Tal Día como Hoy

Bernardo de Claraval

Santo católico y monje cisterciense francés

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Bernardo de Fontaine, O.Cist. (Fontaine-lès-Dijon, 1090-Abadía de Claraval, 20 de agosto de 1153), conocido como Bernardo de Claraval (en francés: Bernard de Clairvaux), fue un monje cisterciense francés, abad de la abadía de Claraval.

Con él, la Orden del Císter se expandió por toda Europa y ocupó el primer plano de la influencia religiosa. Participó en los principales conflictos doctrinales de su época y se implicó en los asuntos importantes de la Iglesia. En el cisma de Anacleto II se movilizó para defender al que fue declarado verdadero papa, se opuso al racionalista Abelardo y fue el apasionado predicador de la segunda Cruzada.

Bernardo fue enviado a fundar la Abadía de Clairvaux solo unos años después de convertirse en monje en la Cîteaux. En el año 1128, Bernardo asistió al Concilio de Troyes, en el que trazó las líneas generales de la Regla de los Caballeros Templarios, que pronto se convirtió en un ideal de la nobleza cristiana. Posteriormente, para apoyar esta causa, escribió su tratado De Laude Novae Militiae, en el cual desarrolló la justificación teológica de la orden.​

Es una personalidad esencial en la historia de la Iglesia católica y la más notable de su siglo. Ejerció una gran influencia en la vida política y religiosa de Europa.​ A la muerte del papa Honorio II en 1130, se produjo un cisma en la Iglesia. Bernardo fue uno de los principales defensores del papa Inocencio II, argumentando eficazmente a favor de su legitimidad frente al antipapa Anacleto II.

El abad abogó por las cruzadas en general y convenció a muchos para que participaran en la infructuosa Segunda Cruzada, en particular a través de un famoso sermón en Vézelay (1146).

Sus contribuciones han perfilado la religiosidad cristiana, el canto gregoriano, la vida monástica y la expansión de la arquitectura gótica.​ La Iglesia católica lo canonizó en 1174 y lo declaró doctor de la Iglesia en 1830.

Nació en el castillo de Fontaine-lès-Dijon, en Borgoña, Francia, en el año 1090 con el nombre de pila de Bernard de Fontaine. Fue el tercero de siete hermanos. Su padre era caballero del duque de Borgoña y lo educó en la escuela clerical de Châtillon-sur-Seine y durante su formación sacerdotal, a menudo pensó en convertirse en uno de ellos. Después de la muerte de su madre, entró en la Orden del Císter.​

Esta orden había sido fundada pocos años antes por Roberto de Molesmes bajo la regla de san Benito. Solo tenía un monasterio, y por la dureza de la vida que llevaban, tenía pocos miembros.​ Tal monasterio se encontraba cercano a su casa paterna.​ Odón, duque de Borgoña, su benefactor, contribuyó con la construcción de este primer monasterio; igualmente, le donó tierras y ganados.​

Cuando a los 23 años, en el año 1113, ingresó como novicio en la Orden del Císter, le acompañaban cuatro hermanos, un tío y algunos amigos (hasta 30 personas, según otras fuentes). Previamente los había probado durante seis meses, asegurándose de su lealtad y formando un grupo muy unido.​ El convencer a tantos fue una labor ardua, especialmente a su hermano Guido, que estaba casado y tenía dos hijas, y que finalmente dejó a su familia y entró en la orden.​ Posteriormente entrarían en la orden su padre y su hermano menor.​

El año 1115, Esteban Harding, el abad de Císter, ante el doble problema de la masiva presencia del clan de los Fontaine y el repentino hacinamiento que habían provocado en su monasterio, decidió enviar a Bernardo a fundar el monasterio de Claraval, una de las primeras fundaciones cistercienses. Fue designado abad del nuevo monasterio, puesto que desempeñó hasta el final de su vida.​ Fue el obispo de Chalons-sur-Marne, el filósofo Guillermo de Champeaux, quien le ordenó sacerdote y le bendijo como abad.​

El inicio de Claraval fue muy duro. El régimen impuesto por Bernardo era muy austero y afectó su salud.​ Guillermo de Champeaux debió intervenir, delegado por el capítulo general del Císter, para vigilar la salud de Bernardo, suavizando la falta de alimentación y la mortificación implacable que se imponía a sí mismo. Este se vio obligado a dejar la comunidad y a trasladarse a una cabaña que le servía de enfermería y donde era atendido por unos curanderos.​

A lo largo de su vida fundó 68 monasterios distribuidos por toda Europa. Los inicios fueron lentos. En los 10 primeros años solo se establecieron tres nuevas fundaciones: Tre Fontane (1118), la Fontenay (1119) y Foigny (1121). A partir de 1130 se extendieron las primeras abadías por Alemania, Inglaterra y España (Moreruela, 1132).​

Espiritualmente fue un místico y se le considera uno de los fundadores de la mística medieval. Tuvo una gran influencia en el desarrollo de la devoción a la Virgen María.[cita requerida]​

Bernardo fue un inspirador y organizador de las órdenes militares, creadas para acoger y defender a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa y para combatir el Islam.​ Así, tuvo gran influencia en la creación y expansión de la Orden del Temple, redactó sus estatutos e hizo reconocerla en el Concilio de Troyes, en 1128.

En 1130, el cisma del antipapa Anacleto lo apartó de la vida monástica en clausura y comenzó una intensa actividad pública en defensa de Inocencio II.​ Estuvo movilizado de 1130 a 1137 e hizo del abad uno de los políticos más influyentes de su tiempo.​

Participó en las principales controversias religiosas de su época. Sostenía que el conocimiento de las ciencias profanas es de escaso valor, comparado con el de las ciencias sagradas. Sus sentimientos frente a los dialécticos se revelaron en los enfrentamientos que mantuvo con Gilberto de la Porré y Pedro Abelardo.[cita requerida]​

La predicación en la Iglesia medieval era esencial y Bernardo fue uno de sus grandes practicantes. Reclamado constantemente por el clero local, realizó numerosos viajes por el sur de Francia, Renania y otras regiones.​ También predicó las excelencias espirituales de la vida monástica y convenció a muchos para que ingresasen en la orden cisterciense.​ Se le conocía como "Doctor melifluo" (boca de miel), por su suavidad y dulzura.​

Se desplazaba habitualmente a pie, acompañado de un monje, que hacía de secretario y escribía a su dictado durante los desplazamientos.​

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