Tal Día como Hoy

Bernardo de Monteagudo

Político rioplatense

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Bernardo José Monteagudo (San Miguel de Tucumán, 20 de agosto de 1789-Lima, 28 de enero de 1825) fue un abogado, político, periodista, militar y revolucionario radicalizado rioplatense, que participó en los procesos independentistas en el Río de la Plata, pero sobre todo en el Perú.

Fue un temprano promotor de la independencia hispanoamericana,​​​​ y a la edad de diecinueve años, uno de los líderes de la Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, de cuya proclama fue el redactor.

Vinculado a los "jacobinos" de la Revolución de Mayo, en especial al porteño Juan José Castelli, practicó, al igual que ellos, violentas políticas revolucionarias, adhiriendo al sector más radical del movimiento independentista. En 1811, fue autor del primer proyecto de constitución del Cono Sur americano. En 1812 reorganizó la Sociedad Patriótica del partido morenista, con cuyos miembros ingresó a la Logia Lautaro, que integraron entre otros Bernardo O'Higgins y José de San Martín.

Influyó en el Segundo Triunvirato, la Asamblea del Año XIII, de la que fue miembro, y el gobierno del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Carlos María de Alvear.

Acompañó al general José de San Martín como auditor del Ejército de los Andes y sería —de acuerdo a sus propias afirmaciones, que por otra parte son rechazadas por parte de la historiografía chilena— el redactor del acta de independencia de Chile que proclamó Bernardo O’Higgins en 1818. En Perú, fue ministro de Guerra y Marina y, posteriormente, también ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de San Martín, durante el primer gobierno independiente de ese país.​

Luego del retiro de San Martín, colaboró con el libertador Simón Bolívar. Desarrolló una visión americanista de la independencia americana , que lo llevó a proponer y diseñar la organización de una gran nación con los territorios que habían pertenecido a la Corona española. Su ideario se confundió con el sueño idéntico de Bolívar, quien convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá para establecer una confederación que incorporara a todos los estados de América.

Fundó y dirigió periódicos independentistas en tres países, como la Gaceta de Buenos Aires, Mártir o Libre y El Grito del Sud, en Provincias Unidas del Río de la Plata; El Censor de la Revolución en Chile, y El Pacificador en Perú.

Monteagudo murió asesinado en Lima, a la edad de treinta y cinco años. Su figura ha sido y sigue siendo objeto de controversia.

Bernardo Monteagudo nació en San Miguel de Tucumán, siendo su padre el español Miguel Monteagudo y su madre la tucumana Catalina Cáceres Bramajo. Otras versiones afirman que su madre era esclava de un canónigo, y que más tarde casó con un soldado de origen español que puso una pulpería con el que pagó la carrera de abogacía de su hijastro.​ Ya de adulto, sus enemigos políticos buscaron discriminarlo utilizando los criterios establecidos en las colonias españolas por los Estatutos de limpieza de sangre, sosteniendo que su madre descendía de indígenas o esclavos africanos y aplicándole los calificativos de «zambo» o «mulato».​​​

Fue el único sobreviviente de once hijos y pasó su infancia en una relativa escasez económica: al morir, luego de gastar su fortuna en ayudar a su hijo, su padre era propietario de una pulpería y una esclava.​ Cursó estudios de abogacía en Córdoba.

Recomendado por un sacerdote amigo de su padre, ingresó a la Universidad de Chuquisaca, donde se graduó en leyes en el año 1808, y comenzó a ejercer como defensor de pobres.

Ese mismo año, al conocerse la invasión francesa de Napoleón Bonaparte a España, Monteagudo escribió una obra titulada Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII. En la misma Monteagudo recreó una imaginaria conversación entre Atahualpa, último monarca del Imperio incaico asesinado por los invasores españoles, y Fernando VII, desplazado de la Corona española por los invasores franceses. En esa obra Monteagudo, con apenas dieciocho años, formuló el famoso silogismo de Chuquisaca:

El escrito de Monteagudo circuló de manera clandestina y fue uno de los que inspiraron las sublevaciones independentistas de Chuquisaca, La Paz y Buenos Aires.

Se incorporó como teniente de artillería del ejército revolucionario, dirigido por Juan Antonio Álvarez de Arenales. Cuando las fuerzas realistas recuperaron el control del Alto Perú, Monteagudo fue encarcelado junto a los demás líderes independentistas, acusado del «abominable delito de deslealtad a la causa del rey».​ A fines de 1809, luego de fugarse de la cárcel de Chuquisaca, se dirigió a Potosí y se incorporó como auditor en la primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú que, al mando de Gonzalez Balcarce, había tomado esa ciudad luego del triunfo en la batalla de Suipacha.​

Monteagudo estrechó lazos con Castelli, quien integraba el ala radical de la Revolución de Mayo de Buenos Aires, liderada por Mariano Moreno y enfrentada a la corriente conservadora liderada por el presidente de la Primera Junta de Buenos Aires, Cornelio Saavedra. Monteagudo apoyó irrestrictamente las medidas extremas adoptadas por Castelli en el Alto Perú, que incluían la abolición de los tributos a los indígenas, la eliminación de la Inquisición, la supresión de los títulos de nobleza y los instrumentos de tortura.​ También apoyó la decisión de Castelli de ejecutar a los militares realistas que lideraron la represión de los movimientos independentistas, Francisco de Paula Sanz, Vicente Nieto y José de Córdoba, atribuyéndoles la responsabilidad por las masacres de Chuquisaca y La Paz.​ Monteagudo apoyó también la política ordenada por Mariano Moreno de vigilar, restringir y desplazar a los españoles sospechosos de apoyar a los realistas; esa política se manifestó en ese momento, en la decisión de Castelli de desplazar de Potosí hacia Salta a 56 españoles sospechosos de no apoyar la independencia.​ Finalmente, Monteagudo compartía una actitud hostil hacia la Iglesia católica, debido a su ideario jacobino, que Castelli hizo manifiesta en el Alto Perú, y que resultó un importante factor de disgusto por parte una población tan apegada al catolicismo.

Luego de la batalla de Huaqui, que terminó con la victoria de las tropas realistas al mando del General José Manuel de Goyeneche, Monteagudo se dirigió a Buenos Aires.

Monteagudo llegó a Buenos Aires en 1811, luego de la muerte de Mariano Moreno y de la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811, que desplazó del gobierno al ala radical de la Revolución de Mayo, afianzando el poder del ala conservadora liderada por Saavedra. Asumió la defensa de varios de los acusados, incluido Castelli, en el juicio para buscar responsables por la derrota de Huaqui. Fue editor del periódico la Gaceta de Buenos Aires, alternándose con Vicente Pazos Silva, quien pronto pasó a ser su enemigo y lo acusó de "sacrílego profanador". Influyó en la redacción del Estatuto Provisional por el que se debía regir el gobierno hasta la reunión de la Asamblea General Constituyente, la primera norma constitucional dictada en el ámbito del Cono Sur americano.

Defendió la política morenista de mantener una acción permanente de vigilancia y sospecha sobre los españoles peninsulares. En 1812, durante el gobierno del Primer Triunvirato, apoyó la denuncia y la investigación del ministro Bernardino Rivadavia sobre una conspiración contra el gobierno encabezada por el comerciante y excabildante español Martín de Álzaga. Monteagudo fue nombrado por Rivadavia como fiscal del proceso sumario seguido contra los acusados, realizado en dos días y sin que se permitiera a los acusados defenderse, como fue la regla en ambos bandos durante la guerra de independencia. El juicio terminó con el fusilamiento y posterior colgamiento de los cuerpos de los 41 condenados en la Plaza de Mayo (en ese entonces Plaza de la Victoria), incluido Álzaga, causando una gran conmoción debida a la ejecución de un español rico e influyente como Álzaga. Las muertes desorganizaron al grupo españolista que venía actuando desde antes de la revolución y que se oponía al grupo americanista que tomó el poder en 1810.​

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