Un chiste o chascarrillo es una narración oral o escrita breve, ficticia y humorística que es graciosa y suscita la risa. A veces también puede ser satírico, irónico, crítico o burlesco.
Contiene un juego verbal o conceptual fundado en el humor, capaz de provocar la risa, y a diferencia del apólogo, la fábula o la parábola, no pretende moralizar o enseñar, sino solo divertir o distraer. Muchas veces se presenta ilustrado por un dibujo (chiste gráfico) y constituye uno de los principales géneros jocosos.
Por lo general, se considera que los chistes se benefician de la brevedad, ya que no contienen más detalles que los necesarios para preparar la escena para el remate final. En el caso de los chistes de adivinanzas o de una sola línea, el escenario se entiende implícitamente, dejando solo el diálogo y el remate para ser verbalizado. Sin embargo, la subversión de estas y otras pautas comunes también puede ser una fuente de humor: las historias sin ton ni son son una clase propia de anti-chiste; aunque se presenta como un chiste, contiene una larga narración del tiempo, el lugar y el personaje, divaga a través de muchas inclusiones sin sentido y, finalmente, no ofrece un remate. Los chistes son una forma de humor, pero no todo el humor es un chiste. Algunas formas de humor que no son chistes verbales son: el humor involuntario, el humor de situación, las bromas pesadas y las anécdotas.
Se debe distinguir de la broma, que consiste en crear una situación cómica a partir de una persona, una situación o un evento real, mientras que un gag difiere del chiste en que el humor no es verbal, sino visual, como en el caso del tartazo o lanzamiento de pasteles o tortas de crema a la cara de alguien, característico de la comedia de tipo slapstick.
La más antigua compilación occidental de chistes es el Philogelos, una antología en griego de 265 chistes reunidos en un manuscrito del siglo IV o siglo V. En España, las primeras compilaciones de chistes se encuentran en el género renacentista de las misceláneas del siglo XVI y siglo XVII, de ámbito especialmente cortesano, destacando en especial Pero Mexía, quien los agrupó por temas[cita requerida], entre muchos otros entre los que cabe mencionar a Juan Timoneda. Algunos poetas cultivaron especialmente este tipo de divertimentos cortesanos, como por ejemplo Baltasar del Alcázar. Denominados también como sales o facecias, en el siglo XVIII y siglo XIX suelen ponerse en verso y publicarse en forma de libro o en la prensa como epigramas, constituyendo una parte muy importante de la literatura de entretenimiento y ocupando con frecuencia una parte de la producción de los escritores en verso (por ejemplo, el Cementerio de Momo de Francisco Martínez de la Rosa). En el siglo XIX se extiende especialmente el cultivo del non sense inglés. Los primeros humoristas profesionales del siglo XX escribieron enormes compilaciones de los mismos, como por ejemplo las varias que imprimió Luis Esteso López de Haro, quien llegó a reunir unos seis mil.
La mayoría de los chistes tiene dos partes: la introducción (por ejemplo, "Un hombre entra a un bar...") y una gracia, que unida con la introducción provoca una situación graciosa que hace reír a la audiencia.
Teorías psicológicas de las bromas y su estudio
Por qué nos reímos ha sido estudiado en numerosas ocasiones por expertos en el campo de la psicología, es el caso de:
Society of Mind (La sociedad de la mente), obra de Marvin Minsky. Minsky sugiere que la carcajada tiene una función específica que se relaciona con el cerebro humano. Opina que los chistes y la risa constituyen mecanismos que utiliza el cerebro para aprender el absurdo. Por este motivo, argumenta que un chiste, después de escucharlo varias veces, ya no es divertido.
The mechanism of the mind («El mecanismo de la mente») y I am right, you are wrong («Yo tengo razón, tú estás equivocado») de Edward de Bono. De Bono sugiere que la mente es una máquina que trabaja formando patrones, y que funciona reconociendo historias y conductas para ponerlas en patrones familiares. Cuando una conexión familiar se interrumpe, y alternativamente un vínculo nuevo e inesperado se produce en el cerebro por una ruta distinta a la esperada, se origina la risa con la nueva conexión. Esta teoría explica bastante acerca de los chistes. Por ejemplo:
Por qué un chiste solo es gracioso cuando se oye por primera vez: una vez que se oyó una vez, se origina el patrón de reconocimiento, por lo que no puede haber nuevas conexiones, y por lo tanto no hay risa.
Por qué los chistes tienen un inicio elaborado y a menudo repetitivo: La repetición establece el patrón familiar en el cerebro. Un método usual es decir casi la misma historia dos veces para luego decir la parte graciosa la tercera vez que se cuenta la historia. Las primeras dos veces de la historia evocan un patrón familiar en el cerebro, y de este modo preparan el cerebro para la parte cómica.
Por qué los chistes con frecuencia recurren a estereotipos: el uso de estereotipos crea un nexo con una conducta familiar esperada, ahorrando tiempo en la introducción del chiste.
Por qué hay variedades de historias bien conocidas (por ejemplo, el genio de la lámpara): esto ahorra tiempo en la introducción y establece un patrón familiar.
Freud señala que el chiste, junto con los actos fallidos, es una de las formas como las representaciones pueden emerger al consciente de una manera desfigurada en hechos que trascienden nuestra vida diaria.
Los actos fallidos son acciones causales y somáticas y actos u operaciones fallidas que tienen un sentido (llevan un mensaje) y un propósito (cumplen una función), resultado de un conflicto intra psíquico por una lucha de fuerzas, en el aparato psíquico, de representaciones inconscientes (reprimidas), que quieren devenir conscientes, contra las representaciones conscientes (manifiestas). Esta lucha de fuerzas produce una interferencia entre la representación consciente (perturbadora) y la representación inconsciente (perturbada), produciéndose un refrenamiento y sofocación. Así, se suscita una transacción entre sistemas (Consciente-Inconsciente) sin éxito ni fracaso de ninguno.
Lo anterior produce muchos comportamientos apreciables, como ser el olvido de nombres propios, en el que no solo se olvida, sino que se recuerda erróneamente y acuden a la conciencia nombres sustitutivos, que persisten con tenacidad. De aquí que Freud deduce que existe una determinada conexión con el nombre erróneo y el olvidado. A veces, el nombre es olvidado como garantía de propósito. Lo mismo se aplica al olvido de palabras extranjeras y de series de palabras. De igual manera se producen las equivocaciones orales o lapsus linguae, en los que la equivocación obedece a la perturbación causada por una idea reprimida o semirreprimida, extraña a la que se quiere expresar; puede ocurrir por sustitución de palabra o por semejanza o similicadencia.
En cualquier caso, la perturbación ocurrida intenta evitar que despierte el recuerdo de una sensación penosa o desagradable. Y lo que nunca falta en toda clase de equivocaciones (orales, escritas, de lectura, de nombres, de acciones, olvidos, etc.) es la palabra o idea perturbadora, sea cualquiera la causa de que proceda, la que impide a una representación inconsciente devenir consciente.