Tal Día como Hoy

Campo (agricultura)

Espacio de tierra arable cultivable

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Un campo o campo agrícola, en agricultura se refiere a una parcela de tierra sin edificar, fuera del área urbana, presta para el uso cultural agrícola, como por ejemplo:

Muchas granjas tienen un borde de campo, normalmente compuesto por una franja de arbustos y vegetación, que se utiliza para proporcionar el alimento y la cobertura necesarios para la supervivencia de la fauna silvestre. Se ha descubierto que estos lindes pueden aumentar la variedad de animales y plantas de la zona, pero también, en algunos casos, disminuir el rendimiento de las cosechas.​

En el pasado, a menudo los campos estaban rodeados de muros bajos, terraplenes, setos o caminos, la forma y la superficie de los campos ha cambiado mucho durante el último siglo, principalmente debido a dos factores conjuntos:

Aparición de maquinaria agrícola cada vez más grande y potente ( particularmente esparcidores de pesticidas de gran ancho y cosechadoras),

Tendencia a la concentración de las tierras agrícolas en grandes explotaciones.

En las últimas décadas, los campos han sido cada vez más grandes, más planos (eliminación de terraplenes, estanques y microrrelieves) y paralelepipédicos (aunque también pueden adoptar en ocasiones una forma completamente redonda como en Estados Unidos en regiones donde se practica la agricultura circular de regadío, alrededor de un pivote central).

Antiguamente, los campos se reservaban regularmente para dejar que la tierra "descansara" y reponer su humus. El barbecho fue impuesto y/o subvencionado por la política agrícola común en Europa durante algunos años para limitar los excedentes agrícolas y por razones medioambientales, luego abolido a petición de los ministros de agricultura de los principales países agrícolas.​

En los últimos años, en Europa, se han creado franjas de césped entre ciertos campos y ríos.

Gestión de campos para cultivos

La gestión de campos agrícolas mediante técnicas adecuadas puede aumentar la productividad, la sostenibilidad y la viabilidad económica de una explotación. Cada finca puede requerir un enfoque particular según sus condiciones específicas, objetivos y recursos disponibles.

La realización periódica de análisis de suelo permite conocer los niveles de nutrientes, el pH y el contenido de materia orgánica, lo que facilita prácticas de fertilización y enmienda más precisas.​

La rotación de cultivos puede prevenir el agotamiento del suelo y reducir la acumulación de plagas y enfermedades; por ejemplo, alternar leguminosas y cereales contribuye a mantener la fertilidad del suelo.​ Este efecto se explica en gran medida por la capacidad de las leguminosas para fijar nitrógeno atmosférico mediante su simbiosis con bacterias del suelo, lo que reduce la necesidad de fertilizantes nitrogenados en el cultivo siguiente; una síntesis global de estudios de campo estimó que, en promedio, un cultivo previo de leguminosas incrementa el rendimiento del cultivo principal en torno a un 20 %.​

Asimismo, sembrar cultivos de cobertura, como el trébol o el centeno, durante la temporada baja mejora la estructura del suelo, previene la erosión y aumenta su contenido de materia orgánica.​ Estos beneficios se producen porque los residuos y las raíces de los cultivos de cobertura aportan biomasa adicional, favorecen la formación de agregados estables y reducen la exposición directa del suelo a la lluvia y al viento; una revisión sobre el tema documentó también incrementos en la infiltración de agua y en la conductividad hidráulica del suelo tras varios años de uso continuado de cultivos de cobertura como el centeno y el trébol.​

Los sistemas de riego eficientes, como el riego por goteo o el riego por aspersión, permiten aplicar el agua en el momento y el lugar adecuados, lo que minimiza su desperdicio y mejora el rendimiento de los cultivos.​ Un metaanálisis global sobre riego por goteo subterráneo en distintos cultivos, hortalizas y frutales confirmó que esta técnica aumenta de forma consistente tanto el rendimiento como la productividad del agua respecto a métodos de riego convencionales.​

La recolección y el almacenamiento del agua de lluvia para el riego pueden reducir la dependencia de fuentes externas de agua y disminuir los costos de producción.​ Un estudio realizado entre agricultores de regadío intensivo señaló que la posibilidad de reducir costos —especialmente los asociados a la extracción y el bombeo de agua subterránea— constituye uno de los principales motivos para instalar sistemas de captación de agua de lluvia en las explotaciones.​

El uso de técnicas como el acolchado (mulching) reduce la evaporación directa desde la superficie del suelo y ayuda a mantener más estable la humedad disponible para las plantas, tanto con materiales orgánicos como con película plástica.​ De modo complementario, el desarrollo y uso de variedades de cultivo con mayor tolerancia a la sequía —mediante mejoramiento genético convencional o técnicas moleculares— constituye otra estrategia para mantener la productividad agrícola en condiciones de menor disponibilidad hídrica.​

Los campos malditos son llamados así porque el suelo está contaminado por esporas tras la descomposición de los cadáveres de animales infectados por el carbunco (o ántrax maligno).​

En 1878, Louis Pasteur fue a Beauce a visitar a unos campesinos afectados por la muerte de sus rebaños. Habían observado que las ovejas contraían ántrax en algunos pastos, incluso después de años de abandono. Se demostró el ascenso a la superficie de las esporas por parte de las lombrices a partir de cadáveres de animales enterrados y el papel facilitador de la penetración de las esporas que desempeñan las heridas superficiales provocadas en la mucosa oral por los rastrojos.​

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