La Catedral Metropolitana de Santiago es la sede de la arquidiócesis de Santiago de Chile y el principal templo de la Iglesia católica en Chile. Como Iglesia Catedral es la sede permanente del arzobispo de Santiago y está dedicada a la Asunción de la Virgen María.
Se ubica en la comuna de Santiago, frente a la Plaza de Armas. El conjunto arquitectónico de la catedral está compuesto por el Palacio arzobispal, la Parroquia del Sagrario y el templo propiamente tal; todos estos edificios son considerados monumentos nacionales.
Muchos templos precedieron al que existe hoy en día, siendo el actual el quinto levantado en el lugar.
El 12 de febrero de 1541, día de fundación de la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, el conquistador Pedro de Valdivia destinó el costado noroeste de la Plaza Mayor o Plaza de Armas para la construcción de una iglesia. Mientras se construía, los servicios religiosos, como la Eucaristía, eran celebrados en la puerta de la casa del gobernador, ubicada donde actualmente se encuentra el Correo Central. Probablemente, en su origen debió ser solamente una capilla de materiales ligeros, como paja y barro. Por lo menos desde 1544, se tiene noticia de que ya no se celebraban misas a la intemperie, por lo que debió crearse un edificio adecuado para llevar a cabo el culto católico.
Entre 1566 y 1600 se construyó el primer templo catedralicio. Con dimensiones mucho más pequeñas que las actuales, se encontraba ricamente decorada y estaba dispuesta en dirección norte-sur, teniendo su fachada por la calle Catedral. Posteriormente, su acceso principal se encontraría enfrentando la plaza, en la llamada «Puerta del Perdón», sobre todo después de una polémica ocurrida cerca de 1600, cuando se argumentó que la puerta norte debía ser clausurada debido a la indecencia de las casas que se encontraban frente a esta (por ser de vecinos y no parte del culto). Aquella puerta se encontraba cegada parcial o totalmente hasta su destrucción en 1769.
El terremoto del 13 de mayo de 1647 afectó la zona central de la Capitanía General de Chile, destruyendo casi la totalidad de la ciudad de Santiago. La nave central de la catedral resistió el sismo, pero su sagrario colapsó y sus pertenencias pudieron ser rescatadas días más tarde. Gracias a la iniciativa del obispo Gaspar de Villarroel, fue rápidamente retocada. El terremoto del 15 de marzo de 1657 arruinó casi por completo su estructura y se debió realizar una segunda restauración entre 1662 y 1687.
El proyecto del obispo González
El terremoto del 8 de julio de 1730 volvió a resquebrajar la estructura catedralicia, por lo que determinó que las reparaciones realizadas cuatro décadas antes habían sido inútiles. A esto se sumaron los numerosos siniestros que habían afectado la estructura. En 1746 el obispo Juan González Melgarejo consideró que debía renovarse el templo en su totalidad.
Los planos de esta nueva catedral fueron obra de Pedro Vogl y Juan Hagen, dos miembros de origen bávaro de la Compañía de Jesús, que enviaron su proyecto a España para la aprobación real en 1753. Sin embargo, la obra ya había sido comenzada en 1748. Después de Vogl y Hagen, siguieron como directores de las obras Matías Vásquez de Acuña y Francisco Antonio de Barros. Este último tuvo un corto paso por las obras pues en 1779 hizo su aparición el arquitecto Joaquín Toesca para dirigir la construcción.
El obispo González adquirió las propiedades contiguas a la catedral, en la esquina de las actuales calles Catedral y Bandera —pertenecientes a la familia Pineda Bascuñán—, y resolvió cambiar la dirección norte-sur, originalmente dispuesta por Valdivia en el siglo XVI, y colocar los pies (el altar) del nuevo edificio en Bandera y el frente en la plaza, en dirección oeste-este con un largo de 100 metros. Para no verse obligado a destruir el antiguo templo, y poder seguir celebrando los servicios religiosos, González ordenó comenzar las obras por la sección nueva. El 1 de julio de 1748 se colocó la primera piedra del nuevo edificio.
González contribuyó con 55 512 pesos con 4 1/2 reales para la obra y su sucesor, Manuel de Alday, con más de 160 000 pesos. Para 1788, la Corona había donado a regañadientes 97 994 pesos con 3 1/2 reales. Para ese año se habían gastado 390 235 pesos con 5 y 1/8 reales en la catedral, que ya llevaba completada cerca de sus dos terceras partes. Luego de eso, gastaron 48 964 pesos con 2 1/3 reales para la obra, sumando 456 772 pesos con 8 y 3 reales en la catedral.
En la noche del 22 de diciembre de 1769, un incendio destruyó la totalidad de la antigua catedral; probablemente se produjo a causa del derrame del aceite de la lámpara que alumbraba el Santísimo sobre algún objeto combustible. Al redoble de las campanas de las otras iglesias, los santiaguinos acudieron en masa al lugar del siniestro, pero ya era tarde: solamente se había salvado del siniestro una imagen de la Virgen de los Dolores, que se encontraba en la Puerta del Perdón. Aparte de ello, según Vásquez de Acuña, se salvó algo de plata y oro fundido gracias al fuego.
El servicio religioso fue provisionalmente trasladado a la Iglesia de la Compañía de Jesús, que entonces se encontraba a cargo de religiosos mercedarios tras la expulsión de los jesuitas de América.
Este incendio fue el evento que aceleró los trabajos de la catedral; el 8 de diciembre de 1775, se habilitó una parte del nuevo templo y el servicio religioso volvió allí.
La catedral neoclásica de Toesca y Cremonesi
El obispo Manuel de Alday presidió su consagración en 1775. Cinco años más tarde, el prelado encomendó al arquitecto italiano Joaquín Toesca la ejecución de las fachadas de la catedral y de la Capilla del Sagrario. Toesca rehízo los planos, comenzando por dirigir las obras en el sector siniestrado, contiguo a la plaza, y modificando parte de la zona ya construida, con lo cual el templo se enriqueció arquitectónicamente. Imponiendo el estilo neoclásico, y manteniéndose por cerca de 20 años en las obras, Toesca se convirtió en el más importante arquitecto de las obras de la catedral.
Hacia 1830 el edificio estaba casi concluido y en 1840 el papa Gregorio XVI lo convirtió en Catedral Metropolitana al elevar al rango arzobispal la sede de Santiago. El auto o decreto de erección se perdió más tarde, por lo que el papa Pío IX permitió hacer uno nuevo, quedando como fecha definitiva la del 29 de septiembre de 1873. En total, la obra se había demorado cerca de 80 años en ser finalizada y su costo ascendió a 600 000 pesos.
En 1846 comenzó la construcción de la Capilla del Sagrario, terminada por Eusebio Chelli. Un año después, el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso encargó a Alexander Caldcleugh, amigo del antiguo ecónomo de la Catedral que comprara un órgano digno del edificio catedralicio, mientras el Congreso Nacional aprobaba el presupuesto para ello. En noviembre de 1849, el órgano llegó en barco a Valparaíso y para su colocación debió ser construido un coro sobre la puerta principal de la catedral, que en su primera época estuvo reforzado por catorce pilares de fierro inglés dispuestos bajo este.