Carlos Luis Jáuregui (La Plata, 22 de septiembre de 1957 – Buenos Aires, 20 de agosto de 1996) fue un activista LGBT argentino, primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) entre 1984 y 1987. Alejado de la misma, en 1991 fundó además la asociación Gays por los Derechos Civiles junto a varios exmilitantes de la CHA como César Cigliutti, Marcelo Ferreyra, Gustavo Pecoraro, Juan Pablo González, Ricardo Enrique González, Alejandro Modarelli o Luis Biglié. En 1992 encabezó la primera marcha del Orgullo Gay Lésbico en la ciudad de Buenos Aires. En esos días, la Comunidad Homosexual Argentina, manejada políticamente por Alejandro Salazar y Teresa de Rito, rechazaba participar de las reuniones organizativas de la marcha de las que formaban parte distintas organizaciones alegando “desconocer a algunos de los grupos que convocaban”. El estreno de una de las manifestaciones sociales más importantes que se realizan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue convocada –finalmente– por Gays DC, Sigla, Cuaderno de Existencia Lesbiana, Iglesia de la Comunidad Metropolitana, Grupo ISIS, Colectivo Eros y Transdevi. La CHA de Salazar y de De Rito no participó orgánicamente de la marcha.
Jáuregui ayudó a impulsar el primer proyecto de unión civil y la inclusión de la orientación sexual en la cláusula antidiscriminatoria de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. Además, presentó dos querellas contra el arzobispo de Buenos Aires Antonio Quarracino por discriminación.
Carlos basó gran parte de su activismo en la búsqueda de visibilidad mediática y la política de «darse a conocer», por lo cual escribió en diarios, participó en programas de televisión y publicó el libro Homosexualidad en Argentina.
Jáuregui fue profesor de historia, especializado en historia medieval. Su obsesión era que las personas LGTBI tuvieran derechos legales y su seguridad estuviera respaldada constitucionalmente.
El 10 de abril de 1994 se eligieron convencionales constituyentes que tratarían la reforma constitucional en Argentina. La reforma fue una importante modificación de la carta magna argentina, que introdujo nuevos derechos e instituciones y confirió al texto constitucional una legitimidad que estaba cuestionada. Entre ellos, concedió autonomía a la Ciudad de Buenos Aires. Eso quiere decir que la ciudad debía crear sus propias leyes, entre ellas la Constitución. De ese modo, lo dispuesto quedó plasmado en el Art. 129, la Autonomía de la Ciudad: “La ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de gobierno autónomo, con facultades propias de legislación y jurisdicción, y su jefe de gobierno será elegido directamente por el pueblo de la ciudad. Una ley garantizará los intereses del Estado nacional, mientras la ciudad de Buenos Aires sea capital de la Nación”. Carlos Jáuregui pensó que era el momento oportuno para exigir que en esa nueva Constitución se incluyera un artículo que protegiera con marco legal los derechos de las personas LGTBI. Fue una batalla muy dura y un trabajo muy profundo pensado y elaborado por Carlos y otros militantes bajo la supervisión del equipo de legales de Gays DC que le dio marco legal.
En la Constituyente hubo un debate durísimo, ya que sectores no aceptaban incluir como causales de discriminación ni la orientación sexual ni la identidad de género. Finalmente se logró incluir la orientación sexual.
Jáuregui ya se encontraba muy mal de salud, pero se logró entregar el proyecto para someterlo a votación. Carlos no lo vio concretado. Murió el 20 de agosto de 1996, y la llamada cláusula antidiscriminatoria (el primero de los muchos logros legales del colectivo LGTBI de la Argentina) se aprobaría el día 30. Es el artículo 11 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que dice:
Lamentablemente Carlos muere 10 días antes a los 38 años, por causas relacionadas con el sida, enfermedad de la cual habían sido víctimas también su hermano Roberto Jáuregui y su pareja Pablo Azcona. Tras su fallecimiento, una plaza en el barrio porteño de Constitución se nombró en su memoria y el 20 de agosto, día de su muerte, se estableció como el Día del activismo por la diversidad sexual. Una estación del subterráneo de la ciudad de Buenos Aires de la línea H lleva su nombre desde 2017. Su historia fue llevada a la televisión en un capítulo del unitario Historia clínica, personificado por Gastón Pauls. El 23 de noviembre de 2017 se estrenó en salas comerciales argentinas el documental sobre su historia, dirigido por Lucas Santa Ana y coguionado junto a Gustavo Pecoraro, que recopila testimonios de amigos y activistas de diversas organizaciones.
Carlos Luis Jáuregui nació en La Plata, el 22 de septiembre de 1957. Sus padres eran Carlos José Jáuregui, abogado, y Elsa Guás, maestra de colegio primario. Era el hermano mayor de Roberto Jáuregui, también homosexual y cara de la Fundación Huésped, que falleció a causa del sida en 1994 y a quien Carlos le dedicó una carta en Página 12 Así no me voy a morir. Se crio en un barrio de descendientes de italianos y cursó sus estudios en el Colegio Arzobispal José Manuel Estrada y a la vez estudió francés en la Alianza Francesa. A los dieciséis años se enamoró de su primer novio, Matías, con quien estaría durante cuatro años. Sobre el descubrimiento de su sexualidad y los miedos al reproche social, dirá: «Estos que me cuestionan y que me critican, indudablemente, son una basura, ¿pero acaso necesito del permiso de los otros? Si éste es mi deseo, es mi vida… ¿A quién voy a pedir autorización para vivirla como quiero? ¿Qué voy a hacer? ¿Ocultarme, esconderme?» y que eso «no era para mí».
Entre 1975 y 1979 cursó la carrera de historia de la Universidad Nacional de La Plata y entre 1977 y 1980 fue ayudante de la cátedra de historia medieval. Tras graduarse fue profesor de historia argentina en la misma universidad y de instrucción cívica en un colegio secundario. A principios de los ochenta cursó un posgrado sobre historia medieval en el École Pratique des Hautes Études de París y viajó por Europa y Estados Unidos, donde realizó un curso de sociología urbana en el Webster State College. En 1982, de regreso en Argentina, ejerció brevemente en el profesorado de La Plata y luego se mudó con su padre a Buenos Aires, donde comenzó a ejercer como profesor adjunto de geografía histórica en la Universidad del Salvador.
Estuvo en pareja con Pablo Azcona, con quien convivía y, tras la muerte de este en 1988, no pudo retener su departamento por no estar casados. Al respecto, Jáuregui dijo «Yo sentía que ese lugar me correspondía y, de hecho, si hubiésemos estado casados legalmente me hubiera correspondido [...] Años atrás, la represión policial era nuestra principal preocupación. A partir del sida, nuestro mayor problema es la herencia». Entró en una depresión y comenzó a hospedarse transitoriamente en casas de amigos. A principios de los 90, comenzó a convivir con su amigo César Cigliutti y la entonces pareja de este Marcelo Ferreyra, con quienes se quedó hasta su muerte.
En 1981 participó en su primera marcha del Orgullo Gay en París, lo cual fue según él años después: «el motor que decidió mi posterior militancia en el movimiento gay porque, a partir de ese momento, yo empecé a pensar que en la Argentina había que hacer algo. Ahí, en Francia, yo era testigo de cómo era posible vivir en una sociedad libre». Además dijo «Lloré como nunca cuando vi la primera marcha [...] Tuve la certeza de que había descubierto algo que era lo que realmente quería hacer. Así dejé la investigación y dediqué mi vida a la militancia gay». De regreso en Argentina y aun sin militancia política, Jáuregui fue uno de los fundadores de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) en 1984, de la cual se convirtió en su primer presidente. Poco después de su fundación, la CHA pagó por un espacio en el Diario Clarín, en el cual se daba a conocer bajo el titular «Con discriminación y represión no hay democracia». Jáuregui basó su activismo en la búsqueda de visibilidad mediática, ya que era «el recurso más fuerte con que ha contado el movimiento gay». Sobre la base de eso, escribió en diarios y participó en programas de televisión y en 1984 impactó cuando por primera vez un homosexual asumía públicamente su sexualidad y aparecía abrazado junto al también activista Raúl Soria en la portada de la revista Siete Días y en la nota titulada «Los riesgos de ser homosexual en la Argentina». En 1987 publicó el libro Homosexualidad en Argentina, el cual le dedicó a su pareja Pablo Azcona, a sus compañeros de activismo y a las Madres de Plaza de Mayo.