Tal Día como Hoy

Casto Méndez Núñez

Marino militar y almirante español

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Casto Méndez Núñez (Vigo, 1 de julio de 1824-Pontevedra, 21 de agosto de 1869) fue un marino y militar español, contraalmirante de la Real Armada Española, distinguiéndose en el combate del Callao (1866).

Bautizado como Casto Secundino María, Méndez Núñez pertenecía a una distinguida familia gallega de larga tradición militar.​ El 23 de marzo de 1840 sentó plaza de guardiamarina en la compañía del Departamento de Ferrol.​ En el mismo año, se le ordenó embarcar en el bergantín Nervión (Ferrol, 1839).​ En 1842, embarcado como guardiamarina en ese mismo barco, realizó un viaje a la isla de Fernando Poo,​ distinguiéndose tanto por su buen hacer, que por orden superior se le rebajó en un año su permanencia en ese empleo, por lo que en 16 de enero de 1846 se le ascendió al grado de alférez de navío.​ Trasbordado al bergantín Volador (1846), por los grandes méritos que atesoraba se le nombró encargado de los guardiamarinas.​

La expedición a los Estados Pontificios

Por aquel tiempo (1848), los disturbios producidos en Italia por los intentos de unificación y la proclamación de la República Romana habían despojado al papa de sus bienes temporales. Narváez, por entonces presidente del Consejo de Ministros, ordenó la formación de un ejército y despachó una expedición a Roma, habiendo acordado previamente su apoyo con las principales potencias católicas: Austria, Francia y las Dos Sicilias.

Era la primera vez en muchos años que España afrontaba un desplazamiento de hombres y buques sin apoyo directo de la península, lo que no dejaba de ser un reto importante. La expedición estaba formada por los siguientes barcos:

El vapor a ruedas Isabel II (Cape Blanc, 1831),

El vapor a ruedas Vulcano (Londres, 1846),

El vapor a ruedas Lepanto (Londres, 1849),

El vapor a ruedas Piles (antiguo barco francés llamado Gironde, Burdeos, 1840),

El vapor a ruedas Castilla (antiguo barco mejicano llamado Moctezuma, Londres, 1842)

El vapor a ruedas Blasco de Garay (Londres, 1845),

La fragata Cortés (Ferrol, 1836),

La corbeta Villa de Bilbao (1846),

La corbeta Mazarredo (La Carraca, 1847).

La flotilla estaba al mando del brigadier José María de Bustillo Gómez de Barreda. Transportaban a un ejército de cinco mil hombres al mando del general Fernando Fernández de Córdova, marqués de Mendigorría.

Después de una travesía un poco molesta por los malos vientos y un temporal, llegaron a Gaeta (1849), y el papa Pío IX pasó revista a las fuerzas, a las que bendijo. Se pusieron, pues, en marcha, tomando posiciones en Terracina, sin encontrar una resistencia seria a su paso. Al poco, y ya con el campo despejado, entró el general francés Nicolas Oudinot en Roma, al frente de treinta mil hombres, por lo que se restablecieron los Estados Pontificios y la fuerza expedicionaria española regresó a la Península desilusionada. A Méndez Núñez se le concedió, al igual que a todos los integrantes de esta expedición, la Cruz de Pío IX, concedida por el papa, más el reconocimiento por sus distinguidos servicios, recibiendo las Gracias por Real Orden.

En 1850 se le ascendió a teniente de navío y se le otorgó el mando de la recién botada goleta Cruz (1850), del porte de siete cañones. Con este buque realizó, por la urgencia de trasladar unos pliegos a La Habana, un viaje de dificultad extrema, pues la goleta estaba a punto de entrar en carena, pero la premura y la escasez de buques le obligó a llevarlo a cabo. El buque se encontraba en tan malas condiciones y los tiempos fueron tan malos, que durante el viaje no pudieron encender el fuego ni un solo día, y solo la pericia de Méndez Núñez la hizo recalar en aquel puerto sin sufrir graves averías, habiéndose convertido en un viaje muy arriesgado y agotador, tanto para el mando como para la dotación. Posteriormente, fue trasbordando de un buque a otro, todos bajo su mando, entre ellos el vapor de ruedas Narváez, la fragata de hélice Berenguela (Ferrol, 1854) y la urca Niña (Ferrol, 1850).

En el año de 1855, al terminar esta progresión de mandos y por sus dotes ya demostradas, fue llamado al Ministerio de Marina. Como su carácter era inquieto, en este puesto poco podía hacer, por lo que se dedicó a aprender procedimientos técnicos, por medio de la lectura y su estudio, llevándole a traducir del inglés un Tratado de Artillería Naval, que fue presentado a la Reina Isabel II , recibiendo por ello las Gracias por Real Orden.

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