Tal Día como Hoy

Carl Schmitt

Jurispublicista y filósofo jurídico alemán

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Carl Schmitt (Plettenberg, 11 de julio de 1888-Plettenberg-7 de abril de 1985) fue un filósofo, teórico político y jurista alemán, y activista nazi destacado pero efímero (1933-1936). Schmitt escribió extensamente sobre el ejercicio efectivo del poder político. En tanto que intelectual tradicionalista,​​ Schmitt destacó como crítico del parlamentarismo, el liberalismo y el cosmopolitismo,​ y su obra ha ejercido una gran influencia en la teoría política, la teoría jurídica, la filosofía continental y la teología política, pero su valor y su importancia son controvertidos, principalmente debido a su apoyo intelectual y a su breve participación activa en el nazismo. La obra de Schmitt ha atraído la atención de numerosos filósofos y teóricos políticos, tales como Giorgio Agamben, Ernst-Wolfgang Böckenförde, Helmuth Plessner, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Susan Buck-Morss, Jacques Derrida, Jürgen Habermas, Jaime Guzmán, Ernesto Laclau, Dalmacio Negro, Álvaro d'Ors, Montserrat Herrero, Reinhart Koselleck, Friedrich Hayek,​ Chantal Mouffe, Antonio Negri, Leo Strauss, Adrian Vermeule​ y Slavoj Žižek, entre otros.

Según la Stanford Encyclopedia of Philosophy, "Schmitt fue un agudo observador y analista de las debilidades del constitucionalismo liberal y del cosmopolitismo liberal, pero no cabe duda de que su cura preferida resultó ser infinitamente peor que la enfermedad".​

Escribió centrado en el conflicto social como objeto de estudio de la ciencia política, y más concretamente la guerra. Su obra atraviesa los avatares políticos de su país y de Europa a lo largo del siglo XX.

Militó en el Partido Nacionalsocialista y ejerció diversos cargos bajo el régimen nazi entre 1933 y 1936, pero las amenazas de las SS, que le consideraban un advenedizo, le apartaron del primer plano de la vida pública. No obstante lo anterior, su fuerte compromiso con el régimen de Hitler condujo a que se lo tildara de "Kronjurist" del Tercer Reich.

Su hija se casó con un español, y eso le llevó a frecuentar España, realizando diversos seminarios, en lugares como la Universidad de Santiago o el Centro de Estudios Constitucionales. Si en Alemania había caído en cierto ostracismo por su apoyo al nazismo, tal alineamiento no le supuso ningún problema en la dictadura de Francisco Franco, pues los nazis apoyaron a Francisco Franco con la Legión Cóndor y el suministro de armamento durante la guerra civil española. Sus estancias en España facilitaron su relación con diversos juristas españoles, como el entonces ministro franquista, y posterior fundador de Alianza Popular, Fraga Iribarne, o Manuel García-Pelayo, el primer presidente del Tribunal Constitucional emanado de la Constitución española de 1978.​

Schmitt fue uno de los principales ideólogos del Movimiento Revolucionario Conservador de Alemania. Su teorización se basa en la necesidad de instaurar un poder de «decisión» adecuado que termine con la lucha de clases, cosa que no es posible en un Estado liberal, en el cual no se puede justificar la exigencia del sacrificio de la vida en favor de la unidad política.

Schmitt concibe la «acción política» como «decisión» que debe tener la talla de producir un «mito» que comprometa a los individuos: tal «producción» solo puede resultar de la guerra. El Estado ya no es el portador del monopolio político, pues se ha visto reducido en importancia a tan solo una «asociación» más y que no se encuentra por encima de la sociedad.

Schmitt propone una pluralidad, con el Estado como comunidad suprema y más intensa. Concibe la idea de «comunidad» con «personas esencialmente ligadas» y no una sociedad de «personas esencialmente separadas». Schmitt mantuvo una polémica con Hans Kelsen acerca de la concepción del Estado, la defensa de la Constitución y demás formas jurídicas democráticas.

Esa «comunidad» es la que puede llevar a superar la degradación que al Estado ha producido el liberalismo que, con su negación de la política, lo ha convertido en un «sirviente burocrático armado». Su rechazo a las democracias parlamentarias pluralistas, en cuanto incapaces de controlar los nuevos potenciales surgidos de la socialización creciente del siglo XX, lo hacen optar por la dictadura como forma de gobierno.

El concepto de Estado presupone el de «político», y el Estado es definido como el estatus político de un pueblo organizado sobre un territorio delimitado. En la época actual, el Estado se encuentra entremezclado con la sociedad, al punto que lo político no admite ser definido a partir de lo estatal. Por eso, para llegar a una definición de lo político se requiere el descubrimiento y la fijación de una distinción específica a la cual sea posible referir las acciones y los motivos políticos. Esa distinción es la distinción de «amigo y enemigo», la cual determina la esencia de lo político, y desde este criterio se puede determinar lo político y lo apolítico. En la medida que no es derivable de otros criterios, ella corresponde, para la política, a los criterios relativamente autónomos de otros ámbitos humanos: bueno y malo para la moral, bello y feo para la estética, etc.

Así, la esencia de las relaciones políticas es el antagonismo concreto originado a partir de la posibilidad efectiva de lucha. Lo político es, entonces, una conducta determinada por la posibilidad real de lucha; es también la comprensión de esa posibilidad concreta y la correcta distinción entre amigos y enemigos. El medio político es, por ende, un medio de combates concretos.

El significado de la distinción de amigo–enemigo es el de indicar el extremo grado de intensidad de una unión o de una separación, que puede subsistir teórica y prácticamente sin que, al mismo tiempo, deban ser empleadas otras distinciones morales, estéticas, económicas, etc., pues no hay necesidad de que el enemigo político sea moralmente malo o estéticamente feo, «el enemigo es simplemente el otro que está en contra de mi posición». El enemigo político es un conjunto de hombres que combate, al menos virtualmente, o sea sobre una posibilidad real, y que se contrapone a otro agrupamiento humano del mismo género. Enemigo es sólo el enemigo público, puesto que todo lo que se refiere a semejante agrupamiento, y en particular a un pueblo íntegro, deviene por ello mismo público, es por esto que aunque el enemigo sea político no necesariamente tiene que ser un enemigo en la esfera de las relaciones individuales.

El antagonismo político es el más intenso y extremo de todos y cualquier otra contraposición concreta es tanto más política cuanto más se aproxima al punto extremo, el del agrupamiento basado en el concepto amigo–enemigo. Esta relación tiene las siguientes características:

Sentido polémico. Todos los términos y expresiones políticas poseen un sentido polémico, tienen presente una conflictividad concreta cuya consecuencia extrema es el agrupamiento en la polaridad amigo–enemigo (que se manifiesta en la guerra y la revolución).

Sentido político-partidario. En el uso de la polémica cotidiana en el interior del estado, político es hoy usado a menudo en el mismo sentido que político-partidario, la inevitable carencia de objetividad de todas las decisiones políticas (reflejo de la distinción amigo–enemigo inmanente a todo comportamiento político).

La eventualidad en términos reales de lucha. En todo agrupamiento amigo–enemigo siempre está latente la posibilidad de la guerra. La guerra es un presupuesto siempre presente como posibilidad real y que determina de modo particular el pensamiento y la acción del hombre, provocando así un comportamiento político.

El grado de intensidad. Todo enfrentamiento puede extraer su fuerza de los más diversos sectores de la vida humana, de contraposiciones religiosas, económicas, morales, etc., pero es verdaderamente político si es lo bastante fuerte como para reagrupar a los hombres entre amigos y enemigos. El grado de intensidad es el que imprime el carácter político.

Esta teoría fue expuesta en las conferencias que impartió en la Universidad de Santiago de Compostela.

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