Burundi, oficialmente República de Burundi (en kirundi: Republika y'u Burundi, pronunciado /buˈɾundi/; en francés: République du Burundi, pronunciado /by.ʁynˈdi/), es un Estado soberano, ubicado en la región de los grandes lagos en África Oriental, que carece de salida al mar. Limita al norte con Ruanda, al sur y este con Tanzania, y al oeste con la República Democrática del Congo. Tiene una población estimada de 12 889 577 habitantes y su territorio se extiende sobre una superficie de 27 830 km². Su capital es la recientemente establecida Guitega. Otras ciudades importantes son Buyumbura, la ciudad más poblada con un millón de habitantes, y Ngozi. A pesar de carecer de litoral marino, parte de su frontera occidental limita con el lago Tanganica.
Los pueblos twa, tutsi y hutu son los más antiguos de Burundi, han ocupado el país desde su formación hace cinco siglos. Burundi fue gobernado como un reino por el pueblo tutsi durante más de doscientos años. Sin embargo, al inicio del siglo XX, Alemania y Bélgica ocuparon la región, y Burundi y Ruanda se convirtieron en una colonia europea conocida como Ruanda-Urundi.
El antiguo nombre del país era Urundi-Ubrundi-Bruwanda. Urundi es la abreviación de Urundi Ruanda ("La otra Ruanda"), tal como las fuerzas coloniales belgas solían referirse al territorio. El nombre actual del país proviene del lenguaje bantú kirundi.
La inestabilidad política ocurrida en la región debido a diferencias entre los tutsi y los hutu, provocó dos guerras civiles y genocidios en el año 1970 y de nuevo en los años 1990 (véase Guerra civil de Burundi). Actualmente, Burundi es gobernado como una república representativa presidencialista democrática.
El 61 % de la población es católica, el 21 % es protestante, el 2,5 % es musulmán «y el porcentaje restante es animista o pertenece a otras denominaciones cristianas.»
Burundi es uno de los países más pobres del mundo y en 2021 tuvo el PIB per cápita más bajo del mundo según el Banco Mundial. El PIB de Burundi es bajo debido a las guerras civiles, la corrupción, el pobre acceso a los servicios de educación y salud, una infraestructura débil y los efectos del VIH/sida. Burundi está densamente superpoblada, con una emigración sustancial. El cobalto y el cobre son sus principales recursos naturales, y algunas de las principales exportaciones son azúcar y café. Hoy en día, Burundi sigue siendo una sociedad abrumadoramente rural, con solo el 13 % de la población viviendo en zonas urbanas según datos del 2013 y la ocupación de las poblaciones rurales ha provocado la deforestación masiva, la erosión del suelo y la pérdida de hábitat.
Burundi es uno de los pocos países de África que, junto con la vecina Ruanda, con la que está muy relacionado, es la continuación directa de un antiguo Estado africano. Los orígenes de Burundi se conocen solo a través de una mezcla de fuentes históricas orales y de arqueología. Existen dos leyendas principales que narran la fundación de Burundi. La más popular cuenta la historia de un ruandés llamado Cambarantama, al que atribuye la fundación de la nación. La otra versión, más habitual en el Burundi precolonial, decía que Cambarantama provenía del Estado meridional de Buha. La noción del origen ruandés del reino fue promovida por los colonizadores europeos, porque se adaptaba a su ideal de una clase dirigente que provenía del noreste hamítico. La teoría ha continuado hasta convertirse en un dogma semioficial en el moderno Estado de Burundi. Los historiadores dudan del origen hamítico de los Tutsi, aunque aún se cree que sus ancestros migraron desde el norte a lo que es hoy Burundi en el siglo XV.
La primera prueba de la existencia del Estado de Burundi es del siglo XVI, cuando este emerge al pie de las colinas orientales. Durante los siguientes siglos se expande, anexionándose pequeños vecinos y llegando a competir con Ruanda. Alcanzó su mayor extensión durante el reinado de Ntare Rugama, que rigió la nación entre 1796 y 1850 aproximadamente y vio como el reino doblaba su tamaño.
El Reino de Burundi se caracterizaba por la autoridad política jerárquica y el intercambio económico tributario. El rey, conocido como el (U)mwami encabezaba una aristocracia ((a)baganwa) que poseía la mayor parte de las tierras y exigía un tributo o tasa de los campesinos y ganaderos locales. A mediados del siglo XVIII, esta realeza tutsi consolidó su autoridad sobre la tierra, producción y distribución con el desarrollo del ubugabire— una relación clientelar similar a las características de la Europa del feudalismo, en la que el pueblo recibía protección real a cambio de tributos.
Aunque los exploradores europeos y los misioneros hicieron breves incursiones en la zona tan pronto como en 1856, no fue hasta 1899 que Burundi se convirtió en parte del África Oriental Alemana. A diferencia de la monarquía ruandesa, que decidió aceptar los avances alemanes, el rey de Burundi, Mwezi Gisabo, se opuso a toda influencia europea, rechazando llevar atuendo europeo y resistiéndose al avance de los misioneros y administradores. Los alemanes utilizaron la fuerza armada con éxito, aunque no pudieron acabar con el poder del rey. Finalmente, apoyaron al yerno del rey, Maconco, en una revuelta contra Gisabo. Gisabo tuvo que aceptar la tutela de los alemanes y los alemanes le ayudaron a acabar con la revuelta de Maconco. Los pequeños reinos que se encontraban a lo largo de la orilla occidental del lago Victoria fueron anexionados a Burundi.
Antigua colonia alemana y belga, en 1962 consiguió la independencia y se restauró la antigua monarquía tutsi, bajo la figura del rey Mwambutsa IV. Se proclamó la república en 1966. Burundi ha sido desde los años 60 escenario de varios golpes de Estado y masacres producidas por la rivalidad entre las dos etnias principales del país, los hutus y los tutsis, especialmente entre 1993 y 1999, en que la violencia étnica entre facciones hutu y tutsi en Burundi produjo centenares de miles de refugiados y unos 250 000 muertos. A pesar de que algunos refugiados han vuelto desde países vecinos, los enfrentamientos interétnicos han obligado a otros a huir. Las tropas de Burundi, para asegurar sus fronteras, han intervenido en el conflicto de la República Democrática del Congo.
Aunque la élite política de los tutsi ha gobernado el país durante siglos, tras la última reforma constitucional del 2005, un hutu, Pierre Nkurunziza, fue elegido presidente. El 13 de mayo de 2015 se produce un intento de golpe de Estado liderado por el mayor general Godefroid Niyombare, el cual fue arrestado el 15 de mayo.
En noviembre de 1995, los presidentes de Burundi, Ruanda, Uganda y Zaire (actualmente República Democrática del Congo) anunciaron una iniciativa regional para una paz negociada en Burundi, favorecida por el antiguo presidente tanzano Julius Nyerere. En julio de 1996, el antiguo presidente de Burundi, Pierre Buyoya, regresó al poder mediante un golpe no sangriento. Se autoproclamó presidente de un Gobierno de transición e incluso suspendió la Asamblea Nacional, ilegalizó los grupos de oposición e impuso el toque de queda en todo el país.
El golpe recibió la condena de todos los países de la región, que impusieron sanciones económicas a Burundi en espera de un regreso a la normalidad constitucional. Buyoya accedió en 1996 a legalizar los partidos políticos. Sin embargo, las luchas entre el ejército y las milicias hutu continuaron. En junio de 1998, Buyoya promulgó una constitución de transición y anunció la colaboración entre el Gobierno y la Asamblea Nacional, encabezada por la oposición. Después de la muerte de Julius Nyerere en octubre de 1999, los líderes regionales nombraron a Nelson Mandela como árbitro del proceso de paz de Arusha. Con Mandela, el proceso de paz revivió y se realizaron importantes progresos.
En materia de derechos humanos, respecto a la pertenencia a los siete organismos de la Carta Internacional de Derechos Humanos, que incluyen al Comité de Derechos Humanos (HRC), Burundi ha firmado o ratificado: