Carlos XII (17 de junio de 1682-30 de noviembre de 1718), llamado Carolus Rex y el Alejandro del Norte. Hijo de Carlos XI de Suecia y Ulrica Leonor de Dinamarca. Se le considera el último rey guerrero de Suecia, y probablemente haya sido uno de los mejores tácticos en la historia de la guerra. Fue rey de Suecia (1697-1718), Duque de Bremen y Príncipe de Verden (1697-1718) y conde del Palatinado-Zweibrücken (1697-1718) como Carlos II.
Participó durante casi todo su reinado en la Gran Guerra del Norte, combatiendo a las fuerzas unidas de Dinamarca, Sajonia, Polonia y el Imperio ruso. Su victoria más conocida fue la batalla de Narva, en 1700, donde venció a un ejército ruso varias veces mayor.
Históricamente, se le disculpa de la derrota de la batalla de Poltava por encontrarse herido en un pie, y no haberse encontrado en condiciones de dirigir a sus tropas en persona. Acerca de su vida privada se sabe muy poco, solo que era una persona reservada, no llegando a contraer matrimonio y falleciendo sin hijos. Su vida política se reflejó, a grandes rasgos, en sus campañas y en sus decisiones durante la Gran Guerra del Norte.
Nació en el castillo Tres Coronas en Estocolmo. El segundo de los siete hijos de Carlos XI, de los cuales solo sobrevivieron tres: Eduviges Sofía, Carlos y Ulrica Leonor. La primera infancia la pasó en compañía de su madre y de sus hermanas. Cumplidos los seis años, su padre decidió que ya era hora de iniciar una vida independiente, y le asignó una sección del palacio como vivienda, con su propia corte y sirvientes.
Su educación fue esmerada, demostrando su talento sobre todo en matemáticas y los temas militares, aprendió también historia, filosofía, tecnología militar, geografía, literatura además de francés, alemán, inglés, latín y griego. A medida que creció demostró un carácter autoritario mezclado con cierta tozudez y un enorme orgullo no sin muestras de humildad y autosacrificio. Carlos XI decidió que había que preparar al futuro rey, así que empezó a introducirle en sus deberes reales acompañando a su padre en visitas por el reino, cacerías y paradas militares. Carlos XII destacó en sus dotes militares, demostrando ser un buen espadachín, tirador y un consumado jinete, tanto así que a los 9 años mató a su primer ciervo y a los 13 mató a un jabalí con nada más que un cuchillo.
En 1690 enfermó su madre y su salud fue empeorando. El 26 de julio de 1693 moriría la joven reina a los 36 años, dejando huérfano a Carlos cumplidos los 11 años. Su muerte afectó profundamente al rey Carlos XI, afectando también su salud.
En 1696 el rey comenzó a sufrir de dolor en el vientre que fue empeorando a pesar de todos los cuidados.
El 2 de abril de 1697 yaciendo el rey en su lecho de muerte, se despidió de los miembros del Consejo del reino y de su corte. Al día siguiente hizo llamar a sus hijos para despedirse de ellos.
Carlos se despidió de su padre a solas, en una reunión que duró dos horas. Trascendió que Carlos XI aconsejó a su hijo a no dejarse arrastrar a guerra alguna, pero si no tenía opción, debería asumirla con todo vigor y resolución. También le aconsejó no casarse con alguien de otra religión, y cuidar y velar por sus hermanas. El 5 de abril falleció el rey Carlos XI a los 41 años de edad.
Carlos había perdido a los 14 años de edad, a su padre y a su madre.
Carlos XI estableció en su testamento que un gobierno de regencia debería asumir el poder real hasta la mayoría de edad del príncipe Carlos. El consejo de regencia quedó conformado por la reina madre Ulrica Leonor y 5 consejeros reales. A la muerte de su padre, Carlos contaba con 14 años, y según la costumbre, la mayoría de edad se alcanzaba a los 18 años. Sin embargo sus antecesores más próximos, incluso su padre, habían asumido la corona antes de esa edad.
El consejo de regencia estimó que el príncipe mostraba ya la madurez necesaria para asumir el poder real y comenzó a sondear la opinión entre los representantes de los súbditos del reino, para declararlo mayor de edad, y de esta forma ser coronado rey.
La nobleza aceptó la posibilidad, la plebe también. Solo entre el clero hubo alguna resistencia, ya que lo consideraban demasiado joven todavía. Se decidió convocar al Parlamento para el 3 de noviembre de 1697.
La aceptación de la nobleza y la plebe tenía motivos políticos; ya que la nobleza mediante el apoyo a la petición de la corona, aspiraba a una posibilidad de restitución de tierras, tierras requisadas por Carlos XI para afianzar económicamente su reinado; y para la plebe, la coronación de Carlos significaba el establecimiento de un poder neutralizador de las aspiraciones de la nobleza.
El príncipe comenzó a asistir a las reuniones del consejo de regencia, manteniendo una actitud atenta, pero distante. Cuando se le consultaba su parecer y él estaba de acuerdo, lo expresaba terminantemente, en caso contrario prefería guardar un cerrado silencio, neutralizando de esta manera la consulta, ya que al no saber su parecer, el resto de los miembros de consejo no se atrevían a decidir.
El núcleo familiar se mantenía unido y Ulrica Leonor se ocupaba del bienestar hogareño. Sin embargo un grave incidente vino a turbar la paz. El 7 de mayo de 1697, por un descuido del personal palaciego, estalló un incendio en el castillo Tres Coronas, y la familia tuvo que abandonar el palacio apresuradamente y refugiarse en la residencia del consejero Bengt Oxenstierna. El pueblo estocolmés pronto se agrupó para socorrer, o solo a observar la catástrofe. Unos meses después la familia se trasladaría a una nueva y moderna residencia, el palacio Wrangel, que cambiaría su nombre a Kunghuset.
Para resolver la situación política, la nobleza tomó la iniciativa, y el 8 de noviembre envió un par de representantes a palacio, a solicitarle al príncipe que aceptara la corona de Suecia.
Informados de antemano, allí los esperaban la reina madre, Carlos y los cinco consejeros. Una vez expresada la solicitud, el príncipe respondió que agradecía la confianza puesta en su persona y aceptaba. El siguiente paso fue reunirse con representantes de los otros tres estamentos político-sociales de Suecia: clero, ciudadano y agrario; ya que se consideraba importante entregarle al nuevo soberano un amplio respaldo político. Los respectivos representantes hicieron acto de presencia en el palacio y le reiteraron a su vez la petición. Carlos aceptó nuevamente y luego se retiró a rezar. Todo el procedimiento había tomado solo 12 horas.