La Biblioteca Nacional Mariano Moreno, más conocida como Biblioteca Nacional, es la biblioteca depositaria más importante de Argentina. Fue creada en 1810 por la Primera Junta como biblioteca pública en el Cabildo de Buenos Aires. La biblioteca fue nacionalizada más tarde y enmarcada dentro del Poder Ejecutivo. En 1996, se le otorgó el carácter de organismo descentralizado y autárquico y se estableció que sus objetivos sean "custodiar, acrecentar, preservar, registrar y difundir la memoria impresa de la cultura" del país. Su sede principal se ubica en un edificio brutalista en el barrio porteño de Recoleta que es Monumento Histórico Nacional.
Biblioteca Pública de Buenos Aires
La Biblioteca Nacional fue creada por decreto de la Primera Junta el 13 de septiembre de 1810, bajo el nombre de Biblioteca Pública de Buenos Aires. Este acontecimiento fue importante ya que se fundó la primera biblioteca pública impulsada por las autoridades gubernamentales, por fuera del ámbito religioso. Su primera ubicación fue, durante dos años, el edificio del Cabildo. En 1812 abre sus puertas al público en una sala del edificio que se encuentra en la esquina formada por las calles Moreno y Perú, dentro de la zona que actualmente se conoce como la Manzana de las Luces. Su primer material bibliográfico provino de instituciones como el Cabildo Eclesiástico y el Real Colegio San Carlos, y donaciones de varios particulares como Luis Chorroarín, Manuel Belgrano, miembros del Protomedicato del Río de la Plata como Miguel O'Gorman, Agustín Febre, José Capdevila y el obispo Manuel Azamor y Ramírez.
Mariano Moreno fue designado Protector de la Biblioteca en 1810. Mientras que Cayetano Rodríguez y Saturnino Segurola fueron designados respectivamente primero y segundo bibliotecario. En enero de 1811 asumió la dirección Luis Chorroarín, quién se mantendría en el cargo hasta 1821, cuando mediante un decreto de Martín Rodríguez fue reemplazado por Saturnino Segurola. Desde 1822 a 1828 ejerció el cargo Manuel Moreno, hermano de Mariano, y la biblioteca contaba en ese entonces con un patrimonio considerable: en 1823, el acervo se integraba por más de 17 000 volúmenes.
Son dignos de destacar los directorios de Vicente Gaspar Quesada y Manuel Trelles. El primero incorporó gran cantidad de material gracias al canje internacional, realizó mejoras en la infraestructura, instaló el primer taller de encuadernación y propuso adoptar la clasificación de materias de Brunet. El segundo director, también incorporó gran cantidad de material bibliográfico. Editó la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, la primera y única publicación de la biblioteca en su etapa previa a la nacionalización. Cuando la Biblioteca pasó a depender del Gobierno Nacional, Trelles fue reemplazado. Estas mejoras que sufrió la Biblioteca Pública se manifestaron en los 7.715 lectores que concurrieron en 1881 y los 32 600 volúmenes con los que contaba en 1882.
En 1884, la provincia de Buenos Aires entrega al Gobierno nacional, la Biblioteca Pública y sus existencias, a cambio de la suma de $ 120.008. Se exceptuaron de esta entrega a la Nación las publicaciones depositadas y financiadas por el gobierno provincial y una pinacoteca. El 5 de octubre de ese año fue designado José Antonio Wilde como primer Director Nacional, quien falleció poco después de asumir al cargo. Desde ese momento se denomina oficialmente Biblioteca Nacional.
El 19 de enero de 1885 asumió el cargo Paul Groussac. Ocupó durante 44 años el cargo de director de la Biblioteca Nacional. Contribuyó a la sistematización del acervo creando, entre otros, un Catálogo Metódico de la Biblioteca Nacional, un Catálogo de documentos del Archivo de Indias, un Catálogo de revistas y periódicos. Adoptó la clasificación de Brunet, propuesta antes por Quesada, aunque con adaptaciones. Se preocupó por organizar por materia en los catálogos, las colecciones de la biblioteca.
Desarrolló una activa política editorial aunque personalista. Fundó dos publicaciones, La Biblioteca en 1896 y Anales de la Biblioteca. En la revista La Biblioteca, se publicaron artículos sobre historia, ciencias y letras y aquí escribieron grandes intelectuales de la época. En la sección Boletín Bibliográfico, reseñaba Groussac las novedades que ingresaban a la biblioteca. A partir del primer número, este director fue publicando allí una completa historia de la Biblioteca Nacional, fruto de sus investigaciones historiográficas. En 1898, a raíz de la polémica con Norberto Piñero sobre el Plan de operaciones, Groussac recibió un llamado de atención del ministro de Justicia Culto e Instrucción Pública, Luis Beláustegui, quien le recordó que Piñero era un representante diplomático argentino y que la revista La Biblioteca, desde la cual el francés atacaba a este último, recibió sus fondos de la nación. En respuesta al ministro, Groussac anunció el cierre de la publicación que contaba en ese momento con 8 volúmenes (24 números) y que, efectivamente, dejará de aparecer ese mismo año. Entre 1900 y 1915, Groussac organizó los Anales de la Biblioteca, una publicación en 10 volúmenes dedicada a “documentos relativos al Río de la Plata” y en la cual también participó activamente.
Durante su gestión el patrimonio bibliográfico aumentó en gran cantidad (en 1893 la Biblioteca contaba con 62.707 volúmenes). Se enriqueció el acervo con las incorporaciones de las bibliotecas personales de Ángel Justiniano Carranza, Amancio Alcorta y Martín García Merou. Además fue gestionada una nueva sede en el número 564 de la porteña calle México, construida originalmente para ser sede de la Lotería Nacional. En este edificio, diseñado por Carlos Morra a partir de las premisas de la beaux arts, e inaugurado en 1901, se instaló una imprenta tipográfica.
La gestión de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría al frente de la Biblioteca abarca de 1931 a 1955. Perteneciente al nacionalismo católico, Martínez Zuviría fue autor de novelas antisemitas. Durante este periodo, el patrimonio de la institución se acrecentó con la adquisición de la biblioteca del hispanista francés Raymond Foulché-Delbosc y la colección de libros de Pedro Denegri de ediciones artísticas y para bibliófilos. Se creó una sala exclusiva para investigadores, la Sala Paul Groussac y otra sala para consultar revistas y diarios. Se dispusieron para el público, catálogos en fichas. Manuel Selva, jefe de la sección Bibliografía y luego secretario general de la institución, describió por primera vez, bajo normas bibliotecológicas el material cartográfico de la biblioteca.
También debe destacarse la gestión del prestigioso escritor Jorge Luis Borges, quien desempeñó el cargo de Director desde 1955 a 1973. Durante su gestión se promovió la construcción de una nueva sede (la actual), que era necesaria debido al amplio patrimonio con el que contaba la Biblioteca. En 1958, el presidente Arturo Frondizi firmó el decreto 5.512/58, adjudicando los fondos presupuestarios para la obra y creando una Comisión Honoraria presidida por Borges, que debería redactar el programa de necesidades para el futuro edificio.
A instancias de José Edmundo Clemente, vicedirector de la institución, se creó la Escuela Nacional de Bibliotecarios.
Tres directores de la Biblioteca Nacional ejercieron el cargo estando ciegos: José Mármol, Paul Groussac y Jorge Luis Borges. Mármol fue director de la entonces Biblioteca Pública de Buenos Aires entre 1858 y 1871. En el año que asumió el cargo ya tenía problemas de visión, en 1861 perdió la de su ojo derecho. Su situación fue empeorando, cuando murió estaba prácticamente ciego, era todavía director de la biblioteca. Borges, que dirigió la biblioteca entre 1955 y 1973, no veía prácticamente nada cuando su gestión comenzó y Groussac, que como Mármol ejerció el cargo hasta su muerte, pasó los últimos 4 años de su vida ciego. En su Poema de los dones, Borges nombra a Groussac y describe esta circunstancia excepcional que los identifica:
Durante el gobierno del presidente Arturo Frondizi por medio de la Ley N.º 12.351 de 1960 se destinaron tres hectáreas ubicadas entre las avenidas del Libertador y Las Heras, y las calles Agüero y Austria, donde hasta 1956 se levantó el Palacio Unzué, utilizado por Juan Domingo Perón como residencia presidencial y demolida por orden de la dictadura autodenominada Revolución Libertadora. Esta casona, que había pertenecido a la familia Unzué, fue uno de los objetivos durante el Bombardeo de la Plaza de Mayo, donde murieron cerca de 400 personas en el marco de un intento fallido de golpe de Estado. En 1956, el poder fue usurpado por Pedro Aramburu, un acérrimo enemigo del presidente depuesto, quien en 1958 definió que el Palacio Unzué debería ser demolido completamente por su valor simbólico para los seguidores de un gobierno que acababa de ser decretado prohibido por ley en la sociedad argentina.