La calle de Atocha es una vía de Madrid. Discurre entre la plaza de la Provincia (adyacente a la plaza Mayor) y el paseo del Prado, junto a la plaza del Emperador Carlos V (conocida popularmente como glorieta de Atocha). Desde finales del siglo XIX, se hizo muy popular al comunicar el centro de la ciudad con la estación de ferrocarril.
El nombre de la calle proviene del camino, que antaño entre espartos, olivares y cañizares, llevaba a la antigua ermita de la Virgen de Atocha. El camino se encontraba en la época de los Austrias rodeado a ambos lados de numerosos hospitales, casas de recogida, ermitas, humilladeros y conventos.
Ya en la Edad Media se podía acceder a la ciudad de Madrid desde el poblado de Vallecas por un camino que finalizaba en la plaza del Arrabal (actual plaza Mayor) ubicada a orillas de la muralla de Madrid. Este camino era muy transitado debido a las frecuentes romerías a la ermita de la Virgen de Atocha, fruto de la gran devoción del pueblo madrileño a la Virgen de Atocha. En los siglos XVI y XVII el camino se encontraba rodeado de conventos, asilos, y hospitales. El Emperador Carlos V fue el primer monarca que comenzó a poblar el arrabal de Santa Cruz que se prolongaría desde la plaza de Santa Cruz hasta la puerta de Vallecas (ubicada en la actual plaza de Antón Martín). Sin embargo, la calle de Atocha no aparece en los planos topográficos de la ciudad hasta mediados del siglo XVII: como es el caso del plano de Teixeira. Durante el reinado de Felipe IV se registraron los paseos que daba su mujer visitando a caballo las ermitas de la zona.
La parroquia de Santa Cruz se construyó a orillas de una laguna que posteriormente fue desecada, y su área fue empleada para celebrar mercados (es la actual plaza Mayor). Esta laguna y la parroquia quedaban fuera de la muralla. Las primeras casas en torno a la parroquia se construyeron en el siglo XV gracias a las cesiones de solares que hace el municipio (además de provisiones reales concedidas por Carlos V) a los que quisieran habitar la zona. Por este tiempo la calle era un camino que salía por la ciudad (que alcanzaba su límite en la plaza de Santa Cruz, y que posteriormente el siglo XVI llega a la plaza de Antón Martín) con dirección a Vallecas. La ciudad se iba poblando, y el crecimiento de número de viviendas en él se vertebraba a lo largo del camino extendiéndose a sus alrededores: se trataba del arrabal de la Santa Cruz. El capellán y limosnero mayor del rey Felipe II Luis Manrique de Lara, con el objetivo de poder acoger a aquellas mujeres que quisieran cambiar de vida (denominado por esta razón también como Recogidas), construyó en 1579, a la altura del número 30, el convento de la Magdalena. El convento fue derribado en 1836. El colegio y convento de Santo Tomás (denominado de Atocha y ubicado en la manzana 159) fue un edificio religioso fundado por Fray Diego de Chaves en 1583 y perteneciente a los padres dominicos. Dos hospitales se crearon en la calle en 1657: el Hospital de la Pasión (dedicado a mujeres enfermas) y el de Monserrat (fundado por la corona de Aragón). En 1586 se estableció en la calle la imprenta de Juan de la Cuesta (junto al Asilo de Niños Desamparados).
Con el mandato de Felipe II se estableció la Corte en la ciudad. La administración de la ciudad hizo que la continua expansión demográfica se constriñese, conteniendo la población dentro de unos ciertos límites. Felipe II dictó algunas provisiones reales a este respecto y financió la creación de hospitales como el de la Anunciación. Se estableció una frontera que correría paralela por la actual calle de la Magdalena hasta encontrarse en la puerta de Vallecas (en la plaza de Antón Martín) donde se encontraba, ya a las afueras, el Hospital de San Juan de Dios. La puerta que se denominaba de Vallecas pronto tendría que desplazarse a una posición más alejada del centro de la parroquia de Santa Cruz, en el arroyo de Nuestra Señora de Atocha: se creaba así la primera puerta de Atocha. Es a partir del siglo XVI cuando se hace referencia a esta puerta en los documentos oficiales del municipio. El convento de Nuestra Señora de Atocha fue fundado extramuros, muy alejado, en el año 1523 por Fray Juan Hurtado de Mendoza. En 1643 se nombró a la Virgen de Atocha, por voto del reino, como protectora de la monarquía, siendo lugar de los festejos de la Corte. Se comenzó a construir la iglesia de San Sebastián bajo la dirección de Antonio Sillero. El convento de la Trinidad fue fundado en 1562 por Felipe II, encargándose de las obras de la iglesia el arquitecto Gaspar Ordóñez en 1547. Por orden de Felipe II se construyó en 1581 el Colegio de Nuestra Señora de Loreto para las niñas huérfanas. Existió también una penitenciaría para mujeres denominada La Galera, así como otros centros de reclusión de mujeres en la calle de Atocha como San Nicolás Bari (números 119 y 121).
La ermita del Cristo de la Oliva, cercana al convento de la Virgen de Atocha y a la ermita de San Blas, poseía en su interior una imagen del Cristo de la Oliva, que fue muy admirado en los siglos XVII y XVIII. Se celebraba inicialmente el 3 de mayo una romería (romería del Cristo de la Oliva) que consistía en trasladarse a la ermita para adorar la imagen. Esta romería se trasladó posteriormente al 14 de septiembre. Existieron otras ermitas a lo largo de su recorrido como la ermita de San Juan (en sus cercanías se celebraban antiguamente corridas de toros), o la ermita de San Roque.
De "camino de Atocha" a vía principal
A comienzos del siglo XVI, 'la calle de Atocha' aparece ya en documentos administrativos de la Casa de Austria, aunque más conocida como camino de Atocha en la jerga popular. Inició su urbanización Francisco de Mora, el primer arquitecto municipal de Madrid, en 1592, como parte de un plan de reformas interiores ideado por Felipe II y su arquitecto Juan de Herrera. En 1610 se creó en la calle el Colegio de los Niños Desamparados y se trasladaron a él los niños que había en Recogimiento de Santa Isabel (fundado también con Felipe II).
En el palacio de Francisco de Silva y Mendoza comenzó a reunirse la Academia Selvaje, tertulia literaria fundada en 1612, a la que acudieron personajes de la talla de Miguel de Cervantes o Lope de Vega. Casi dos siglos después, se reunirá también en esta calle la Tertulia de la Fonda de San Sebastián, en la esquina con la calle de San Sebastián.
En el número 87 de la calle estuvo la imprenta donde se hizo en 1604 la edición príncipe de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En 1780 se crea el colegio de Cirugía de San Carlos que se convirtió posteriormente en una facultad de medicina. En 1766, siendo rey Carlos III, tuvo lugar en Madrid y otros puntos de España la revuelta que ha pasado a la historia como motín de Esquilache, en la que se calcula que participaron alrededor de 40 000 personas y que cerca estuvo de poner en peligro la figura real. El inicio del motín estuvo en la calle Atocha, a la altura del actual Teatro Monumental. A lo largo de la calle circularon dos mil personas protestando en voz alta «¡Viva el Rey! ¡Viva España! ¡Muera Esquilache!» en dirección al Palacio Real. En la plaza de Antón Martín se coloca la Fuente de la Fama construida por Pedro de Ribera en 1732, posteriormente ya en 1941, fue trasladada a su actual emplazamiento, junto a una de las fachadas del antiguo Real Hospicio de San Fernando. Los comercios que se van instalando en la calle de Embajadores (gracias a los privilegios extendidos por las embajadas) extiende pronto su influencia a Atocha. Instante en el aparecen en la calle, artesanos, talleres y comercios. En cuanto a vecinos de ese periodo puede mencionarse, en el número 8, a Simón Bolívar, hacia 1799. Antes, en 1788, se edificó el Real Colegio de Cirujanos, como ampliación de la Facultad de Medicina —a la que se accedía por el gran portón de Atocha— y el Hospital Clínico (que en el siglo XXI se convirtió en parte del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía). Tal concentración hizo que la calle se poblara de pensiones para acoger a los numerosos estudiantes de medicina que venían a estudiar en San Carlos. También se edificaron palacios como el de los condes de Tepa, junto a la parroquia de San Sebastián, obra concluida en 1808. A comienzos del S.XIX, frente a la iglesia de San Sebastián, hubo un "taller" especulativo de caballeros Rosacruz, señala Josè Ignacio Carmona, en La España màgica (2012).