Claude Chabrol (París, 24 de junio de 1930-ibíd., 12 de septiembre de 2010) fue un director de cine francés. Casi octogenario, siguió realizando películas después de 50 años de profesión. Fue uno de los últimos supervivientes de la nouvelle vague, junto a Jean-Luc Godard y Jacques Rivette.
Nació en París el 24 de junio de 1930 encima de la farmacia de su padre Yves Chabrol. A los seis años ve la primera película de la que conserva recuerdo, Anthony Adverse (1936) de Mervyn LeRoy, y a partir de entonces comienza a ser asiduo del cine que regenta su tío, el Nouveau Théâtre en la rue Vaugirard. Su otras grandes pasiones, la literatura y el teatro clásicos franceses, los descubrirá poco más adelante, cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, se traslada a la casa de su abuela Marie en Sardent (Creuse), donde fundará un cine en un garaje. Su amor por la literatura se deja ver en muchas de sus películas, donde sus actores citan a Molière, a Homero o directamente cuando ha basado sus guiones en obras de Simone de Beauvoir, William Shakespeare o Gustave Flaubert.
En 1952 se casó con Agnès Marie Madeleine Goute, su primera esposa, con la que tendrá dos hijos, Jean-Yves, el primogénito, y Matthieu, compositor de las bandas sonoras de varias de sus películas. La dote de su mujer era cuantiosa, y se pudieron dedicar a viajar y vivir de las rentas, sin necesidad de preocuparse especialmente por el dinero. Así, a partir de esa fecha comienza a colaborar con distintas revistas, publicando sus primeros relatos literarios y sus primeras críticas de películas. Su primera colaboración con Les Cahiers du cinéma será con la crítica de Cantando bajo la lluvia (1953), de Stanley Donen y Gene Kelly.
Poco a poco, sus colaboraciones en la revista fueron de mayor calado teórico, como el artículo publicado en el número 39, un ensayo sobre Hitchcock titulado Hitchcock devant le mal (Hitchcock ante el mal) que precede a su primer gran proyecto relacionado con el cine, una monografía sobre el director británico que realizará junto a Éric Rohmer. La idea detrás de esta monografía era la de señalar la genialidad de Hitchcock, algo que por entonces no era mayormente aceptado, siendo visto su cine solo con interpretaciones más superficiales (cine de suspense, policíaco, de homicidios...). Para Chabrol, «salta a la vista que la lección de Hitchcock pertenece al territorio de la ética y que sus concepciones morales siempre acaban por desembocar en una metafísica».
En 1956, dos años después del número de Hitchcock de Cahiers du cinéma, Chabrol dará el salto activo al cine cuando funda la productora AJYM Films' (A por su esposa Agnès, JY por su hijo Jean-Yves, M por Matthieu), en la que iniciarán su andadura cinematográfica varios miembros de la nouvelle vague, como Jacques Rivette, Éric Rohmer, Philippe de Broca o Jacques Gaillard. El mismo Chabrol usará AJYM Films para producir sus primeros cinco largometrajes antes de su cierre definitivo en 1961.
Construcción del relato cinematográfico
Su cine se basa casi exclusivamente en la creación de personajes, en recrear, basándose en obras literarias de mayor o menor importancia, una realidad que poner en movimiento delante de la cámara. En sus propias palabras: «defiendo las tramas simples con personajes complicados». Los autores de referencia en la creación de los personajes de Claude Chabrol son Alfred Hitchcock, Fritz Lang y Ernst Lubitsch, con los que comparte una visión similar de la realidad, y, sobre todo, una visión similar de la importancia de la estructura y de la construcción cinematográfica como lo más importante de la película. Lo que busca es crear personajes que estén entre la apariencia y la realidad, entre la superficialidad y la profundidad, y presentarlos en la película de una forma muy teatral, como un arte de las apariencias. Muchas de sus películas tienen tramas simples, evidentes. Lo que sucede aparece en la pantalla de forma clara y comprensible, con una estructura conscientemente ausente que hace que el relato tome más un cariz de crónica de sucesos. Pero el resultado siempre es complejo, atrayente y muy rico, tanto en el plano narrativo, como en el estético o cultural.
Tanto cuando sus películas se basan en temas propios o en adaptaciones de novelas, lo más importante es la estructura narrativa. En sus palabras: «La construcción es mucho más importante que la intriga. El ideal sería que la forma de una película manifestara para todos la esencia, pero es evidente que esto nunca pasa. Los personajes y la intriga existen sólo para suscitar el interés del espectador, ya sea porque recobran lo que ya conoce, o porque le proponen aventurarse por un nuevo terreno. Pero lo que da forma a una película es siempre la construcción: es decir, todo lo referente al ritmo, la armonía de la forma escrita —la conexión entre las escenas— y el conjunto de señales que se disponen para que puedan comprenderse sin ambigüedad. La clave que permite pasar de la bidimensionalidad de la pantalla a la esencia de la película se encuentra sobre todo en la construcción».
Pero el valor que Chabrol dio a la construcción no es porque sea un director formalista, donde la forma lo es todo, sino porque opina que «la forma es la apariencia de la construcción», y ambas deben mantenerse separadas, porque el tema ha de estar solo en la construcción, y no en la forma. Si lo más sobresaliente en el cine de Chabrol es la veracidad de su visión de conjunto, esta se basa en la importancia de sus secuencias particulares, y en la manera en que forma y construcción interactúan para crear el contenido narrativo.
El juego de miradas, el uso de las panorámicas para describir los momentos más importantes de sus películas, el uso del travelling, del encuadre, y especialmente el lenguaje no verbal que sus personajes expresan gracias a trabajar con grandes actores, son algunos de los recursos formales que intervienen en la construcción de la realidad dentro del film, pero esta construcción nunca se convierte en una referencia estética, sino que ha de desaparecer completamente para dejar a los personajes actuar de forma autónoma. La idea es que el relato se construya por medio de una estructura absolutamente estable, que ha de quedar invisible, no construirse a partir del encadenamiento de técnicas formales ante las cuales el espectador está entrenado para reaccionar, como pasa en la mayoría del llamado cine comercial.
El triángulo Charles-Hélène-Paul
El triángulo Charles–Hélène-Paul es sin duda la creación formal más característica de la obra de Chabrol. Esta contraposición surge con Los primos (1959), los primeros Charles y Paul de la filmografía chabroliana. En esta película, Gérard Blain es Charles, un chico de provincia que se matricula en la facultad de Derecho de París, donde irá a vivir a casa de su primo Paul, interpretado por Jean-Claude Brialy. Paul está más interesado en organizar noches de juerga que en estudiar, mientras que Charles es estudioso y tímido. Todo se convierte en tragedia cuando aparece en escena Florence, interpretada por Juliette Mayniel, de la que Charles se enamora locamente, un amor que se desvanece tan rápido como surge, cuando Paul se la quita. Cuando llega el día del examen más importante, Charles, deprimido por la convivencia con la pareja, falla clamorosamente, mientras que Paul lo supera gracias a sus trampas y sobornos. Cuando vuelve a casa, Charles, frustrado, introduce una bala en la pistola de su primo mientras duerme, pero el disparo no sale. Cuando se levanta, Paul comienza a jugar con la pistola sin saber que está cargada, y la mala suerte quiere que se dispare, matando a Charles.
Aquí aparecen por primera vez el "Charles víctima" y el "Paul verdugo", que tendrán que esperar hasta 1961, en El tercer amante (1961) para encontrar a Hélène, encarnada siempre por Stéphane Audran. Hélène es su personaje. «En ella coinciden la bondad de Charles y la maldad de Paul, Hélène es la ambigüedad personificada en Stéphane Audran, sensual y distante, deseable y fría, esposa y amante, adúltera y fiel.»