Tal Día como Hoy

Cáncer de ovario

Tumor maligno que nace en cualquiera de las partes del ovario

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El cáncer de ovario es un tumor maligno que nace en cualquiera de las partes del ovario. El ovario es un órgano complejo que puede ser asiento de numerosos tumores de muy distinta morfología, algunas de las cuales están dotadas de función hormonal, lo que justifica la gran variedad de clasificaciones. La ubicación más frecuente del cáncer es en el epitelio que recubre al ovario.​ También se desarrolla a partir de las células germinales o del tejido conectivo alrededor del ovario.​ El riesgo de padecer cáncer de ovario se correlaciona directamente con anomalías en los genes BRCA1 y BRCA2.​​ Por lo general, el cáncer de ovario no produce síntomas.​

Es por esto que, la mayoría de los casos se detectan cuando la enfermedad ya está avanzada, pero si se detecta en etapa temprana puede mejorar el pronóstico.​

Un estudio retrospectivo publicado en 2018 por Jama Network, afirmaba que: el consumo de aspirina en bajas dosis está relacionado con la disminución de las posibilidades de sufrir cáncer de ovario. La posibilidad calculada de padecer este tipo de cáncer podría disminuir en un 23%. "No estamos en la etapa en la que podríamos recomendar que el uso diario de aspirina reduzca el riesgo de cáncer de ovario".​​

No es fácil calcular la frecuencia exacta del cáncer de ovario y se encuentran grandes diferencias entre diversos países. Alcanza muy alta frecuencia en los países industrializados de Europa Occidental, Israel, Canadá y EE. UU. Es el sexto tumor maligno más frecuente en las mujeres tras los cánceres de mama, intestino grueso, pulmón, útero y linfomas.

Tienen una alta mortalidad. Excluyendo el cáncer de mama, supone la primera causa de muerte por cáncer ginecológico, a pesar de que su frecuencia es menor que la de útero. Presentan un diagnóstico difícil y se suele actuar en estadios avanzados. En España representa el 3,31 % de todas la muertes por cáncer y se sitúa en el octavo lugar detrás de los cánceres de mama, estómago, colon y recto, útero, pulmón, páncreas y leucemia (López-Abente y cols. 1996). La malignidad de los tumores ováricos es más frecuente después de los 50 años. La edad media se sitúa entre los 50 y 59 años, con el a los 89 años.

Es un importante problema de salud, más que por su incidencia por su tasa bruta de mortalidad, debido al diagnóstico en fases avanzadas de la enfermedad, y se puede considerar como la única neoplasia ginecológica en la que el diagnóstico precoz no ha avanzado en los últimos años. El cáncer de ovario representa la cuarta causa de muerte por cáncer en mujeres en Estados Unidos y la primera causa de muerte por cáncer ginecológico en el mundo occidental.​

La esterilidad y fármacos utilizados para la estimulación ovárica en tratamientos de más de un año de duración, como el Clomifeno aumentan la incidencia del cáncer de ovario. Por su parte, el parto, el uso de anticonceptivos orales, la ligadura tubárica (por un mecanismo aún desconocido) y la histerectomía reducen la incidencia de cáncer de ovario. Aún falta evidencia de la asociación de algunos factores con el cáncer de ovario, incluyendo la exposición a talco y asbesto, la Terapia Hormonal Sustitutiva, una dieta rica en grasas y factores tóxicos como tabaco, alcohol, café y radiaciones ionizantes.

Los factores de riesgo asociados con el cáncer de ovario incluyen:​

Aparición temprana de la menarquia

Aparición tardía de la menopausia

Si la madre de una mujer y/o una hermana han presentado cáncer de ovario, de mama o de útero, la mujer tiene un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.​

También, las mujeres que han presentado quistes o endometriosis, son especialmente proclives.​

Es una enfermedad que suele producir pocos síntomas, pudiendo alcanzar una fase avanzada antes de causarlos. El primer síntoma suele ser un ligero malestar en la parte inferior del abdomen, similar a una indigestión; la hemorragia uterina no es frecuente.

El hecho de que una paciente posmenopáusica tenga ovarios de mayor tamaño puede ser un signo precoz de cáncer, a pesar de que su crecimiento también puede deberse a quistes, a masas no cancerosas y a otros trastornos. Asimismo, puede aparecer líquido en el abdomen y éste puede hincharse, debido a ello o al aumento de tamaño del ovario. En esta fase, la mujer puede tener dolor en la pelvis, anemia y pérdida de peso. En algún caso excepcional, el cáncer de ovario secreta hormonas que producen un crecimiento excesivo del revestimiento interno uterino, un aumento en el tamaño de las mamas o un mayor desarrollo del vello. Otros síntomas pueden ser la falta de apetito, la saciedad o el cansancio.

Es desconocida, pero se sabe que se necesitan múltiples factores y que se suelen producir a partir de la transformación maligna del epitelio de la superficie ovárica. Es más frecuente en nulíparas apoyado en la hipótesis de la ovulación incesante y del efecto protector de los anovulatorios y los embarazos.

Existe un factor genético hereditario que se conoce como cáncer de ovario familiar o hereditario (entre un 5 y 10% tienen este componente), también hay autores que recomiendan una quimioprevención con anticonceptivos hormonales orales en estas mujeres con factor hereditario durante un periodo igual o superior a 6 años.

La duplicación genómica no ocurre de forma única, sino como un proceso continuo durante la progresión tumoral, generando células con diferentes grados de ploidía. En más del 60 % de los tumores analizados se detectaron múltiples eventos de WGD, lo que sugiere un modelo evolutivo activo dentro del tumor.​

Diversos estudios han descrito que la duplicación completa del genoma (WGD) es frecuente en el cáncer epitelial seroso de ovario. Este fenómeno promueve inestabilidad cromosómica, favorece la diversidad genética dentro del tumor y contribuye al surgimiento de subclones con resistencia terapéutica.​

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