Tal Día como Hoy

Carlos Borromeo

Cardenal italiano (1538-1584) arzobispo de Milán, venerado como santo

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San Carlos Borromeo (Arona, Ducado de Milán, 2 de octubre de 1538 - Milán, 3 de noviembre de 1584) fue un cardenal italiano y arzobispo de Milán, y uno de los grandes reformadores católicos de la época postridentina. Era sobrino del papa Pío IV y la Iglesia católica lo venera como santo.

Fue junto con Ignacio de Loyola y Felipe Neri una figura sobresaliente de la Contrarreforma. En tal papel, Borromeo fue responsable de varias reformas importantes en la Iglesia católica, incluyendo la fundación de seminarios para la educación de los sacerdotes, propuesta que fue aprobada en el Concilio de Trento. Fue canonizado en 1610 y su fiesta se celebra el 4 de noviembre.

Carlos Borromeo (en italiano, Carlo Borromeo) nació el 2 de octubre de 1538. Era el segundogénito del conde Gilberto Borromeo y de Margarita de Médicis, hermana de Pío IV.​ A los ocho años de edad[cita requerida] (15 de octubre de 1545), recibió la tonsura clerical, de manos del obispo de Lodi, Giovanni Simonetta.​

Borromeo era descendiente de la nobleza; la familia Borromeo era una de las más antiguas y ricas de Lombardía, famosa por varios hombres notables, tanto en la Iglesia como en el Estado. El escudo de armas de la familia incluía los anillos borromeos, que a veces se consideran un símbolo de la Santísima Trinidad. El padre de Borromeo, Gilberto, era conde de Arona. Su madre, Margarita, era miembro de la rama milanesa de la Casa de Médici. Segundo hijo de una familia de seis hermanos, nació en el castillo de Arona, en el Lago Maggiore, a 36 millas de Milán, el 2 de octubre de 1538. ​

Borromeo recibió la tonsura cuando tenía unos doce años. En ese momento, su tío paterno, Giulio Cesare Borromeo, le cedió los ingresos de la rica abadía benedictina de San Gratiano y San Felino, uno de los antiguos privilegios de la familia. Borromeo dejó claro a su padre que todos los ingresos de la abadía que superaran lo necesario para prepararlo para una carrera en la Iglesia pertenecían a los pobres y no podían destinarse a usos seculares. El joven asistió a la Universidad de Pavía, donde se dedicó al estudio del derecho civil y canónico. Debido a un ligero problema de habla, se le consideraba lento, pero su minuciosidad y diligencia le permitieron progresar rápidamente. En 1554 murió su padre y, aunque tenía un hermano mayor, el conde Federico, la familia le pidió que se hiciera cargo de la gestión de los asuntos domésticos. Después de un tiempo, reanudó sus estudios y, el 6 de diciembre de 1559, obtuvo el doctorado en derecho canónico y civil.​

Poco más tarde fue enviado a Milán para cursar los estudios humanísticos, donde tuvo como preceptor a Bonaventura Castiglioni, uno de los reformadores católicos milaneses más reconocidos en la historia de la Iglesia.​

En el otoño de 1552 se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Pavía, donde obtuvo el doctorado in utroque iure, es decir, en Derecho y en Derecho canónico, el 6 de diciembre de 1559.​ El 25 del mismo mes, su tío, el cardenal Giovanni Angelo de Médicis, fue elegido papa con el nombre de Pío IV. Este hecho fue decisivo en la vida del joven Carlos.​

Pío IV se caracterizó por ser un papa nepotista. Al día siguiente de su exaltación, envió a Carlos Borromeo a Roma y lo colmó de honores y dignidades. En 1560 el papa concedió a su sobrino diversos títulos y cargos: protonotario apostólico y referendario de la Signatura (13 de enero);​ miembro de la consulta para la administración de los Estados Pontificios (22 de enero); abad comendatario de Nonántola, san Gallo di Moggio, Serravalle y Santo Stefano del Corno (27 de enero); cardenal (31 de enero);​ administrador de la diócesis de Milán (7 de febrero); cardenal diácono con el título de los santos Vito y Modesto (14 de febrero); legado pontificio de Bolonia y de Romaña (26 de abril); cardenal diácono de San Silvestro e Martino ai Monti (4 de septiembre). El mismo papa lo ordenó diácono el 21 de diciembre del mismo año. Contaba entonces Carlos Borromeo con 22 años.​ También fue incorporado al gobierno de los Estados Pontificios y nombrado supervisor de los franciscanos, carmelitas y Caballeros de Malta.​

El papa halló en su sobrino el más fiel y abnegado colaborador de su pontificado,​ hasta el punto que en 1561, no contento con los honores ya ofrecidos, lo nombró secretario de Estado. El 1 de junio del mismo año lo nombró gobernador de Civita Castellana y de Ancona y el mismo día fue proclamado ciudadano de honor de Roma. Todavía en 1561, el 1 de diciembre, Pío IV lo nombró gobernador de Spoleto y miembro del Santo Oficio. En 1561, Borromeo fundó y dotó un colegio en Pavía, hoy conocido como Almo Collegio Borromeo, que dedicó a Justina de Padua.

Era de estatura algo más que mediana, grandes ojos azules, cabello negro, nariz larga y tez pálida. Llevó barba corta y desaliñada hasta que en 1574 mandó al clero que se la cortase precediendo él con el ejemplo. La impresión que producía en los embajadores era de timidez y modestia, hasta el punto de tenerlo algunos por poco apto para los cargos. Un defecto de la lengua que lo hacía precipitarse al hablar, reforzaba todavía más la impresión desfavorable. Pero la práctica en el oficio, la energía de su carácter y su espíritu le fueron dando mayor destreza en el desempeño de sus funciones, hasta quedar patente su talento de gobierno. «Es hombre de frutos, no de flores; de hechos y no de palabras», dirá de él algo más tarde desde Trento el cardenal Seripando.​

El trabajo de la correspondencia diplomática era imponente, pero a Carlos le secundaba Tolomeo Gallio,​ antiguo secretario del cardenal de Médicis y luego cardenal. Con él acudía todas las mañanas a su tío para presentarle los resúmenes de la correspondencia recibida y tomar nota de las respuestas que había que dar. Al adquirir con la experiencia un sentido más expeditivo en el despacho de los negocios, fue teniendo también más libertad de movimientos, pero siempre se mostró fiel intérprete del pensamiento y del gusto del Pontífice, aun en cosas contrarias a su propia opinión. Al mismo tiempo, el papa acogía gustoso las sugerencias del sobrino que poco a poco tuvieron un mayor influjo sobre él. El cardenal nepote respondió plenamente a las esperanzas de Pío IV.

Una fecha divisoria en la vida interior de Carlos Borromeo fue la de su ordenación sacerdotal (17 de julio de 1563). Su anterior vida como cardenal no era licenciosa, pero tampoco era la del asceta de los años posteriores. Amaba extraordinariamente la caza y a ella se dedicaba, según algunos, con mayor entusiasmo del que convenía a su dignidad. Jugaba al ajedrez y se divertía con la música. Él mismo tocaba el laúd y el violoncelo. Le gustaba la pompa y la fastuosidad. Le atraían grandemente las veladas literarias y para ello refundó en 1560 la Accademia delle Notti Vaticane o Academia de las Noches Vaticanas,​​ fundada en el siglo XV por Paulo III y desaparecida en 1549.​

Federico Borromeo, su hermano, a quien el papa acababa de nombrar capitán general de la Iglesia, murió inesperadamente por un acceso de fiebre el 19 de noviembre de 1562. La muerte del mayorazgo causó hondo dolor al pontífice y al sobrino.​ Incluso corrió el rumor de que Carlos Borromeo, ya subdiácono, sería dispensado del celibato para continuar el nombre familiar. Pero Pío IV lo desmintió categóricamente en el consistorio de 3 de junio, en el que le elevó al orden del presbiterado. El 17 de julio de 1563 fue ordenado sacerdote y el 7 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 17 de noviembre de 1564, el papa le dio el título de cardenal presbítero de santa Práxedes.​

Los ejercicios espirituales de san Ignacio jugaron también un papel muy importante en aquel cambio de vida. Antes de su ordenación sacerdotal se retiró a la casa profesa de los jesuitas para hacer los Ejercicios bajo la dirección de Juan Bautista Ribera, de la Compañía de Jesús, con quien por razón de su cargo de procurador general de la Orden había tenido que tratar muchos asuntos de la misma. En adelante Ribera fue su director espiritual. El cambio obrado en su espíritu comenzó pronto a manifestarse al exterior. Renunció a sus diversiones preferidas y fue tal la austeridad de su comportamiento personal que disgustaba a su mismo tío, que llegó a prohibir a los jesuitas Ribera y Laínez pisar en adelante el palacio del cardenal. A pesar de ello, Carlos no mitigó sus rigores, por el contrario, con su ejemplo de vida fue arrastrando a otros, e incluso a su mismo tío. El embajador veneciano P. Soranzo decía de él que hacía más bien en la corte de Roma que todos los decretos tridentinos juntos.

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