Caupolicán (Región del Biobío, en la zona sur de Chile-Cañete, 27 de junio de 1558) (en mapudungun: Kallfülikan o tal vez Kewpulikan) fue un toqui mapuche (y un posible sobrino de Colo Colo) que lideró la resistencia de su pueblo contra los conquistadores españoles que llegaron al actual Chile durante el siglo XVI.
Si bien Caupolicán fue un hombre de gran destreza y valor, su fama se debe principalmente a los versos que le dedicó el poeta Alonso de Ercilla en su largo poema épico La Araucana. El poeta formaba parte del ejército de García Hurtado de Mendoza y, al parecer, fue testigo directo de las hazañas del jefe mapuche.
Su principal esposa conocida fue Fresia, también denominada Güeden o Paca por otros autores. Su principal hijo conocido fue Lemucaguin, también llamado como Caupolicán el Joven.
Jerónimo de Vivar en su crónica anota el nombre del toqui como Teopolican (y en una ocasión Otopolican). Tanto Vivar como Ercilla (que también escribe el nombre también como "Caupolicano" por facilidades de rima) mencionan que el líder mapuche no veía de un ojo (Ercilla) o que era tuerto (Vivar). Vivar señala que era originalmente "señor" o lonco de cierto pueblo de "Pelmayquen", del que hay hoy un río o estero homónimo (río Pilmaiquén), ubicado al noroeste de Cañete en la provincia de Arauco. En otro pasaje Vivar señala que era jefe de cuatro mil guerreros, siendo superado en tropa por Colocolo (seis mil), Paylahuala y Ayllacura (cinco mil).
Luchó desde su juventud contra los conquistadores españoles para mantener la región en la que estaba bajo su control. Fue elegido toqui (jefe militar) de los mapuches, siendo sucesor de Lautaro, aunque Alonso de Ercilla destaca su elección antes, siendo el candidato secreto de Colo Colo para la conducción de la guerra. Al parecer era miembro de una familia muy respetada en la sociedad mapuche, pues él y sus hermanos estaban siempre en el núcleo de jefes que planificaba los movimientos de guerra. De hecho, Gerónimo de Vivar lo señala en la Batalla de Millarapue:
Además, sabemos de su hijo Lemucaguin. El historiador Juan Ignacio Molina escribió que el toqui en Quiapo era Caupolicán el joven, hijo del toqui Caupolicán.
Los mapuches son un pueblo que resistió la conquista española del sur de Chile. Junto con Lautaro fue uno de los conductores de los araucanos en las guerras del siglo XVI. Cooperó con Lautaro en la toma del fuerte Tucapel y en la batalla de Tucapel, donde es derrotado el ejército conquistador y muere Pedro de Valdivia. Su nombre es símbolo de la resistencia indígena, su vida y hechos son recogidos por Alonso de Ercilla —uno de los capitanes de García Hurtado de Mendoza y Manrique— en su obra épica La Araucana y Rubén Darío en su poema Caupolicán.
Es muy probable que Caupolicán cuyos dominios estaban en Pilmaiquén contiguo a Cañete fuera parte de la batalla donde Valdivia y sus soldados fueron categóricamente derrotados por las huestes de Lautaro, una vez decidido el combate, Valdivia y el clérigo Pozo, sobrevivientes de la masacre, huyeron a caballo por la orilla del estero Pichidenquehue y al llegar a la confluencia del río Pilmaiquén sus caballos se empantanaron en unas ciénagas siendo estos capturados por los mapuches, entre los que estaba Caupolicán quien abogó por la inmediata ejecución de Valdivia. No hay referencias históricas de que Caupolicán fuera el ejecutor del líder hispano, sin embargo en las crónicas de Vivar se señala a un jefe indio llamado Teopolicán como el ejecutor de Valdivia.
El fin de Valdivia según Jerónimo de Vivar relatado en su Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile (1558), capítulo CXV:
Después de la muerte de Lautaro, los mapuches quedaron sin un jefe digno que los guiara; esto se evidenció en el combate del Fuerte de San Luis, que no pudo ser tomado, y en la batalla de Lagunillas el 8 de noviembre de 1557. Entonces, una crecida fuerza de 12 000 mapuches al mando de varios toquis —entre ellos, los caciques Lincoyán y Galvarino— atacó a una poderosa fuerza realista al mando de García Hurtado de Mendoza. Al pasar el río Biobío, proveniente de Concepción, García traía una fuerza de 600 soldados bien armados y unos 1500 yanaconas, que fueron arremetidos por esta fuerza mapuche en unos cenagales, llamados «lagunillas».
El ataque fue desorganizado, y a pesar de la gran diferencia numérica, los mapuches fueron derrotados en una brutal lucha cuerpo a cuerpo; dejando en el campo cientos de muertos y heridos y 150 prisioneros. Entre estos prisioneros estaba uno de los toquis: Galvarino. García de Hurtado y Mendoza, haciendo gala de la misma actitud, tan común entre los conquistadores españoles, así como la de Pedro de Valdivia en la Batalla de Andalién, ordenó como escarmiento, mutilar la mano derecha y la nariz a los prisioneros. Galvarino no sólo colocó su mano derecha para que le fuera amputada, sino que, en un acto de gran valor, colocó la otra mano ante su verdugo y ambas fueron amputadas antes de ser liberado. Esta forma de escarmiento lograba enfurecer y endurecer aún más a los mapuches frente a los usurpadores de su territorio.
Elección de Caupolicán como toqui
Después de estas derrotas los mapuches se reunieron en un gran Consejo en la Sierra de Pilmaiquén, este Consejo tenía por objetivo unificar en un solo mando a las fuerzas mapuche, con la elección de un toqui. Caupolicán fue elegido por su gran fortaleza física y valentía. Era de rostro severo y tuerto desde la niñez. Según cuentan las tradiciones, Caupolicán tuvo que demostrar su fuerza ante los caciques, entre los que se encontraba Tucapel y Rengo, presididos por Colo Colo, sosteniendo un grueso tronco de árbol sobre sus hombros durante dos días y dos noches sin desmayarse antes de ser elegido toqui; Caupolicán fue el vencedor entre otros candidatos tales como Ongolmo, Lincoyán y Elicura.
Alonso de Ercilla lo inmortalizaría en La Araucana:
A fines del siglo XIX, el poeta nicaragüense Rubén Darío escribió «Caupolicán», uno de los sonetos aparecido en el libro Azul... (1888), en cuya escena mitifica la mencionada gesta del héroe.
Después de la victoria de las armas españolas en Lagunillas, García se internó en territorio hostil buscando una batalla decisiva. Las fuerzas realistas acamparon en Millarapue, al interior de la Araucanía, el 29 de noviembre. Los mapuches al mando de Caupolicán, intentaron un ataque por sorpresa al campamento enemigo en la alborada del 30 de noviembre. Coincidió que ese día se celebraba entre los españoles el Día de San Andrés y sonó el toque de una alegre diana de trompetas, que los mapuches interpretaron como alarma; y así, creyéndose descubiertos, se arruinó el ataque por sorpresa.
El número de atacantes era 15 000; entre ellos venía Galvarino al frente, que se mostraba con su dos brazos cortados azuzando las pasiones de sus camaradas. La batalla fue encarnizada.
La batalla de Millarapue duró desde la madrugada, hasta las 14:00 horas del día siguiente, y Caupolicán la dirigió montado en un caballo blanco. Finalmente, los mapuches fueron envueltos por los flancos y la retaguardia y derrotados. Los españoles establecieron el fuerte de Cañete, no muy lejos de donde estuvo emplazado el de Tucapel.