Tal Día como Hoy

Carlos María de Alvear

Militar, político y diplomático argentino

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Carlos María de Alvear, nacido como Carlos Antonio del Santo Ángel Guardián de Alvear y Balbastro (Santo Ángel Guardián, Misiones Orientales, Virreinato del Río de la Plata, 25 de octubre de 1789 - Nueva York, Estados Unidos, 3 de noviembre de 1852), fue un militar, político y diplomático argentino de larga trayectoria que ejerció el Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata durante tres meses en 1815.

Sus nombres de pila bautismal fueron Carlos Antonio del Santo Ángel Guardián,​ y era hijo del noble español Diego de Alvear y Ponce de León y de la porteña María Balbastro. El nombre de pila incluye al Santo Ángel Guardián por ser el epónimo y patrono de la ciudad en la que naciera: Santo Ángel Guardián de las Misiones, antigua reducción jesuítica de las Misiones Orientales o de El Tapé, actualmente Santo Ângelo en territorio anexado a Río Grande del Sur tras la conquista portuguesa de 1801.

A fines de 1804, viajaba con sus padres y sus hermanos y hermanas rumbo a España en una escuadra de cuatro fragatas; mientras que él viajaba en La Medea, la capitana comandada por su padre, su madre y el resto de sus hermanos lo hacían a bordo de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes; cuando la escuadra española que les transportaba se encontraba casi frente a la costa de Cádiz, a pesar de ser las relaciones entre España y el Reino Unido pacíficas, se aproximaron sorpresivamente cuatro fragatas británicas. El capitán español, confiado, les permitió una aproximación a "tiro de fusil"; encontrándose a tal distancia, para sorpresa e indignación de los españoles, uno de los capitanes británicos intimó a que el navío español quedara como presa –junto a sus tripulantes– de la Corona británica. Sin poder creer lo que escuchaban, los españoles decidieron enviar una delegación en una chalupa a fin de parlamentar y aclarar posibles malentendidos. Como los británicos vieran que el navío español en lugar de aceptar la intimación parecía dilatar los tiempos del plazo, respondieron con una andanada de "ángeles" (balas de cañón unidas por eslabones) o balas incendiarias (calentadas al rojo vivo). Una de tales balas dio en la santabárbara (polvorín) del navío español que voló por los aires. Desde la nave capitana el joven Alvear, que tenía entonces 14 años, vio como perecían su madre y sus seis hermanos junto a otras 240 personas.

Esta provocación, que tuvo lugar el 5 de octubre de 1804, frente a la costa portuguesa del Cabo de Santa María, motivó la declaración de guerra de España al Reino Unido el 14 de diciembre de 1804 y fue antesala de la batalla de Trafalgar. Los británicos llevaron secuestrados hasta Gran Bretaña a los supervivientes. Allí, Diego de Alvear conocería a Luisa Rebeca Ward, con quien contraería matrimonio en segundas nupcias tres años más tarde.​ A fines de 1805, padre e hijo regresaron a España. "Si Alvear experimenta cierta antipatía hacia nuestro país, ello se debe a esta terrible catástrofe," diría un viajero británico que lo conoció en Buenos Aires en 1823.[cita requerida]

Alvear fue uno de los pocos oficiales de carrera en participar de la Guerra de Independencia Hispanoamericana por el bando revolucionario.​

Siendo aún un niño había revistado como cadete en el Regimiento de Dragones de Buenos Aires, en que figuró como portaestandarte.

A fines de 1807 se incorporó a la Brigada de Carabineros Reales (un cuerpo de elite) con el grado de alférez (equivalente al de teniente en los cuerpos de línea)​ y participó en la campaña contra la invasión napoleónica luchando en las batallas de Tudela, Tarancón, Uclés y Talavera y en los combates de Los Yébenes, Mora y Consuegra. Llegó a Cádiz a fines de 1809 y a los pocos meses fundó la Logia masónica Caballeros Racionales N.º 3.​

El estallido de la Revolución de Mayo en Buenos Aires, en mayo de 1810, precipitó el que a finales de ese año Carlos María de Alvear pidiera licencia del ejército español, la cual se prolongó hasta su traslado a América.

A principios de 1811 exigió a su padre la parte de la herencia de su madre, que era considerable, y la utilizó para financiar sus proyectos revolucionarios.

Regresó a Buenos Aires en marzo de 1812 en la fragata británica George Canning, en el mismo barco en que viajaban San Martín, José Matías Zapiola, Martiniano Chilavert (niño aún, que viajaba con su padre Francisco Chilavert) y otros militares notorios, ninguno de los cuales se encontraban en el Río de la Plata cuando se produjeron los sucesos mayos. A su desembarco el Primer Triunvirato lo nombró capitán y sargento mayor del flamante escuadrón de Granaderos a Caballo.

Fue quien presentó a San Martín en la sociedad porteña y también su padrino de casamiento.

Carlos María de Alvear trabajó, junto a San Martín, Zapiola, Martín Rodríguez y otros, en la organización de la Logia Lautaro, una logia masónica operativa de carácter revolucionario,​ creada sobre las bases de las anteriores "Logia Independencia" dirigida por Julián Alvarez y la logia "San Juan de Jerusalem para la felicidad de esta parte de América". La Logia Lautaro, como sus predecesoras, fue creada con la finalidad de obtener la Independencia de la América Hispana de la corona de los reyes de España y dictar una constitución basada en el liberalismo que estableciera un orden político republicano.

Para lograr tal fin encabezó con San Martín la revolución del 8 de octubre de 1812, que reemplazó al Primer Triunvirato por el Segundo y que convocó a la Asamblea del año XIII. Organizó las elecciones de los representantes porteños y de las provincias​ y fue el primer presidente de dicha Asamblea. Logró que la Asamblea General creara el Directorio a cargo de un Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, para el cual hizo elegir a su tío Gervasio Antonio de Posadas (primo de su madre). A mediados de 1813 renunció a su banca y fue nombrado coronel del regimiento de infantería N.º 2, pero siguió participando en política a través de la Logia.

Entre 1813 y 1815 comenzaron a surgir diferencias de criterio en el seno de la Logia Lautaro, por cuestiones referidas a las estrategias militares y alianzas políticas. San Martín, como máximo jefe militar, exigía autonomía para la toma de decisiones. Alvear, con mayor influencia política, no estaba de acuerdo con esta autonomía. En el marco de este conflicto, Alvear designó a San Martín al mando del Ejército del Norte. Algunos historiadores revisionistas, como José María Rosa y Norberto Galasso, han interpretado esta decisión como un intento por alejar a San Martín de Buenos Aires para impedir que pudiera disputarle el poder político. Otros historiadores como Tulio Halperín Donghi, Beatriz Bragoni o John Lynch, la explican principalmente por la urgente necesidad de reorganizar un ejército que había sufrido graves derrotas en Vilcapugio y Ayohuma. No existe consenso en que el nombramiento obedeciera exclusivamente a una maniobra política.

Con el Alto Perú en poder de los realistas y Chile en peligro, la toma de la guarnición de Montevideo, con 5000 soldados españoles, se volvió un objetivo indispensable puesto que la falta de control de dicha plaza constituía un peligro permanente para Buenos Aires dado que podía ser utilizada como base de operaciones en el caso de una expedición punitiva contra el Río de la Plata. El Segundo Sitio de Montevideo, iniciado en 1812, no había tenido hasta entonces resultados satisfactorios, ya que mientras la armada española tuviera acceso al puerto de Montevideo, la posición de los españoles era inexpugnable.​ En 1814, Alvear y Juan Larrea, impulsaron la creación de una escuadra naval que, al mando de Guillermo Brown, realizó la Campaña Naval de 1814.

En febrero de 1814 se produjo un motín de las tripulaciones de dos de sus buques, lo cual, sumado a la oposición de San Martín al proyecto, convenció a Posadas de que era hora de “desarmar los barcos”. Con medidas enérgicas, Alvear consiguió sofocar el motín y disuadió al Director Supremo de esta resolución. Gracias a ello, el 8 de marzo, Brown pudo finalmente hacerse a la vela para librar su primer combate naval contra una flotilla realista que se encontraba en la isla Martín García. En pocas semanas también “quedaron igualmente prontas y listas para marchar las tropas que debían pasar a reforzar el sitio, así como todo el material necesario para aquel ejército: armamento, municiones y vestuario”. A principios de abril, una vez reparados los buques que habían combatido en Martín García, la escuadra quedó en condiciones de operar sobre Montevideo.

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