ayuda también de Inglaterra, habían expulsado a los franceses de Milán. Francisco I se propuso recuperarlo, pero no solo no lo consiguió, sino que también fue aprisionado en la batalla de Pavía por Carlos I de España. Recluido en Madrid, obtuvo su libertad tras la firma del Tratado de 1526, protocolo por el que se comprometía a devolver al emperador el ducado de Borgoña, a renunciar a Italia y a no entrometerse en Flandes.

El desastre francés de Pavía, al que había precedido el de Bicoca, traspasaba la hegemonía en Italia a España y sembraba, por lo mismo, la inquietud en el ánimo del papa que veía cómo Carlos I se convertía en el dueño de gran parte de la península y se constituía en potencial amenaza para la preponderancia eclesiástica y para la continuidad en el poder de su propia familia al frente de la República de Florencia. Le pareció momento de actuar y lo hizo; pero calculó mal y se equivocó. Retomando el grito de «¡fuera los bárbaros!» que había lanzado Julio II contra los franceses, aplicado ahora a los españoles, y siguiendo la desacreditada práctica de aquel de aliarse alternativamente con los unos para desembarazarse de los otros, Clemente VII buscó la asistencia de Francisco I. Estaba este comprometido por el Tratado de Madrid a no intervenir en Italia, pero fue el propio papa quien le disipó cualquier escrúpulo de moral caballeresca y le animó a su incumplimiento haciendo alarde de una amplia laxitud de conciencia; le manifestó por escrito que los tratados que se firman bajo la presión del miedo carecen de valor y no obligan a su observancia. Con la dispensa papal que legitimaba su resistencia a someterse a las cláusulas del tratado, Francisco I se dispuso a hacer frente al emperador, y a tal efecto se formó el 22 de mayo de 1526 la liga de Cognac o liga Clementina, integrada por el papa, el Reino de Francia, el ducado de Milán y las repúblicas de Venecia y Florencia.

Por otra parte, la situación en Europa Central se puso cada vez más tensa, pues los ejércitos turcos del sultán Solimán el Magnífico avanzaron sobre el reino de Hungría, que cumplía el papel de último bastión del cristianismo contra los musulmanes. De esta manera, los conflictos entre el papa y el emperador no permitieron asistir a los húngaros, y el 29 de agosto de 1526 se sucedió la batalla de Mohács, donde murió el rey Luis II de Hungría, y los ejércitos cristianos fueron barridos por los otomanos, siendo ocupado gran parte del reino. Clemente VII había intentado de varias maneras iniciar una nueva cruzada para proteger el mundo cristiano, sin embargo, mientras intentaba solucionar la grave situación con Carlos I, se enteró penosamente de la triste noticia de gran impacto para Europa, quedando totalmente impotente –tras esta derrota, Fernando I de Habsburgo reclamó de inmediato el trono húngaro para sí mismo por haber desposado a la hermana del fallecido rey, y Carlos I posteriormente le asistió para asegurarse la corona–.

Paralelamente, las relaciones entre el papa y el cardenal Pompeo Colonna se iban enturbiando a medida que el primero abandonaba el partido filoimperial para acercarse al bando francés; todavía en abril celebraban juntos la liga pactada entre la Santa Sede y el reino de Nápoles, pero en octubre se destaparon las verdaderas intenciones de Clemente VII: su enviado Girolamo Morone trabajaba para formar una alianza entre Francia, los Estados Pontificios, Venecia y Milán contra el imperio, e intentaba atraer a Fernando de Ávalos prometiéndole el trono de Nápoles, pero este descubría todo el plan. Colonna salió de Roma en dirección al feudo familiar amenazando con ir contra el papa, que justamente se negó a que participase en las conversaciones que el duque de Sessa dirigía para evitar que el pontífice se adhiriera a la liga antiimperial. Colonna proponía al emperador encabezar una revuelta antipapal en Roma, y en enero de 1526 Clemente VII publicaba una bula declarándole rebelde y exhortando a combatirle.

En agosto ambas partes llegaban a un frágil acuerdo; los Colonna, que habían ocupado Anagni por la fuerza, se comprometían a retirar sus tropas de los Estados Pontificios, y el papa les concedía el perdón y revocaba el monitorio contra ellos. Vespasiano Colonna fue el artífice del acuerdo.

Pero cuando Clemente VII retiró de Roma la guarnición armada, el 20 de septiembre de 1526 los Colonna irrumpieron en la ciudad con cinco mil hombres y saquearon la ciudad, obligando al papa a refugiarse en el castillo de Sant'Angelo. Con la intermediación de Hugo de Moncada, ambas partes acordaron una tregua que tampoco llegaría lejos. Dos días después los Colonna se retiraban de Roma con su gente, a disgusto de Pompeo –cuyas intenciones, según varios autores, eran asesinar al papa y ocupar su lugar–. En noviembre Clemente VII convocaba un consistorio en el que conminaba al cardenal a disculparse de sus pasados actos; este se negaba, proponiendo la celebración de un concilio en Alemania, y el papa respondió ordenando asaltar la su casa en Roma y sus propiedades en la campiña romana, y le privaba del cardenalato y de todas sus dignidades y rentas eclesiásticas.

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