Tal Día como Hoy

Charlotte Corday

Revolucionaria francesa (1768-1793)

Anúncio

Marie Anne Charlotte de Corday d'Armont, conocida como Charlotte Corday y en textos en español de la época y posteriores como Carlota Corday (Saint-Saturnin-des-Ligneries, 27 de julio de 1768 - París, 17 de julio de 1793), fue un personaje de la Revolución francesa, seguidora del partido de los girondinos, famosa por haber asesinado al revolucionario y líder jacobino Jean-Paul Marat. Corday consideraba a Marat responsable de las Masacres de septiembre de 1792 y, creyendo que la Revolución estaba en peligro debido al radicalismo de los jacobinos, decidió asesinarlo.

El 13 de julio de 1793, tras viajar a París y obtener una audiencia con Marat, Corday lo apuñaló mortalmente con un cuchillo mientras este tomaba un baño medicinal. El asesinato de Marat fue conmemorado en el cuadro «La muerte de Marat» de Jacques-Louis David. Corday fue inmediatamente arrestada, declarada culpable por el Tribunal Revolucionario y, el 17 de julio, cuatro días después de la muerte de Marat, ejecutada en la guillotina en la plaza de Grève. En 1847, el escritor Alphonse de Lamartine le dio a Corday el apodo póstumo de «l'ange de l'assassinat» (el ángel del asesinato).

Hija de François de Corday d'Armont, gentilhombre de provincias de humilde fortuna, y de Jacqueline-Charlotte-Marie de Gontier de Autiers, era bisnieta del famoso autor Pierre Corneille.​ La muerte de su madre forzó al Sr. Corday a separarse de sus cinco hijos. Las tres hijas entraron en un monasterio de Caen. Entonces Charlotte tenía trece años, y veintidós en el momento de la supresión de los monasterios mediante el decreto del 13 de diciembre de 1790. Sus lecturas son los clásicos, reflejo de su curiosidad intelectual, y su padre le prestó algunos volúmenes de Montesquieu y Rousseau. Admira a los filósofos, se abre a las nuevas ideas pero conserva su fe religiosa, siendo solitaria y piadosa.​ Su vieja tía, Madame de Bretteville, la acogió en su casa de Caen al salir del convento. Charlotte ya se inclinaba entonces hacia las nuevas ideas. Era el tiempo en el que los girondinos luchaban contra sus enemigos en la Convención; era el tiempo en el que el jacobino Jean-Paul Marat, que pronto representará para ella la tiranía, triunfaba en París.[cita requerida]

Los girondinos proscritos y fugitivos se refugiaron en Calvados. Tenían asambleas a las que Charlotte Corday asistió en numerosas ocasiones. Fue así como se codeó con Buzot, Salles, Pétion, Valady, Kervélégan, Mollevault, Barbaroux, Louvet, Giroust, Bussy, Bergoing, Lesage, Du Chastel y Larivière. Escuchando sus explicaciones sobre los disturbios y arrestos, probablemente Marat se convirtió a ojos de Corday en símbolo de la injusticia y la mentira.

El 9 de julio de 1793, dejó Caen para dirigirse a París donde se hospedó en el Hôtel de la Providence, el 11 de julio al mediodía. Provista de una carta de presentación de Barbaroux, se presentó en casa del diputado Lauze de Perret, por quien se enteró de que Marat ya no aparecía por la Convención. Era necesario entonces encontrarlo en su propia casa. Ella le escribió lo siguiente:[cita requerida]

No habiendo podido presentarse ante Marat, le hizo llegar una segunda carta:[cita requerida]

Sin esperar una respuesta, Charlotte Corday salió de su habitación a las siete de la tarde y se presentó en el número 18 de la rue des Cordeliers.[cita requerida]

Alphonse de Lamartine, en su «Histoire des Girondins», libro 44, escribió:

Charlotte Corday fue detenida, protegida de la furia del pueblo, y transportada a la Abbaye, la prisión más cercana a la residencia de Marat, para indagación e interrogatorio. Se encontró, entre otras cosas, bajo sus prendas de vestir, una hoja de papel doblada en ocho partes en la que había sido escrito:[cita requerida]

Charlotte Corday murió guillotinada el 17 de julio de 1793. En el momento en que la cabeza cayó en el cesto, el ayudante del verdugo, un carpintero ferviente maratista, la agarró del cabello y la abofeteó. Fue encarcelado por la ofensa a la entereza que hasta ese momento había mostrado la condenada.​

Los jacobinos la habían acusado de tener amantes y haber actuado por amor a un hombre, por lo que su cuerpo fue autopsiado en el hospital de la Charité, confirmando su virginidad, para su decepción.​ Fue enterrada en el cementerio de La Madeleine, cuyos huesos, incluyendo los de Corday, fueron trasladados en 1794 a las Catacumbas de París. El cráneo había sido guardado por Charles-Henri Sanson y entregado al secretario de Danton, luego adquirido por la familia Bonaparte y finalmente por los descendientes del conde Radziwill desde 1859.​

Las consecuencias directas de su crimen fueron las opuestas a las que ella esperaba: el asesinato no detuvo a los jacobinos ni al Reinado del Terror, que se intensificó tras el asesinato.​ Marat también se convirtió en mártir; un busto suyo reemplazó una estatua religiosa en la rue aux Ours, y varios topónimos fueron cambiados en honor a Marat. Las acciones de Corday contribuyeron a reestructurar el rol privado versus público de la mujer en la sociedad de la época. La idea de las mujeres como de segunda clase o inferior fue cuestionada, y Corday fue considerada una heroína para quienes se oponían a las enseñanzas de Marat. Se ha sugerido que su acto incitó a la prohibición de los clubes políticos de mujeres y a la ejecución de activistas como la girondina Madame Roland.​ El acto de Corday transformó la idea de lo que una mujer era capaz de hacer, y para quienes no la rechazaron por su acto, fue una heroína. André Chénier, por ejemplo, escribió un poema en honor a Corday, que destacaba la «masculinidad» que poseía Corday durante la revolución, comparada con la falta de masculinidad de los hombres.​

El asesinato de Marat a manos de Corday fue considerado vil, una «declaración arquetípicamente masculina», cuya reacción demostraba que, se aprobara o no lo que hizo, era evidente que el asesinato de Marat cambió el papel y la posición política de las mujeres durante la Revolución Francesa.​ Corday se sorprendió por la reacción de las mujeres revolucionarias, declarando: «Comme j'etais vraiment de sang-froid, je souffris des cris de quelques femmes; mais qui sauve la patrie ne s'aperçoit point de ce qu'il en coûte» («Como estaba genuinamente serena, sufrí los gritos de algunas mujeres. Pero quien salva la patria no se da cuenta de lo que cuesta»).​

La imagen de Corday, así como el asesinato, han sido reproducidos por varios artistas, como la pintura de Jacques-Louis David de 1793, La muerte de Marat o la pintura de Paul-Jacques-Aimé Baudry de 1860, Charlotte Corday. Alphonse de Lamartine le dedicó un libro de su serie Histoire des Girondins (1847), en el que le dio su ahora famoso apodo: «l'ange de l'assassinat» (el ángel del asesinato).​

Varias calles de Francia llevan su nombre, entre ellas la rue Charlotte Corday en Argentan, Verson y Vimoutiers, la avenida Charlotte Corday en Caen o la plaza Charlotte Corday en Émerainville, un suburbio al este de París.

Wikimedia Commons alberga una galería multimedia sobre Charlotte Corday.

Las imágenes de Charlotte Corday y de lugares de su vida

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Charlotte Corday | World in Stories