Tascio Cecilio Cipriano (en latín, Thascius Cæcilius Cyprianus; c. 200 - 14 de septiembre de 258)fue un clérigo y escritor romano, obispo de Cartago (249-258), santo y mártir de la Iglesia. Autor importante del Cristianismo primitivo, de ascendencia bereber, muchas de cuyas obras en latín se han conservado. Nació alrededor de principios del siglo III en África del Norte, quizás en Cartago, donde recibió una educación clásica. Poco después de convertirse al cristianismo, se convirtió en obispo en 249. Una figura controvertida en vida, sus fuertes habilidades pastorales, su firme conducta durante la herejía novaciana y el brote de la plaga, y su eventual martirio en Cartago reivindicaron su reputación y demostraron su santidad a los ojos de la Iglesia. Su hábil retórica latina le llevó a ser considerado como el escritor latino más destacado del cristianismo occidental hasta Jerónimo y Agustín de Hipona.La peste cipriana recibe su nombre de él, debido a su descripción de ella.
Cipriano nació en el seno de una rica familia pagana africana romana quizá cartaginesa, a principios del siglo III, rica y distinguida. Su nombre original era Thascius, pero adoptó el nombre adicional Caecilius en memoria del sacerdote al que debía su conversión. Antes de su conversión, era un miembro destacado de una fraternidad jurídica en Cartago, orador, «abogado en los tribunales» y profesor de retórica. Tras una «juventud disipada», Cipriano fue bautizado a los treinta y cinco años, c. 245 d. C.. Tras su bautismo, donó parte de su fortuna a los pobres de Cartago, como correspondía a un hombre de su condición.
Se debate sobre si perteneció a la clase curial o senatorial, aunque se opta en la mayoría de la historiografía por la primera. De hecho, su martirio se produjo en su propia villa. En la biografía de su discípulo, Poncio de Cartago, se narra cómo vende sus bienes y fincas, porque su riqueza tuvo que ser considerable. La fecha de su conversión al cristianismo es desconocida, pero tras su bautismo entre 245 y 248 donó una porción de su riqueza a los pobres de Cartago, convirtiéndose al cristianismo con 35 años. Era púnico o quizá bereber.
En los primeros días de su conversión, escribió una «Epistola ad Donatum de gratia Dei» y el «Testimoniorum Libri III», que se adhieren estrechamente a los modelos de Tertuliano, quien influyó en su estilo y pensamiento. Cipriano describió su propia conversión y bautismo con las siguientes palabras:
Su nombre original era Thascios; tomó el nombre adicional de Caecilius en memoria del presbítero al que debía su conversión. Antes de su conversión, fue un miembro destacado de una fraternidad legal en Cartago, orador, abogado litigante y profesor de retórica.
Su disputada elección como obispo de Cartago
Poco después de su bautismo fue ordenado diácono, y más tarde presbítero. En algún momento entre julio de 248 y abril de 249 fue elegido obispo de Cartago por aclamación popular, tras la muerte del antiguo obispo de Cartago, Donato. Una elección popular entre los pobres, que recordaban su caridad, aunque una parte de los presbíteros se opuso a causa de la riqueza de Cipriano, su diplomacia y su talento literario. Cinco presbíteros se opusieron a esta elección, entre ellos Felicísimo, que más tarde llevaría a cabo una disputa con el propio San Cipriano, dando lugar al Cisma de Novato y Felicísimo.
Los cristianos del norte de África no habían sufrido la persecución durante muchos años. En 250 el emperador Decio decretó la supresión de la cristiandad, con lo que dio comienzo la persecución deciana. El emperador Decio promulgó un edicto, cuyo texto se ha perdido, en el que ordenaba que se realizaran sacrificios a los dioses en todo el Imperio romano. Los judíos quedaron específicamente exentos de ese requisito. Cipriano decidió esconderse, en lugar de enfrentarse a una posible ejecución. Aunque algunos clérigos consideraron esa decisión como un signo de cobardía, Cipriano se defendió diciendo que había huido para no dejar a los fieles sin pastor durante la persecución y que su decisión de seguir guiándolos, aunque desde la distancia, estaba en consonancia con la voluntad divina. Además, señaló las acciones de los apóstoles y del propio Jesús:
El procónsul, enviado por el emperador, y cinco comisionados de cada ciudad administraban el edicto, pero cuando el procónsul llegó a Cartago Cipriano había huido a un lugar desconocido, aunque fue acompañado por varios discípulos. Desde allí elaboró gran parte de su obra epistolar, y el exilio no le impidió seguir administrando su Iglesia, aunque sí que acrecentó las rivalidades latentes en su elección episcopal.
En los documentos que se conservan de los Padres de la Iglesia de varias diócesis se pone de manifiesto que la comunidad cristiana se dividió en esta ocasión entre los que practicaron la desobediencia civil a cualquier precio y los que se sometieron de palabra o acto al edicto. La huida de Cipriano de Cartago fue interpretada por sus enemigos como cobardía e infidelidad, y le acusaron ante Roma, desde donde le escribieron a Cipriano en términos de desaprobación. Cipriano contestó que había huido de acuerdo al mandato divino. Desde su refugio dirigió a sus fieles con seriedad y entusiasmo, empleando a un diácono de confianza como intermediario.
Controversia acerca de los lapsi
La persecución de los cristianos fue especialmente severa en Cartago, de acuerdo con las fuentes de la Iglesia. Las fuentes oficiales romanas no hablan de la severidad de la persecución deciana. Muchos cristianos abjuraron de su fe, y desde entonces recibieron el nombre de lapsi, los "caídos", pero después pidieron ser readmitidos por la iglesia. Sus peticiones fueron atendidas. Los confesores del grupo más liberal intervinieron para permitir a cientos de lapsi volver a la iglesia. En algunos casos, los cristianos sí habían realizado sacrificios, ya fuera bajo tortura o de otra manera. Cipriano consideró a estos libellatici especialmente cobardes y exigió que ellos y el resto de los lapsi se sometieran a «penitencia pública» antes de ser readmitidos en la Iglesia.
Aunque él mismo se había retirado y aislado, Cipriano censuró la laxitud con los lapsi, y rehusó absolverlos excepto en el caso de enfermedad mortal, y quiso posponer la cuestión de su readmisión en la iglesia hasta que llegaran tiempos más tranquilos. Entonces la comunidad de Cartago sufrió un cisma. Felicísimo, que había sido ordenado diácono por el presbítero Novatus durante la ausencia de Cipriano, se opuso a todas las medidas de los representantes de Cipriano. Estos proponían la readmisión de los lapsi sin condiciones necesarias de por medio. Cipriano le depuso y le excomulgó a él y a su partidario Augendius. Felicísimo recibió el apoyo de Novatus y otros cuatro presbíteros, que organizaron una fuerte oposición al obispo.
Cuando, tras una ausencia de catorce meses, y tras la muerte del emperador Decio, Cipriano volvió a su diócesis, defendió su marcha (guiado por una visión, para el bien de la comunidad) en cartas a los otros obispos del Norte de África y un tratado De lapsis, y convocó un concilio de obispos norteafricanos en Cartago para considerar el tratamiento de los lapsi y el cisma de Felicísimo (251). El concilio apoyó a Cipriano y condenó a Felicísimo, aunque no se conservan actas del mismo. Los libellatici, es decir, cristianos que habían obedecido al emperador, serían readmitidos tras arrepentimiento sincero, pero los que habían tomado parte en sacrificios al emperador sólo podrían volver a la Iglesia cuando estuvieran cerca de la muerte. Este concilio pervivió en el debate entre rigoristas y laxos, que dará lugar a concilios posteriores, especialmente tras las persecuciones de Valeriano. Más tarde esta regulación se suavizó, e incluso los que habían celebrado sacrificios fueron readmitidos si se arrepentían inmediatamente y buscaban la absolución, aunque los clérigos caídos fueron depuestos y no podían recuperar sus cargos.
En Cartago, los seguidores de Felicísimo eligieron a Fortunato como obispo en oposición a Cipriano, mientras que en Roma los seguidores del presbítero Novaciano, que también rechazó la absolución para los lapsi, le eligieron obispo de Roma, en oposición al obispo legítimo Cornelio. Los novacionistas consiguieron la elección de un obispo rival de su bando en Cartago, llamado Máximo. Novatus abandonó a Felicísimo y se unió al bando novaciano.