Tal Día como Hoy

Cerdeña

Isla y región de la República Italiana

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Cerdeña (en italiano, Sardegna; en sardo, Sardigna o Sardìnnia; en alguerés, Sardenya; en gallurés, Saldigna; en sassarés, Sardhigna) es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana. Su capital y ciudad más poblada es Cagliari. Está ubicada en la Italia insular. Limita al norte con el estrecho de Bonifacio, que la separa de la isla francesa de Córcega, al este con el mar Tirreno y al sur y oeste con el mar Mediterráneo.

Con 24 100 km² es la tercera región más extensa del país —por detrás de Sicilia y Piamonte— y con 69 hab/km², la tercera menos densamente poblada detrás de Valle de Aosta y Basilicata. Es una de las cinco regiones italianas con estatuto especial. Por superficie es la segunda isla del Mediterráneo, la octava de Europa y la cuadragésimoctava del mundo.

La mención más temprana a la isla aparece en la Estela de Nora, una inscripción fenicia encontrada al sur de la isla que contiene el topónimo šrdn (𐤔𐤓𐤃𐤍) y que también menciona Tarsis (𐤕𐤓𐤔𐤔).​ El fundador epónimo de Cerdeña fue Sardo, hijo de Hércules.​

En Cerdeña hubo una civilización prehistórica de la que quedan monumentos megalíticos. Las primeras domus de janas (casas de las hadas) se remontan al 2000-1800 a. C., en plena Edad del Bronce; se trata de pequeñas tumbas excavadas en la roca, a veces reunidas en grupos numerosos, en las que según la tradición popular moraban hadas y brujas. La cultura nurágica, de la que quedan sobre todo los nuragas, se desarrolló desde el siglo XVI hasta el IX a. C. Entonces llegaron los fenicios: se han descubierto en las excavaciones terracotas de origen fenicio. Estos la llamaron "ŠRDN" (Shardan/Sherden o variantes cercanas). A los fenicios los sucedieron los cartagineses, cuyas ciudades más importantes fueron Káralis, Tharros y Nora.

En el 238 a. C. la tomaron los romanos, como consecuencia de la derrota cartaginesa en la Primera Guerra Púnica. Cerdeña se convirtió en provincia romana, y las ciudades costeras que existían fueron engrandecidas y embellecidas, mientras que se fundaron colonias como Turris Lybissonis y Feronia, que fueron pobladas por inmigrantes romanos. La ocupación romana acabó con la civilización nurágica. A pesar de las campañas por las cordilleras centrales, llamadas por los romanos Barbaria (sardo moderno Barbagia), la dominación romana del centro de Cerdeña fue más bien nominal.

Tras 694 años, en los primeros siglos de la Edad Media, Cerdeña fue saqueada por los vándalos (siglo V), quienes ocuparon Caralis junto con otras ciudades costeras de Cerdeña. El dominio duró setenta y siete años de los que poco se sabe, salvo que los vándalos adoptaron en gran medida la previa estructura romana. También la ocuparon los godos. Sin embargo, los bizantinos la recuperaron para el Imperio en el año 533, cuando los vándalos fueron derrotados por los ejércitos de Justiniano I al mando del general Belisario en la batalla de Tricamaro.​ Los bizantinos se quedaron en la isla hasta el siglo X. La autoridad bizantina era centralizada hasta alrededor del año 650, después la autoridad se delegó en las manos de los legados bizantinos locales. Se debió en gran medida a problemas locales como los ataques de los moros y de los bereberes sobre las costas sardas. Los sarracenos hicieron incursiones en esta isla del Mediterráneo (el primer ataque se documenta en el año 705) y ocuparon la isla durante setenta años.​ Estos ataques fueron cada vez más importantes, lo que dio como resultado que los habitantes abandonaran las ciudades costeras.

En los siglos XII y XIII, Génova, Pisa y los Estados Pontificios lucharon largo tiempo por imponer su poder en los Juzgados.​ A finales del siglo XIII el papa Bonifacio VIII determinó que Cerdeña pasara a la Corona de Aragón. La cesión se formalizó en el año 1324, cuando el entonces infante Alfonso, futuro Alfonso IV, «el Benigno», tomó Cerdeña durante los últimos años del reinado de Jaime II.​

El dominio se prolongó hasta el siglo XVIII y mantuvo en la isla una organización de tipo feudal cuya presencia destaca sobre todo en Alguer, repoblada por catalanes, después de una sublevación en la ciudad. Cerdeña se cedió a Austria en el año 1713, en virtud del tratado de Utrecht. Pero en 1718, después del Congreso de Londres, Cerdeña pasó a ser posesión de Víctor Amadeo II de Saboya. Y, a través de la casa de Saboya, fue incorporada finalmente al Reino de Italia en el año 1861.

Esta isla se encuentra en el centro del mar Mediterráneo occidental, entre Córcega al norte, de la que la separa el estrecho de Bonifacio, la península italiana al este, Túnez al sur y las islas Baleares al oeste. Ocupa una superficie de 24.090 km². (un área comparable a la de Israel).

La isla es de geoformación antigua y, a diferencia de Sicilia y la Italia continental, no tiene riesgo sísmico. Sus rocas datan del Paleozoico (hasta 500 millones de años de antigüedad). Las tierras altas de la isla están formadas de granito, esquisto, traquita, basalto (llamados jarras o gollei), arenisca y caliza dolomítica (llamados tonneri), con una altitud media entre 300 y 1000 metros.

Los ríos son de régimen de estiaje y los más importantes son: el Tirso de 151 km de largo, que fluye al mar de Cerdeña, luego está el Coghinas (115 km) y después el Flumendosa (127 km). Hay 54 lagos artificiales formados por presas que proporcionan agua y electricidad. El único lago natural de agua dulce es el de Baratz, al norte de Alguero. En la costa hay una serie de lagunas salobres grandes y poco profundas. También destaca la cascada de Sa Spendula uno de los símbolos geológicos de Cerdeña.

Las costas de Cerdeña (1849 km de largo) son, en general, altas y rocosas con franjas largas, relativamente rectas, de litoral, con muchos cabos y unas pocas bahías, anchas y profundas, además de unas cuantas rías. Entre los golfos más destacados figuran Asinara al norte, Orosei al este, Cagliari al sur, y Oristán al oeste. Hay muchos islotes y varias islas menores frente a la costa, entre las que puede mencionarse Asinara, San Pietro, Sant’Antioco, Tavolara y el archipiélago de la Magdalena con Caprera.

Es una isla rica en bosques, es la región italiana con mayor extensión de superficie forestal.​ La precipitación media es en torno 800 mm al año; en el cabo Carbonara se ha registrado el valor mínimo absoluto con una media de 381 mm anuales.​ En las áreas internas de la mayor parte de la isla la precipitación media es de 1000 mm y en las proximidades de los principales relieves montañosos, se registran los valores pluviométricos mayores de toda la región que puede también superar los 1000 mm anuales. La lluvia se concentra en el invierno y el otoño, con algunas lluvias torrenciales en la primavera y nevadas en las tierras altas.​

Más del 80 % del territorio está formado por montañas o colinas; el 67,9 % son colinas y altiplanos rocosos, algunos de los cuales, muy característicos, son llamados giare o gollei. Las montañas son el 13,6 % y están formadas de rocas antiquísimas niveladas por un lento y continuo proceso de erosión. La cima más elevada de estas montañas es Punta La Mármora (1834 m), en el macizo de los Gennargentu, que están en la parte oriental de la isla. Al norte y noreste se encuentran el monte Limbara (1362 m), Lerno (1093 m), Rasu (1269 m) y Albo (1057 m), macizo calizo cuya máxima altura está formada por dos cimas: punta Catirina y punta Turuddò, las dos de 1127 m. Al oeste, en la comarca de Montiferru, existe un macizo de origen volcánico con el mismo nombre cuya máxima elevación es el monte Urtigu (1050 m). En la Cerdeña meridional se encuentran los montes del Sulcis cuya cima más elevada es Monte Is Caravius (1116 m), y el Monte Linas (1236 m) en el suroeste, cuya cima más alta, Punta Perda de sa Mesa (1236 m) es la más alta del sur de la isla. La llanura de Campidano, en la mitad meridional, es la más extensa de toda la isla.

La isla es muy ventosa; el viento dominante es el mistral, que procede del noroeste a lo largo de todo el año, aunque sobre todo sopla en el invierno y la primavera. Normalmente es seco y fresco, y a veces alcanza velocidades muy altas. También se encuentra con cierta frecuencia el siroco. Estos vientos han favorecido la implantación de algunos parques eólicos sobre las crestas de algunos relieves y en algunas plantas industriales (Macchiareddu y Fiume Santo).

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