Tal Día como Hoy

Catón el Joven

Político de la Antigua Roma

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Marco Porcio Catón Uticense (en latín: Marcus Porcius Cato Uticensis, también llamado Minor, el Menor o el Joven para distinguirlo de su antepasado Marco Porcio Catón, dicho Maior, el Mayor o el Viejo; Roma, 95 a. C. – Útica, 12 de abril de 46 a. C.), fue un político romano. También se le llama Catón el Joven o Catón de Útica para distinguirlo de su bisabuelo Catón el Viejo o Catón el Censor (234-149 a. C.).

Catón nació en 95 a. C. en Roma, hijo de Marco Porcio Catón y su esposa Livia. Quedó huérfano muy pronto, y fue llevado a vivir a la casa de su tío materno Marco Livio Druso, quien también estaba a cargo de Servilio Cepión y Servilia, hijos del primer matrimonio de Livia con Quinto Servilio Cepión, así como de Porcia y Marco Livio Druso Claudiano (hijo adoptivo de Marco Livio, padre de la emperatriz Livia Drusila). Druso fue asesinado cuando Catón contaba cuatro años.

La leyenda de la terquedad de Catón comenzó siendo este muy joven. Sarpedón, su tutor, decía de él que era un niño obediente e inquisitivo, aunque lento a la hora de dejarse persuadir de las cosas, y en ocasiones, un niño difícil. En una historia contada por Plutarco se dice que Quinto Popedio Silo, jefe de los marsos y defensor de la concesión de la ciudadanía romana a los pueblos de Italia, hizo una visita a su amigo Marco Livio, donde conoció a los niños de la casa, y en broma, pidió a éstos el apoyo para su causa. Todos ellos comenzaron a bromear y sonreír excepto Catón, que miró fijamente al huésped de una forma sospechosa. Silo le pidió una contestación, y viendo que el muchacho no le contestaba, tomó a Catón y le colgó sujeto de los pies por la ventana. A pesar de ello, Catón no le dijo nada.

Como amigo de su familia, a Lucio Cornelio Sila, el dictador romano, le gustaba hablar con Catón y con su inseparable medio hermano Cepión, y apreciaba su compañía a pesar de que el joven adolescente desafiara sus opiniones en público.[cita requerida]

Alrededor del año 67 a. C. sirvió en Macedonia de tribuno militar a las órdenes del gobernador Rubrio.​ A su regreso a Roma en 65 a. C., Catón fue elegido como cuestor. Como con todo lo demás en su vida, tuvo gran cuidado en estudiar lo necesario para este puesto, en especial las leyes relativas a los impuestos. Una de sus primeras actividades fue la persecución de anteriores cuestores por apropiación ilegal de fondos y conducta deshonesta. Catón persiguió también a los informadores de Sila, los cuales habían actuado como «cazadores de cabezas» durante la tiranía de este, a pesar de las conexiones políticas con el propio partido de Catón, y a pesar del poder de Pompeyo, conocido como «el joven carnicero» por sus servicios bajo el gobierno de Sila.

Los informadores de Sila fueron acusados de apropiación ilegítima de dinero del Tesoro, y posteriormente de homicidio. Hacia el final del año, Catón cesó en su puesto de cuestor, aunque nunca dejó de tener un ojo puesto sobre el Tesoro, buscando siempre cualquier irregularidad.

Como senador, se alineó con los optimates, la facción conservadora del Senado. Muchos de los optimates de aquel momento habían sido amigos personales de Sila, a quien Catón había desdeñado desde su juventud.

En 63 a. C. fue elegido tribuno de la plebe, y ayudó en su trabajo a Marco Tulio Cicerón, el cónsul menor de aquel año, especialmente en la lucha contra la conspiración de Catilina. Lucio Sergio Catilina, un noble patricio, estaba liderando una rebelión dentro de Roma. Cicerón y Catón aniquilaron el peligro y persiguieron a todos los hombres involucrados, sentenciándoles a muerte sin juicio previo (acto en teoría ilegal, pues los ciudadanos romanos debían ser juzgados antes de ser ejecutados). En el debate público al respecto, Julio César convino en que los conspiradores eran culpables, oponiéndose a un juicio público para ellos; a pesar de esto, César abogó por una sentencia al exilio de por vida para los conspiradores, propuesta que no prosperó.

De esta polémica datan las diferencias políticas y personales entre Catón y César. En un encuentro en el Senado dedicado al asunto Catilina, Catón reprochó ásperamente a César por leer sus mensajes personales mientras el Senado estaba en una sesión discutiendo este asunto tan crucial. Catón acusó a César de estar involucrado en la conspiración, sugiriendo que trabajaba en favor de Catilina, lo que explicaría los motivos de César para pedir que no se hiciera juicio público a los conspiradores y que se les mostrara clemencia. [cita requerida]César replicó que únicamente leía una carta de amor. Sin creerse una excusa tan pueril, Catón tomó el papel de sus manos y lo leyó. Desafortunadamente para él, César tenía razón; era ciertamente una carta de amor de su amante Servilia, la medio hermana de Catón. Esto se convirtió rápidamente en un pequeño escándalo personal. Servilia hubo de divorciarse de su marido y los senadores romanos empezaron a preocuparse por la imagen pública de sus casas. Mientras, Algunos pensaban que la misma esposa de Catón, Atilia, fue una de las conquistas de César, aunque esto no pasó de ser una especulación.

Tras divorciarse de Atilia, Catón se casó con Marcia, hija de Lucio Marcio Filipo. Unos años más tarde, sin embargo, su amigo Quinto Hortensio, un anciano conocido por sus aptitudes retóricas, pidió la mano de la hija del anterior matrimonio de Catón. En aquel momento, Porcia estaba casada con Calpurnio Bibulo quien se mostraba reticente a dejarla. Debido a esto, Catón dio el sorprendente paso de divorciarse de su esposa Marcia y entregarla en matrimonio a Quinto Hortensio. Tras la muerte de este, Catón volvió a casarse con Marcia por segunda vez, heredando de paso parte de la fortuna de Hortensio.

La lucha política contra el triunvirato

Tras la conspiración de Catilina, Catón empleó todas sus habilidades políticas para oponerse a los designios de César y sus aliados en el llamado triunvirato (Pompeyo y Craso), los cuales ostentaban un cuasi monopolio del poder sobre los dominios del estado romano. Con César, Pompeyo y Craso tenían acceso a la asamblea popular. Con Pompeyo, Craso y César tenían acceso a las legiones de Roma. Con Craso, César y Pompeyo obtenían el apoyo de los recaudadores de impuestos y a la fortuna obtenida a expensas de las provincias.

La oposición de Catón se dio en dos vías diferentes:

En primer lugar, en 61 a. C., Pompeyo volvió de su campaña Mitridática con dos ambiciones: celebrar el triunfo y convertirse en cónsul por segunda vez. Para conseguir ambos objetivos, pidió al Senado posponer las elecciones consulares hasta después de su regreso triunfal. Al principio, y debido a su enorme popularidad, el Senado estuvo dispuesto a aceptarlo. Entonces intervino Catón, convenciendo al senado para forzar a Pompeyo a elegir. El resultado fue un tercer triunfo de Pompeyo, uno de los más magníficos nunca vistos en Roma. A continuación, Catón aplicó la misma ley al año siguiente con César, quien volvía de su campaña en la Hispania Ulterior; pero César eligió perder el derecho a un triunfo y optó por el consulado para obtener con este la inmunidad sobre la persecución por su brutal conducta contra una ciudad aliada de Roma.

Cuando César se convirtió en cónsul, Catón se opuso a cada una de las leyes que este sugería, especialmente a las leyes agrarias que otorgaban tierras de cultivo a los veteranos de Pompeyo sobre terrenos públicos. César respondió arrestando a Catón cuando este pronunció un discurso contra él en la rostra. Muchos senadores protestaron entonces por este uso extraordinario y sin precedentes de la fuerza, amenazando con acompañar a Catón a la prisión, y César tuvo que aplacarles. A pesar de su liberación, Catón no redujo su oposición a los triunviros, tratando sin éxito de impedir el nombramiento de César como gobernador de Iliria y la Galia Cisalpina durante cinco años, donde César podría escapar de nuevo a la persecución por su conducta en Hispania.

La oposición de Catón a César y a sus aliados en el triunvirato llevó finalmente a aquel fuera del país. El incentivo era, sin embargo, demasiado bueno para ser rechazado: el gobierno de la nueva provincia de Chipre. Catón les acusó de intentar deshacerse de él, pero aceptó el honor de ser gobernador sobre el simple cargo de pretor.

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