Catalina Howard (hacia 1523-13 de febrero de 1542) fue reina consorte de Inglaterra desde 1540 hasta 1541 como esposa de Enrique VIII.
Catalina era hija de Lord Edmund Howard y Joyce Culpeper, además de prima de Ana Bolena (segunda esposa de Enrique VIII) y sobrina de Thomas Howard, III duque de Norfolk, quien era un político prominente en la corte del rey, asegurando a Catalina un lugar en el séquito de la cuarta esposa de Enrique, Ana de Cléveris, gracias a lo cual el monarca se interesó en ella. Ambos contrajeron nupcias el 28 de julio de 1540 en Oatlands Palace, en Surrey, inmediatamente tras la anulación del matrimonio entre Enrique y Ana, teniendo el rey 49 años y siendo ella apenas una adolescente.
Catalina fue despojada de su título de reina en noviembre de 1541, muriendo decapitada tres meses después acusada de traición por haber cometido adulterio con el primo lejano de su madre Thomas Culpeper.
Catalina era una de las hijas de Lord Edmund Howard y su esposa Joyce Culpeper. Elizabeth Howard, hermana de su padre, era la madre de Ana Bolena, por lo que Catalina era su prima hermana así como tía en segundo grado de Isabel I, hija de Ana y Enrique. Como nieta de Thomas Howard, II duque de Norfolk, Catalina poseía linaje aristocrático, si bien su padre no era rico debido a que era el tercero de 21 hermanos y resultó desfavorecido por no ser el primogénito, siendo su hermano mayor quien heredó toda la fortuna de su padre.
Cuando los padres de Catalina contrajeron nupcias, su madre ya aportaba cinco hijos de su primer matrimonio con Ralph Leigh; con el padre de Catalina procreó seis vástagos más, siendo ella la décima de sus hijos. Con escasos recursos para mantener a su familia, Howard se veía frecuentemente en la obligación de pedir ayuda económica a parientes suyos. Tras el deceso de la madre de Catalina, su padre volvió a casarse dos veces más. En 1531, Howard fue designado controlador de Calais (en aquel entonces bajo dominio inglés), siendo depuesto del cargo en 1539 y muriendo en marzo de ese mismo año. Por otro lado, Catalina fue la tercera de las esposas de Enrique VIII en ser miembro de la nobleza inglesa, ya que Catalina de Aragón y Ana de Cléveris eran miembros de la nobleza europea.
Catalina nació posiblemente en Lambeth alrededor de 1523, si bien la fecha exacta se desconoce (algunas fuentes las cuales incluyen registros familiares sugieren que nació entre 1518 y 1524, siendo más probable que naciese cerca de este último año). Poco después de la muerte de su madre (alrededor de 1528), Catalina fue enviada con varios de sus hermanos a vivir bajo el cuidado de la madrastra de su padre, Agnes Tilney, duquesa de Norfolk, quien regentaba una gran casa de huéspedes en Chesworth House, en Horsham (Sussex), y en Norfolk House, en Lambeth, donde residían docenas de inquilinos junto con personas a su cargo (generalmente niños de parientes aristócratas empobrecidos). Enviar a niños pequeños con el fin de que fuesen educados y preparados en otros hogares aristócratas en vez de en la casa familiar era algo habitual desde hacía siglos entre la nobleza europea, si bien la supervisión ejercida en Chesworth House y en Lambeth era aparentemente laxa. La duquesa viuda solía permanecer en la corte y tuvo, al parecer, poca implicación en la educación de los jóvenes a su cargo.
A causa de la falta de disciplina de la duquesa, Catalina se vio influenciada por algunas jóvenes de mayor edad que permitían el acceso de hombres a los dormitorios, siendo recompensadas con comida, vino y diversos obsequios. Pese a que Catalina no gozaba de la exquisita educación de las otras esposas de Enrique, su habilidad en la lectura y la escritura eran lo suficientemente elevadas para la época. Su carácter era frecuentemente descrito como vivaz, risueño y enérgico, aunque nunca erudito ni devoto. Mostraba, así mismo, gran interés en sus lecciones de baile, si bien solía distraerse durante las mismas y gastar bromas. Además, era muy dada a la cría de animales, particularmente perros.
En la casa de la duquesa en Horsham, alrededor de 1536, Catalina (de 13 años aproximadamente) fue repetidas veces acosada por su profesor de música Henry Mannox (de 36 años de edad), quien con posterioridad proporcionaría pruebas en el proceso contra Catalina. Tanto Mannox como ella confesaron durante la investigación por adulterio haber tenido contacto sexual, aunque nunca practicaron el coito. Durante su interrogatorio, Catalina declaró: «Ante las halagadoras y hermosas persuasiones de Mannox, siendo una niña, lo sufrí en varias ocasiones para que manosease y tocase las partes secretas de mi cuerpo, lo cual no me volvió con honestidad para permitirle ni para exigirle». Sus encuentros con Mannox cesaron en 1538, cuando Catalina se trasladó a la casa de la duquesa viuda en Lambeth. Allí fue cortejada por Francis Dereham, secretario de la duquesa. Supuestamente, ambos se convirtieron en amantes, llamándose mutuamente «marido» y «mujer». Dereham incluso confió a Catalina varios deberes inherentes a una esposa, como administrar su dinero cuando él se ausentaba por negocios. Muchas de las compañeras de habitación de Catalina entre las damas de honor y sirvientas de la duquesa eran conocedoras de esta relación, la cual llegó a su fin aparentemente en 1539, cuando la duquesa descubrió el idilio. Pese a ello, Catalina y Dereham se separaron probablemente con la intención de contraer matrimonio tras el regreso de él de Irlanda, acordando ambos un precontrato matrimonial: en caso de haber intercambiado votos antes de proceder a mantener relaciones sexuales, ambos habrían sido considerados como casados a ojos de la Iglesia.
El tío de Catalina, Thomas Howard, encontró un lugar para ella en la corte como dama de compañía de la cuarta esposa del rey, Ana de Cléveris. Gracias a su juventud y atractivo físico, Catalina atrajo muy pronto la atención de Enrique. El monarca había mostrado poco interés en Ana desde el principio, y tras el fracaso de Thomas Cromwell en encontrar una esposa para el rey, Norfolk vio una oportunidad. La familia Howard trató, al parecer, de recrear en Catalina la influencia ganada por Ana Bolena durante su reinado como consorte. De acuerdo con el sacerdote Nicholas Sander, la conservadora y religiosa familia Howard vio posiblemente en la joven Catalina una destacada figura en su lucha por determinación expresa en restaurar la religión católica en Inglaterra. De hecho, el obispo católico Stephen Gardiner entretuvo a la pareja en el Palacio de Winchester con grandes festejos.
A medida que el interés de Enrique por Catalina aumentaba, la influencia de la Casa de Norfolk crecía. Su juventud, belleza y vivacidad cautivaron al monarca, quien declaró que nunca había conocido «algo así en una mujer». En apenas unos meses tras su llegada, Enrique otorgó tierras y regaló lujosas prendas de ropa a Catalina, llamándola el rey su «joya de la feminidad» (el hecho de que el monarca se refierese a Catalina como su «rosa sin espinas» constituye probablemente un mito).
Enrique y Catalina contrajeron matrimonio, oficiado por el obispo de Londres Edmund Bonner, en Oatlands Palace el 28 de julio de 1540, mismo día en que Thomas Cromwell fue ejecutado. Catalina era apenas una adolescente, mientras que Enrique tenía 49 años de edad, adoptando la joven el lema en francés «non autre volonté que la sienne» («ninguna otra voluntad que la suya»). El matrimonio fue hecho público el 8 de agosto, llevándose a cabo oraciones en la Capilla Real del Palacio de Hampton Court.
Catalina, a quien Mannox había enseñado a tocar el virginal, era joven, alegre y despreocupada; su juventud le impidió tomar parte en asuntos de Estado y en materias administrativas relativas al mismo. Pese a ello, cada noche Sir Thomas Heneage, sirviente del rey, acudía a sus aposentos para informarle del bienestar de Enrique. No se llevaron a cabo planes para una coronación, aunque Catalina navegó río abajo en la barcaza real hasta la Ciudad de Londres para un saludo de artillería y algunas aclamaciones. La joven reina fue instalada en Baynard's Castle, produciéndose pocos cambios en la corte, consistentes en la llegada de varios miembros de la familia Howard. Catalina se vestía cada día con prendas de ropa nuevas de estilo francés adornadas con preciosas joyas, destacando el lema «non autre volonté que la sienne» decorado con oro alrededor de sus mangas.