Catalina Parr (en inglés, Catherine Parr, Katharine Parre como se escribía en su tiempo; c. 1512 - 5 de septiembre de 1548) fue la última de las seis esposas de Enrique VIII de Inglaterra y por tanto Reina Consorte de Inglaterra desde 1543 hasta 1547 y primera Reina Consorte de Irlanda; fallecido Enrique, fue reina viuda. Es hasta la fecha, la reina de Inglaterra que más veces ha contraído matrimonio, cuatro veces.
Catalina Parr nació en el castillo de Kendal en Westmorland, Inglaterra, lugar de residencia de sus antepasados desde el siglo XIV. También se cree que pudo haber nacido en Great Kimble, Buckinghamshire, o en Blackfriars, Londres. Era la hija mayor de Sir Thomas Parr, de Horton House, Northamptonshire, descendiente del Eduardo III, y de Maud Green (6 de abril de 1495 – 20 de agosto de 1529), hija de sir Thomas Green, de Greens Norton, Northamptonshire. Tuvo un hermano más joven, William Parr más tarde primer marqués de Northampton, y una hermana, Anne, más tarde condesa de Pembroke. Sir Thomas fue sheriff de Northamptonshire, Master of the Wards y Comtroller del rey Enrique VIII. Su madre, Maud Green, estuvo entre las damas del séquito de Catalina de Aragón.
A los 17 años, en 1529, Catalina contrajo matrimonio con lord Eduard Borough. Durante muchos años se ha argumentado que se casó con el mayor Eduardo Borough, segundo barón Borough de Gainsborough, quien murió en 1529. Sin embargo, hay un acuerdo generalizado por los biógrafos recientes de Catalina que se casó con el nieto del segundo barón, quien compartía nombre. Eduardo Borough el Joven tenía veintitantos años y puede que tuviera mala salud. Sirvió como feoffee para Thomas Kiddell y como juez de paz. Su padre, sir Thomas Borough, chambelán de Ana Bolena, también aseguró una patente conjunta en supervivencia con su hijo para el cargo de mayordomo de la mansión del soke de Kirton-in-Lindsey. Eduard Borough el Joven murió en la primavera de 1533.
En el verano de 1534 se casó nuevamente, con John Neville, tercer barón Latymer, de Snape (Yorkshire del Norte). En 1536, durante la Peregrinación de Gracia, Catalina fue retenida como rehén por los rebeldes del norte, junto con sus dos hijastros, incluyendo a John Neville, cuarto barón Latymer. John Neville murió en 1543.
Fue en la casa de la hija de Enrique y de Catalina de Aragón, lady María, donde Catalina Parr llamó la atención del rey. Después de la muerte del segundo marido de Parr, la rica viuda empezó una relación con Thomas Seymour -luego 1.er barón de Sudeley-, que era hermano de la reina Juana Seymour, pero Enrique VIII se encaprichó con Catalina -desde el momento en que la conoció cuando fue a pedir piedad por la mujer de su hermano, acusada (sin pruebas) de adulterio- y fue obligada a aceptar su proposición de matrimonio.
El matrimonio entre Catalina y Enrique VIII se celebró el 12 de julio de 1543 en el palacio de Hampton Court. Fue la primera reina de Inglaterra en ser también reina de Irlanda, después de que Enrique VIII adoptara el título de rey de Irlanda. Como reina, Catalina fue en parte responsable de la reconciliación de Enrique con las hijas de sus dos primeros matrimonios, quienes más adelante serían la reina María I y la reina Isabel I. Tuvo también una buena relación con Eduardo, Príncipe de Gales, el futuro rey Eduardo VI. Igualmente, alentó la educación de sus hijastras, sobre todo la de Isabel, quien gracias a esto es conocida por ser una de las monarcas más instruidas de Inglaterra. Al convertirse en reina, su tío William Parr, barón Parr de Horton, fue designado como su lord chambelán.
Durante un período de tres meses, entre julio y septiembre de 1544, Catalina fue nombrada regente por Enrique, mientras él marchaba a su última y poco exitosa campaña en Francia. Gracias a que su tío había sido nombrado miembro de su consejo de regencia y a las simpatías de otros consejeros, como Thomas Cranmer (arzobispo de Canterbury) y Eduardo Seymour, lord Hertford, Catalina mantuvo un control efectivo y fue capaz de gobernar como ella entendió más conveniente. Gestionó los suministros, las finanzas y asambleas para la campaña francesa de Enrique, firmó cinco proclamaciones reales y mantuvo contacto constante con lord Shrewsbury, su lugarteniente en las Marcas septentrionales, sobre la situación compleja e inestable con Escocia. Se dice que sus acciones como regente, junto con su carácter fuerte y notable dignidad y, más tarde, sus convicciones religiosas, influyeron de forma decisiva sobre lady Isabel, la futura Isabel I.
Con independencia de que se convirtiera formalmente al protestantismo, de lo que no hay pruebas, la reina fue suficientemente reformista como para ser vista con recelo por oficiales católicos y antiprotestantes, tales como Stephen Gardiner, obispo de Winchester y lord Thomas Wriothesley, el lord canciller. Este último intentó poner al rey en su contra en 1546. Se escribió una orden de arresto contra ella y abundaron los rumores en el resto de Europa de que el rey se sentía atraído ahora por su amiga íntima, Catherine Willoughby, duquesa de Suffolk. Sin embargo, Catalina logró reconciliarse con el rey después de jurar que sólo había hablado de religión con él para distraerlo de los sufrimientos que le causaban su pierna ulcerada.
Lo cierto es que sus puntos de vista religiosos fueron complejos y se ven aún más confusos por la falta de evidencias. Aunque probablemente fue educada como católica, ya que nació antes de la Reforma protestante, más tarde sintió simpatía e interés por la "Nueva Fe." Se ha sugerido la hipótesis de que realmente era una protestante a mediados de los años cuarenta, tal como ahora se entendería este término. Podemos estar seguros de que sostuvo fuertes ideas reformistas después de la muerte de Enrique, al momento de la publicación de su segundo libro, Lamentaciones de un Pecador a finales de 1547. El libro promovía el concepto protestante de justificación solo por la fe, algo que la Iglesia católica consideraba una herejía. Asimismo, redactó otros dos libros, Oraciones y Meditaciones y Salmos y Oraciones que igualmente causaron alboroto entre el clero católico. Es extremadamente improbable entonces que desarrollara este convencimiento tan manifiesto en el breve tiempo entre la muerte de Enrique y la publicación de los libros. A ello se suma su simpatía por Anne Askew, la mártir protestante que se opuso fieramente a la creencia católica de la transubstanciación. Todo lo cual sugiere que ya era mucho más que mera simpatizante de la nueva religión bastante antes de enviudar.
Último matrimonio, parto y muerte
Después de la muerte de Enrique VIII (28 de enero de 1547), Catalina vio asegurada su situación con una pensión anual de 7.000₤. Más aún, Enrique ordenó que después de su muerte, aunque fuera Reina viuda, se le diera el respeto de una reina de Inglaterra, como si él aún viviera. Catalina, finalmente, pudo casarse con su antiguo amante, Thomas Seymour, celebrándose su boda el 7 de abril de ese mismo año. Como la boda estaba dentro de los seis meses posteriores a la muerte de Enrique VIII, tuvieron que obtener permiso real para el matrimonio. Cuando su unión fue conocida públicamente causó un pequeño escándalo. Catalina, que no había tenido hijos de ninguno de sus anteriores matrimonios, quedó sorpresivamente embarazada por primera vez con 35 años de edad. Esta situación conllevaba un incremento del ya gran riesgo de la maternidad en esa época.
Por esta época, a partir de este cuarto matrimonio, se desarrolló una fuerte rivalidad entre Catalina y la esposa de su actual cuñado, Anne Stanhope. Anne, que estaba casada con Edward Seymour, I duque de Somerset, hermano mayor de Thomas, resultó ser particularmente aguda sobre el asunto de las joyas reales de Catalina. La duquesa argumentaba que las joyas pertenecían a la reina de Inglaterra, y que como reina viuda, Catalina ya no debía tenerlas. En vez de ello, le correspondía a ella lucir las joyas como esposa del Lord Protector. Además, Anne sostenía que el matrimonio de Catalina con Thomas implicaba la renuncia a sus derechos de precedencia. Por su parte, Catalina invocaba la III Ley de Sucesión, que claramente afirmaba que Catalina tenía precedencia de paso sobre todas las damas del reino; de hecho, en lo que se refiere a la precedencia, la duquesa de Somerset iba detrás de las ladies María e Isabel y Ana de Cléveris, llamada hermana del rey. Al final, la duquesa impuso su criterio, lo que dejó su relación con Catalina permanentemente dañada, como así también la relación entre los dos hermanos Seymour, ya que lord Edward Seymour sintió toda la discusión como un ataque y un cuestionamiento personal de su hermano menor a su posición social.