El chiismo, islam chií o islam chiita (o chía, en árabe: شيعة, romanizado: shiʿa) constituye la segunda rama más grande del islam después del sunismo. Es el nombre tradicional por el que se conoce a la escuela de jurisprudencia islámica Ya'farita. El chiismo es profesado por alrededor del 5 % al 10 % de los 1900 millones de musulmanes existentes en el mundo.
El principal líder simbólico a nivel mundial es en la actualidad Ali al-Sistani.
Un seguidor del Islam es conocido como «musulmán», mientras que un musulmán que cree que Ali ibn Abi Tálib fue el sucesor político (califa) y espiritual (imam) designado por el Profeta Mahoma es llamado «chía» —forma abreviada de «chíat-u-Ali», que significa «partidario de Alí»— término que ha sido castellanizado como «chiita» o «chií».
Chía, que significa literalmente ‘partidario’ o ‘seguidor’, se refiere a aquellos que consideran que la sucesión del Profeta es un derecho especial de su familia (y los descendientes del matrimonio entre Ali y Fátima az-Zahra), y a aquellos que en el campo de las ciencias y cultura islámicas siguen la escuela de la Ahl ul-Bayt.
Etimológicamente, chía deriva del árabe shi‘a, que significa facción, partido, o seguidor. Se refiere históricamente a los seguidores de la shi'a del imam Ali, partido, facción o seguidores de Alí, en las luchas por el poder que siguieron a la muerte de Mahoma. Los chiíes consideran que poco antes de su muerte, Mahoma, al regresar de la peregrinación a La Meca, reunió a más de 100 000 creyentes en Ghadir Jum y dijo ante ellos que quienes le considerasen su maestro hiciesen lo mismo con 'Ali Ibn Abu Tálib.
Usualmente, la postura chiita tradicional es que el califato (considerado derecho legítimo de Alí y orden directa de Mahoma) fue usurpado por Abu Bakr, Umar ibn al-Jattab, y Uthman ibn Affán respectivamente. Por ende, aunque los musulmanes sunitas consideran a los cuatro califas ortodoxos como sucesores legítimos del profeta Mahoma, los chiitas consideran a Alí ibn Abi Talib como el único y legítimo sucesor inmediato de Mahoma.
En el Corán se menciona que al regresar de la última peregrinación, el Profeta Mahoma recibió la siguiente orden de Dios:
Mahoma se detuvo en Ghadir al-Jumm el 18 de du l-hiyya del décimo año de la Hégira para comunicar el mensaje a los peregrinos antes de que se dispersaran. Como hacía mucho calor, se construyó para él una tarima cubierta con ramas. Luego el Profeta dio un sermón muy extenso. En un momento le preguntó a sus fieles seguidores si él (Mahoma) tenía más autoridad (awla) sobre los creyentes de la que ellos tenían sobre sí mismos. La multitud gritó: «Sí, es así, Oh Apóstol de Alá». Entonces Mahoma tomó de la mano a Ali ibn Abi Tálib, su primo y yerno, y declaró:
El 18 de du l-hiyya de cada año se celebra en el mundo chiita el aniversario de la declaración de Ghadir al-Jumm.
Cuando murió Mahoma en el año 632, un grupo de sus compañeros decidieron ignorar la proclamación de Ghadir al-Jumm y nombraron de entre ellos al sucesor del Profeta [eligiendo a Abu Bakr como califa en lugar de Ali]. No obstante, parte de los creyentes tomaron partido por Ali ibn Abi Tálib, primo y yerno de Mahoma, ya que consideraban que este era su único sucesor legítimo dado que había sido la persona más cercana a Mahoma, y el Profeta lo había señalado como sucesor en varias ocasiones, la más notable en Ghadir al-Jumm. Este grupo de partidarios de Alí (chíat-u-Ali) se negaron a reconocer a los sucesivos califas o sucesores del Profeta: Abu Bakr, Umar y Uthmán.
Tras la muerte de este último, Alí es finalmente elegido califa. Sin embargo, acusado de haber instigado la muerte de su predecesor, su poder será contestado por Mu'awiya, gobernador de Siria y miembro de la familia de los Omeyas, iniciándose así una guerra civil entre ambas facciones. En el campo de batalla de Siffín ambos líderes aceptaron someter sus diferencias al dictamen de un árbitro independiente. Sin embargo, de las filas de Alí surgirá una tercera facción, la de los jariyíes, que no aceptaron el arbitraje. Esta facción asesinó a Alí en el 661, y el mismo día trataron de acabar también con Mu'awiya y con el árbitro, sin lograrlo.
Los partidarios de Alí pusieron entonces sus esperanzas en su hijo Hasan, que presionado y engañado por Mu'awiya renunció al poder. El segundo hijo de Alí, Husáyn ibn Ali, se negó a jurar lealtad a Mu'awiya, debido a su corrupción, y fue muerto junto a 72 seguidores en la Batalla de Karbalá (Irak) contra el ejército de Yazid, hijo de Mu'awiya, compuesto por más de treinta mil hombres. Su muerte en el campo, en 680, marcará el principio del cisma entre los chiíes y aquellos a quienes se llamará más tarde «suníes». Los chiíes conmemoran este suceso el día de Ashura, el décimo día del mes Muharram.
Tras el suceso de Ashura (el martirio de Husáyn ibn Ali) los chiíes nombraron a Ali ibn al-Husayn como el siguiente Imam. Sin embargo, una minoría, conocida como Kisaniyah, siguió a Muhámmad Ibn Hanafiyah como su Imam y lo consideró como el cuarto y último Imam.
Ali ibn al-Husayn muere martirizado el año 95 de la Hégira en Medina (el 712 en el calendario gregoriano). Los chiíes nombran entonces a Muhámmad al-Báqir como siguiente Imam. De nuevo, una minoría, conocida como los Zaidíes, discrepó de esta sucesión y consideraron que el Imam debía ser Zaid Ibn Alí, otro hijo del Imam Sayyad.
Tras la muerte de Muhámmad al-Báqir, los chiíes nombraron Imam a Yá‘far as-Sádiq y luego a Musa ibn Ya'far (Musa al-Kazim). Este último nombramiento causó un nuevo cisma entre los chiíes, puesto que un grupo consideró que Ismaíl (otro hijo del Yá‘far as-Sádiq) debía ser el siguiente Imam después de Sádiq. Son los llamados Ismailíes. Simultáneamente, otro grupo, conocido como los Fatahíes, siguió a Abdul·lah Aftah, hermano de Musa ibn Ya'far.
Musa ibn Ya'far muere el 25 de Rayab del año 183 de Hégira, y los chiíes nombran como siguiente Imam a Ali ibn Musa (Alí ibn Musa ar-Rida). Algunos chiíes conocidos como los Waqifiyah (aquellos que se detuvieron en el séptimo Imam) consideran que no hay ningún Imam tras la muerte de Musa ibn Ya'far.
Tras el martirio de Ali ibn Musa, los chiíes siguieron a su hijo Muhammad al-Yawad y, más tarde, a Ali al-Hadi. Después de su martirio los chiíes siguieron a Hasan al-Askari y luego también a Mahdi ibn Hasan.
Este último tiene una especial consideración para los chiíes. Según sus creencias, el Mahdi sigue con vida, oculto. También creen que es el salvador esperado por la humanidad.