Borja es un municipio y ciudad española de la provincia de Zaragoza, en la comunidad autónoma de Aragón. El término municipal, ubicado en la comarca del Campo de Borja, cuenta con una población de 5202 habitantes (INE 2025).
Integrado en la comarca del Campo de Borja, de la que ejerce de capital, se sitúa a 64 km de la capital aragonesa. El término municipal está atravesado por la carretera nacional N-122 entre los pK 60 y 67, además de por las carreteras autonómicas A-1302, que comunica con Fréscano, y A-1303, que se dirige a Ainzón, y por una carretera local que permite la comunicación con El Buste. El nombre del lugar en aragonés es Borcha.[cita requerida]
El relieve del municipio es irregular, suavizado por la presencia del río Huecha, que lo cruza de oeste a este. Al norte del río, entre los barrancos, se alzan algunas muelas que superan los 700 m de altitud. Al sur del río, el terreno es más abrupto, con numerosos barrancos, superándose los 800 m por el extremo meridional. La altitud oscila entre los 860 m al suroeste y los 440 m a orillas del río Huecha. El pueblo se alza a 448 m sobre el nivel del mar.
Sus orígenes se remontan al siglo V a. C. cuando ya existía una población celtibérica denominada Bursau que acuñaba moneda. Estaba situada en un principio en los alrededores de la cueva Esquilar y poco a poco se expandió por el cercano cerro de La Corona.
Tito Livio ya cita a Bursau en su Historia de Roma como una de las poblaciones celtibéricas del valle del Ebro durante la guerra sertoriana. Plinio el Viejo también la cita dentro de las ciudades pertenecientes al Convento Juridídico de Caesaraugusta. Asimismo, es habitual identificar la Bursada que menciona Ptolomeo en sus crónicas con la actual Borja. Sin embargo, todo parece indicar que se refiere a otra población que habría estado cercana a Cuenca.
Tras la conquista romana (siglo I a. C.) se inician los asentamientos en las laderas del cerro, en las zonas hoy conocidas como Torre del Pedernal y La Romería. Se estima que a partir de la segunda mitad del siglo III, ante la inseguridad generalizada, la población volvió a La Corona y alrededores. No se conoce mucho de la época visigótica, si bien es previsible que la población permaneció en las cercanías del castillo y de la Corona.
El mayor auge se produjo en el siglo VIII, con la llegada de los musulmanes quienes pactaron con el conde visigodo que gobernaba la zona, llamado Casio. Durante este tiempo, parece ser que recibió el nombre de Burŷa, a partir del árabe برج (burŷ) que significa "torre" o "fortín". De estas tierras surgieron los Banu Qasi («Hijos de Casio»), quienes desempeñarían un papel decisivo en la historia musulmana de la península ibérica.
En el siglo XII es reconquistada por los cristianos de manera pacífica. Los musulmanes pudieron permanecer en la población, conservar sus propiedades y mantener su culto. Sin embargo se vieron obligados a trasladar su residencia en el extramuros, concretamente en los alrededores de la calle San Juan.
Los Borgia (en origen, previamente a su italianización, Borja) conforman una de las más importantes familias nobles durante el Renacimiento. Inicialmente establecida en Játiva, existe la creencia de que previamente sus raíces arraigarían en la ciudad de Borja.
Según los partidarios de esta hipótesis, cuando Jaime I de Aragón emprendió la conquista de Valencia en 1225, le acompañaron varios caballeros de esta ciudad, entonces villa, quienes permanecerían en Játiva tras su conquista y darían inicio a la saga. Así como es incontestable que en dicha conquista participaron tanto hidalgos como hombres procedentes de Borja, hasta el momento no se ha podido demostrar que los Borgia o Borja desciendan de manera directa de alguna de estas personas. En algún momento incluso se ha intentado justificar que descendían directamente de Pedro de Atarés, sin embargo se sabe a ciencia cierta que murió sin descendencia. Otras fuentes apuntan a que descenderían de un hijo bastardo de este, o de un hijo desheredado (presumiblemente llamado Ximeno García de Borja) por haberse casado en contra de la opinión de su padre, o incluso de un hermano de Pedro de Atarés, pero ninguno de estos dos puntos se ha podido documentar.
Por otro lado, entre las gentes apellidadas Borja que acompañaron a Jaime I, se habla de un «Pedro de Borja proveniente de Jaca». Pese a la imposibilidad de comprobar la veracidad de esa información, hace pensar que sea probable que dicho apellido ya estuviese consolidado en aquella época también en personas no relacionadas con la localidad.
A todo esto hay que añadir que los partidarios de esta hipótesis hacen hincapié en la presencia del buey de gules en el escudo de armas de los Borgia o Borja y de la vaca del mismo color en el escudo de Borja, como prueba de que la familia fue hija de esta ciudad. Sin embargo, el añadido de la vaca al escudo de Borja es muy posterior a la creación del escudo de la familia. Incluso se cree que este añadido se hizo con la intención de unir vínculos entre la localidad y el linaje en algún momento indeterminado del siglo XVII: hasta al menos 1598, en toda la documentación referida a las armas de Borja únicamente se hace referencia exclusivamente al castillo como símbolo distintivo de la ciudad, encontrando la primera referencia a la vaca en el escudo en 1676, en las Ordenaciones de la Ciudad.
Por lo tanto, podemos considerar que existe la posibilidad de que los Borja tengan algún vínculo con la localidad, pero no se puede dar por hecho puesto que no se ha podido documentar.
En los siglos XV y XVI se convirtió en una fortaleza militar frente a las invasiones castellanas, llegando a recibir del rey Alfonso V de Aragón el título de ciudad el 2 de octubre de 1438. Durante el reinado de los Reyes Católicos fueron expulsados los judíos, que formaban una comunidad importante en Borja. Estos dos siglos representaron un periodo de prosperidad para la población, siendo la época en la que se construyeron la mayor parte de los monumentos y casas palaciegas que existen en la actualidad.
Los siglos XVII y XVIII fueron periodos de recesión, enfermedades y sequía. Durante la guerra de sucesión española, a diferencia de la mayoría de poblaciones aragonesas, Borja se posicionó a favor del bando borbónico. Esto le generó numerosas presiones para que abrazase la causa austracista hasta que el 7 de octubre de 1706, un numeroso ejército dirigido por Cristóbal Fernández de Córdoba y Bazán, décimo conde de Sástago, acampó en sus afueras e inició un bombardeo desde las eras de La Horca. Los borjanos, en clara desventaja numérica, resistieron hasta que, finalmente, al día siguiente la ciudad fue asaltada y saqueada por los partidarios del archiduque Carlos. Finalizada la guerra, el 16 de junio de 1708, Felipe V en reconocimiento a su heroísmo y lealtad, añadió un león y una flor de lis al escudo de la ciudad, otorgándole además los títulos de «Muy Ilustre» y «Fidelísima» junto con la leyenda «Saqueada por ser siempre fidelísima». Además le concedió a la ciudad el privilegio, entre otros, de celebrar una feria franca de quince días en septiembre, que sería el origen de lo que hoy se conoce como «Ferias y Fiestas».
A mediados del siglo XIX se inicia la recuperación económica y en el último tercio del siglo también se da un auge de las exportaciones de sus vinos a Francia, donde las vides se habían visto asoladas por una plaga de filoxera, plaga que finalmente también se extendería por España llegando a Borja en 1899. A la prosperidad de la ciudad ayuda también la construcción del ferrocarril de Cortes a Borja. Inaugurada el 22 de mayo de 1889, inició su decadencia en los años 1930. El Estado barajó la posibilidad de revitalizarla convirtiéndola en vía ancha, pero finalmente el Escachamatas, como era popularmente conocido, realizó su último trayecto el 7 de marzo de 1955.
Desde 1834 hasta 1965 fue cabeza del partido judicial de Borja ampliamente descrito en el diccionario de Pascual Madoz.
Durante el siglo XX, la actividad agraria sobre la que estaba basada la economía de Borja fue perdiendo peso específico y no se llega a producir el auge industrial que benefició a otras ciudades, por lo que Borja fue perdiendo paulatinamente importancia económica y política, de tal modo que una parte importante de su población tuvo que emigrar en busca de nuevas oportunidades en las zonas industriales.