La Cátedra de San Pedro (en latín: Cathedra Petri) es el término que se aplica a un trono de madera que se conserva bajo el baldaquino de la basílica de San Pedro, en Ciudad del Vaticano; es también el título de una fiesta litúrgica que recuerda el ministerio petrino; y, por último con ese mismo término se hace referencia a ese mismo ministerio, especialmente en cuanto al magisterio papal.
Una leyenda medieval identifica este trono con la cátedra de obispo utilizada por San Pedro como primer obispo de Roma y papa. La cátedra que actualmente se conserva fue donada por Carlos el Calvo al papa Juan VIII en el siglo IX, con motivo de su viaje a Roma para su coronación como emperador romano de Occidente. Este trono se conserva como una reliquia en la Basílica de San Pedro de Ciudad del Vaticano, en una magnífica composición barroca, obra de Gian Lorenzo Bernini construida entre 1656 y 1666.
La Iglesia católica celebra la fiesta litúrgica de la cátedra de San Pedro el 22 de febrero.
La cátedra de San Pedro se encuentra en el interior de un relicario elaborado por Bernini, situado en el presbiterio de la Basílica de San Pedro, enmarcado por pilastras. Se trata de un trono de bronce dorado que se decora con un relieve representando la «traditio clavum» o «entrega de llaves». En su interior conserva la conocida como cátedra de San Pedro.
El trono se apoya sobre cuatro grandes estatuas, también en bronce, que representan a cuatro Padres de la Iglesia, en primer plano San Agustín y San Ambrosio, para la Iglesia latina, y San Atanasio y San Juan Crisóstomo, para la Iglesia oriental.
Por encima del trono aparece un sol de alabastro decorado con estuco dorado rodeado de ángeles que enmarca una vidriera en la que está representada una paloma de 162 cm de envergadura, símbolo del Espíritu Santo. Es la única vidriera coloreada de toda la Basílica de San Pedro.
La tradición católica sostuvo durante siglos que la cátedra fue la silla utilizado por el propio apóstol san Pedro durante su ministerio como primer obispo de Roma. Sin embargo, el consenso histórico, científico y arqueológico moderno ha concluido que el mueble es en realidad una reliquia de época carolingia.
La tesis más aceptada sostiene que la silla fue un regalo del rey franco Carlos el Calvo al papa Juan VIII en el año 875. Esta donación se habría realizado durante el viaje del monarca a Roma para ser coronado emperador Carolingio en la antigua basílica de San Pedro.
El diseño original de la cátedra, elaborada principalmente en madera de roble, incorporaba cuatro grandes anillas de hierro en sus laterales. Esto indica que en sus primeros años fue utilizada como una silla gestatoria para transportar al pontífice a hombros de sus sirvientes. A lo largo de los siglos, la silla sufrió graves deterioros provocados por insectos xilófagos y el paso del tiempo, lo que obligó a realizar múltiples refuerzos estructurales con madera de acacia.
Uno de los aspectos más singulares del trono es la presencia de dieciocho paneles cuadrados de marfil incrustados en su parte frontal. Paradójicamente, estas tallas no representan motivos cristianos, sino los doce trabajos de Hércules y diversas bestias míticas de tradición pagana. Los historiadores del arte sugieren que estos marfiles podrían ser piezas tardorromanas más antiguas (estilísticamente, de los siglos IV o V) reutilizadas, o bien copias carolingias del siglo IX. Asimismo, el respaldo superior (el tímpano) presenta un relieve en marfil que los expertos identifican como un retrato del propio Carlos el Calvo flanqueado por dos ángeles.
La silla comenzó a ser exhibida como reliquia directa de san Pedro a partir del siglo XI, coincidiendo con el auge de las peregrinaciones masivas a Roma y el desarrollo de la Alta Edad Media. Aunque el mueble llegó al Vaticano a finales del siglo IX para ser utilizado estrictamente como asiento litúrgico y silla gestatoria contemporánea, la identificación retrospectiva con el apóstol se afianzó impulsada por las necesidades políticas de la Reforma gregoriana. En un periodo de intensos conflictos con el poder imperial (la Querella de las investiduras), el papado fomentó la veneración de este trono material como prueba visual e ideológica de la supremacía pontificia y de la sucesión apostólica ininterrumpida. Documentos del siglo XI evidencian que el contacto físico con la reliquia pasó a ser un requisito legitimador; la silla comenzó a utilizarse en la ceremonia de entronización para investir de autoridad a los nuevos pontífices, una tradición documentada en el papado de Pascual II (1099) y que alcanzaría su máximo esplendor litúrgico con Inocencio III (1198). Fue durante estos siglos cuando la devoción popular transformó definitivamente la percepción del objeto.
A partir del siglo XII, se inició la costumbre de exhibir la silla a los fieles durante el 22 de febrero (día de la festividad de la Cátedra); el trono de madera era trasladado en procesión desde su capilla hasta el altar mayor del Vaticano para que los fieles pudieran venerarlo. Fue durante este período cuando se produjo el deterioro físico de la silla. El análisis físico del mueble ha demostrado que los peregrinos medievales comenzaron a arrancar sistemáticamente astillas de la madera de roble para llevarlas a sus lugares de origen como reliquias o «elogias» (objetos bendecidos por contacto). Este expolio piadoso causó severos daños estructurales en el trono, lo que explica la vasta cantidad de refuerzos e injertos de madera de acacia que se tuvieron que añadir en los siglos posteriores para evitar su colapso.
Las mutilaciones provocadas por los peregrinos medievales y el daño causado por los insectos xilófagos dejaron la estructura de roble original al borde del colapso. A pesar de los múltiples refuerzos de madera de acacia, para el siglo XV sentarse en ella suponía un riesgo tanto para el pontífice como para la supervivencia de la propia reliquia.Cuando el papa Julio II ordenó demoler la antigua basílica constantiniana para construir el inmenso templo renacentista actual, el trono fue trasladado y su uso como silla de entronización papal fue suspendido. Durante más de un siglo de obras, la silla deambuló por diferentes ubicaciones provisionales (como la sacristía y otras capillas menores), lo que interrumpió la continuidad escenográfica de las antiguas ceremonias medievales.
En el siglo XVII, atestiguando que la fragilidad de la Cátedra y con el fin de proteger su frágil estructura de madera, el papa Alejandro VII encargó al arquitecto y escultor Gian Lorenzo Bernini el diseño de un monumental relicario. Bernini integró la silla original dentro de un colosal trono de bronce dorado (la célebre ''Gloria''), situado en el ábside de la basílica, ocultando el mueble original de la vista de los fieles.
Aunque la tradición sostenía que la silla había pertenecido a San Pedro, su diseño siempre arrojó sospechas de un origen más tardío. El origen medieval de la reliquia fue ratificado tras una exhaustiva investigación promovida por el papa Pablo VI entre 1968 y 1974. Durante este periodo, la silla de madera fue extraída del relicario de Bernini para ser sometida a un escrupuloso análisis estilístico y pruebas de datación por radiocarbono. Los resultados científicos determinaron de manera concluyente que las partes más antiguas de la silla corresponden al siglo VI (los paneles de marfil), mientras que la estructura principal fue fabricada en el siglo IX, descartando por completo que el trono hubiera pertenecido al apóstol del siglo I.
Doctrina de la Cátedra de San Pedro
La Cátedra de San Pedro es también símbolo de la doctrina católica sobre la sucesión y la autoridad del episcopado, fundamentada en el mandato de Cristo a San Pedro y a sus sucesores romanos.
Fiesta de la Cátedra de San Pedro