Tal Día como Hoy

Carlos X de Francia

Rey de Francia y Navarra (1824–1830)

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Carlos X de Francia (Palacio de Versalles, 9 de octubre de 1757-Gorizia, Iliria, 6 de noviembre de 1836) fue rey de Francia y de Navarra​​ entre 1824 y 1830. Fue el último rey Borbón de Francia y el último rey que tuvo una ceremonia de coronación.

Nieto de Luis XV y su esposa, la princesa polaca María Leszczyńska, e hijo menor de Luis, Delfín de Francia, quien nunca reinó, y de su esposa alemana, María Josefa de Sajonia. Carlos era hermano de Luis XVI, rey depuesto y ejecutado durante la Revolución francesa, y también del rey Luis XVIII, que reinó tras la caída de Napoleón. Ostentó el título de conde de Artois.

Fue bautizado el 19 de octubre de 1761, el día después del bautismo del futuro Luis XVI y el futuro Luis XVIII, con los nombres de Carlos Felipe por el arzobispo Charles Antoine de La Roche-Aymon en la Capilla Real de Versalles en presencia de Jean-François Allart, sacerdote de la iglesia de Nuestra Señora de Versalles. Su madrina fue su tía Sofía de Francia y su padrino fue el rey Carlos III de España, representado por el futuro Luis XVI, su hermano.

El 16 de noviembre de 1773, contrajo matrimonio con María Teresa de Saboya (1756-1805), hija de Víctor Amadeo III de Saboya y de la infanta María Antonieta de Borbón. El matrimonio tuvo cuatro hijos:

Luis Antonio, duque de Angulema (1775-1844), casado con su prima María Teresa de Francia, hija de Luis XVI y María Antonieta.

Sofía, Mademoiselle de Artois (5 de agosto de 1776- 5 de diciembre de 1783), fallecida a la edad de 7 años.

Carlos Fernando, duque de Berry (1778-1820), casado en primeras nupcias con una dama inglesa, y luego con Carolina de Borbón Dos-Sicilias.

María Teresa, Mademoiselle de Angulema (6 de enero de 1783 - 22 de junio de 1783), fallecida a los 5 meses de edad.

Su hijo favorito era Carlos Fernando, quien se le asemeja mucho, tanto física como moralmente. El mayor, Luis Antonio, por el contrario, era tímido y sufría de miopía y tics nerviosos.

Carlos a diferencia de sus hermanos mayores que tenían tendencia al sobrepeso, era un hombre apuesto y atractivo, su esposa no era considerada bella y Carlos tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, como por ejemplo con Luisa d'Esparbès de Lussan. Considerado un vividor rodeado de lujos, era impopular.​

Se exilió de Francia tres días después de la Toma de la Bastilla, en la noche del 16 al 17 de julio, y fue desde aquel momento uno de los símbolos más notorios de la contrarrevolución. Es considerado el jefe de los émigrés y hasta la primavera de 1791 residió en Piamonte desde donde desarrolló una intensa actividad en las cortes reales europeas. Contribuyó con Calonne a la declaración de Pillnitz (27 de agosto de 1791) y encabezó las tropas de los emigrados franceses dentro del ejército prusiano contra el ejército francés en la batalla de Valmy en septiembre de 1792. Estuvo residiendo durante muchos años en Gran Bretaña hasta que la caída de Napoleón Bonaparte le permitió a su hermano Luis XVIII ascender al trono de Francia.​

Vuelta del exilio: reinado de Luis XVIII y los ultras

Durante el reinado de Luis XVIII de Francia, el futuro Carlos X representó la rama más extremista del conservadurismo, liderando en secreto el partido ultramonárquico (del cual se decía que era «más monárquico que el rey»). Al contrario que su hermano, el rey, quien se mostraba conciliador y perdonó a los partidarios de Napoleón Bonaparte, el conde de Artois abogaba por el castigo a los participantes de la Revolución, que daría lugar al llamado Terror Blanco.

Los ultramonárquicos fueron ganando poder progresivamente, y conforme más enfermo se encontraba el monarca, más poder delegaba en su hermano de Artois. La muerte de Luis XVIII y el advenimiento de Carlos X de Francia y de Navarra colmaron las expectativas del partido.

A la muerte de Luis XVIII en 1824, Carlos X heredó el trono francés y fue coronado el 29 de mayo de 1825 en la catedral de Reims. Sería esta la última coronación de un rey en Francia. El reinado de Carlos X estuvo marcado por las inmensas tiranteces con la burguesía francesa, y, en general, con las ramas más liberales del estamento político; las pretensiones absolutistas y ultramonárquicas de Carlos X no encontraban cabida en un sistema político formado, en su mayoría, por grupos políticos liberales, que era patente que tenían el apoyo popular suficiente para controlar la Cámara de Diputados, si bien el fraude electoral prevenía tal circunstancia.

La incomodidad del rey y de sus partidarios ultramonárquicos ante esta situación fue evidente desde el principio de su reinado, y los ultramonárquicos no dudarían en tratar de dominar la política francesa recurriendo al fraude electoral, al chantaje y al libelo, lo que causó un gran descontento entre la burguesía liberal y las clases populares; este descontento se puso de manifiesto cuando, en abril de 1827, Carlos X estaba pasando revista a la Guardia Nacional: los guardias no dudaron en proferir insultos y amenazas contra el rey, ante la impotencia de los oficiales, y Carlos X tuvo que huir precipitadamente. Días después, Carlos X, asustado por la posibilidad de que la Guardia Nacional lo derrocara, ordenó su disolución. Sin embargo, el episodio había dejado claro la débil posición de su monarquía, que fue incapaz de desarmar a la Guardia tras su disolución.

La política ultramonárquica de Carlos X se concretaba en las iniciativas legislativas desarrolladas por uno de sus principales apoyos, el primer ministro Jean-Baptiste de Villèle, que ejercía el cargo desde el reinado de Luis XVIII. Era sabido que las principales leyes promovidas por el primer ministro eran parte de una lista de leyes que Carlos X le había entregado al principio de su reinado, y que quería ver ratificadas por la Cámara de los Diputados y la de los Pares lo antes posible. Estas leyes, tremendamente impopulares, iban encaminadas a otorgar grandes poderes y privilegios a la nobleza y el clero, en detrimento del tercer estado; en definitiva, la iniciativa legislativa de Carlos X pretendía abolir los principales logros de la Revolución. En 1825 se aprobó una de las leyes más polémicas, destinada a indemnizar a todos aquellos nobles cuyas tierras habían sido expropiadas durante la Revolución. La ley Anti-Sacrilegio de ese mismo año convertía en delito penal cualquier ofensa cometida contra la Iglesia Católica; esta ley sería usada como instrumento de venganza política contra muchos políticos liberales.

No obstante, el episodio de la Guardia Nacional de 1827 puso de manifiesto el desgaste de Carlos X. En noviembre de ese año, el ultramonárquico Villèle perdía la mayoría parlamentaria, y fue desplazado del poder. El siguiente primer ministro, Jean-Baptiste de Martignac, era un político moderado a quien Carlos X detestaba. El rey planteó el ministerio de este como un mal pasajero, y no dudó en conspirar contra su primer ministro, que se vio forzado a dimitir en agosto de 1829. Martignac fue sucedido por el ultramonárquico Jules de Polignac, de escasa inteligencia política y amigo del rey; sin embargo, el ascenso de Polignac coincidió con las elecciones del 30 de agosto de 1829, en las que los ultramonárquicos perdieron cualquier posibilidad de controlar las cámaras legislativas. El abandono de las filas pro-monárquicas del conservador Chateaubriand, muy descontento con la elección de Polignac, dejó a éstos en minoría, por lo que Polignac y Carlos X maniobraron para no convocar a las nuevas cámaras hasta marzo de 1830, previendo iniciativas legislativas de tendencia liberal. En el ínterin, en enero de 1830, Carlos X declaró la guerra a Argelia debido a que el virrey Hussein Dey había expulsado al cónsul francés en la zona; con esta guerra Carlos X esperaba distraer la atención del público de la situación política interna.

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