Tal Día como Hoy

Bernardo de Balbuena

Poeta y eclesiástico novohispano

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Bernardo de Balbuena (Valdepeñas, Reino de Toledo, 20 de noviembre de 1562-San Juan Bautista, Puerto Rico, 11 de octubre de 1627) fue un eclesiástico y poeta español asentado en Nueva España y las Antillas Mayores que llegó a ser obispo de Puerto Rico.

Bernardo de Balbuena nació posiblemente en Valdepeñas (según otros en Viso del Marqués), como hijo natural de Luisa Sánchez de Velasco y de Bernardo de Balbuena, secretario de la Real Audiencia de la Nueva Galicia. Sus abuelos paternos fueron Rodrigo de Balbuena y Teresa Martínez de Santisteban, importantes terratenientes del Viso y estrechamente relacionados con la familia Bazán, marqueses de Santa Cruz.​ De Luisa Sánchez de Velasco se conoce poco, a pesar de su evidente origen ilustre, quizás por los mismos intentos de Balbuena por ocultar su nacimiento ilegítimo.

Tuvo también un hermano llamado Francisco de Balbuena Estrada, quizás el mismo mencionado por fray Antonio Tello en su obra Libro segundo de la Crónica miscelánea (1891, 218).«Francisco de Balbuena Estrada, Rodrigo de Carbajal Ulloa, Francisco de Torquemada, Marcos de Carcoma, Alonso Perez, Martín de Renteria, Diego Lopez Altopiza, Diego de Villegas, Antonio Díaz Benavente de Brizuela, Alonso de Roa, Pedro Arias de Bustos, Alonso de la Puebla. En esta minuta van todos los conquistadores y pobladores que fundaron la ciudad de Compostela, así en Tepic como en el valle de Cactlán, que he querido poner aquí todos juntos, por no los volver a poner otra vez, cuando venga a tratar el cómo se mudó la ciudad de Compostela, de Tepic al dicho valle de Cactlán.» ​De su padre, Francisco de Balbuena Estrada, recibió importantes propiedades en San Pedro de Lagunillas, junto a Compostela, entonces capital de la Nueva Galicia. Debido a cuestiones legales, Bernardo de Balbuena padre regresa a España y, al poco tiempo, reconoce un hijo llamado Bernardo de Balbuena.

Ida a América y comienzo de su carrera

Es importante destacar que, hasta el decenio de 1950, se ha creído que Balbuena dejó España con apenas dos años y que su formación y personalidad estaban determinadas por este hecho. Sin embargo, gracias a la biografía de Rojas Garcidueñas Bernardo de Balbuena: la vida y la obra (1958) se sabe que alrededor de los años 80 del siglo XVI, contando el joven poeta con apenas 20 años, pide licencia para viajar al Nuevo Mundo y encontrarse con su padre que había regresado apenas dos años después de nacer él. Tras veinte años de silencio en la documentación sobre la vida de Balbuena, se encuentran referencias al joven poeta a partir de su llegada a los territorios gobernados por su padre, lugares donde estudia teología y ejerce como hombre de iglesia.

Entre 1585 y 1590 gana dos certámenes poéticos y se instala en la ciudad de Guadalajara; en 1592 es nombrado capellán de la Real Audiencia de Nueva Galicia y cura de las minas del Espíritu Santo, dejando el hogar familiar en San Pedro Lagunillas.​ Durante esos años comienza a madurar su proyecto poético El Bernardo, obra que consta de veinticuatro libros y 40 000 versos en octavas reales, el cual termina diez años después y publica en Madrid en 1624. Es probable que haya comenzado alrededor de 1593 la redacción de La Grandeza Mexicana, obra que dedica en su primera edición a Don Fray García de Santa María Mendoza y Zúñiga, Arzobispo de México, y en una nueva impresión a Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, presidente del Consejo de Indias.

Balbuena deseaba ascender en la escala social e impulsar su carrera eclesiástica, por lo que regresa a principios de 1603 a la Ciudad de México para preparar su regreso a España, viaje que realizará en 1606. En España se doctora en Teología por la Universidad de Sigüenza en 1607; al año siguiente publica su novela pastoril Siglo de Oro en las Selvas de Erífile, en la cual figura un pequeño elogio de la Ciudad de México, con composiciones laudatorias de los afamados poetas Lope de Vega y Francisco de Quevedo y un prólogo del dramaturgo Antonio Mira de Amescua, quien además de elogiar la obra aprovecha para hacer un profundo análisis del género. En 1608 es nombrado responsable de la abadía de Jamaica (actual Jamaica), puesto al que llega en 1611 con la intención de convertir la isla en obispado, objetivo no logrado que condiciona a Balbuena a aspirar a otro cargo. Esto sucedería en 1620, cuando es nombrado Obispo de Puerto Rico, donde llega en 1623. Contando ya Balbuena con una edad avanzada, la fatiga y las malas condiciones de la vida en el Caribe, su vida se agrava tras el asedio de piratas holandeses que destruyeron su casa y quemaron su preciada biblioteca en 1625, hecho de gran trascendencia llegado a estar citado en Laurel de Apolo (1630) de Lope de Vega:

El ánimo de Balbuena no sobrevivió a esta incursión y no se volvió a hacer notar su presencia literaria, apagándose su llama en San Juan de Puerto Rico en 1627.

No se conservan retratos suyos salvo la efigie grabada incluida en su Grandeza mexicana, que sirvió de fundamento a un dibujo del valenciano José Maea (1760-1826) grabado por Rafael Esteve con la leyenda "D. Bernardo de Balbuena. Natural de Valdepeñas en la Mancha. Abad de Jamayca Obispo de Puertorico insigne poeta épico y bucólico: nació en 1568 y murió en 1627". Este grabado fue incluido en Retratos de los españoles ilustres (Madrid, Imprenta Real, 1791), una colección iconográfica realizada a finales del siglo XVIII que buscaba conservar la memoria de los españoles de nota impulsada por el Conde de Floridablanca y apoyada por Carlos IV.

La obra, perteneciente al género de la corografía, se divide en nueve capítulos, cuyos contenidos se reparten en:

Capítulo I. De la famosa México el asiento.

En este primer apartado el autor saluda a Isabel de Tovar, alaba su linaje y sus virtudes, y procede a describir la Ciudad de México y su asiento en medio de un lago, se hacen observaciones sobre el clima de la urbe, los edificios, los paisajes, las huertas, los jardines y las calzadas llenas de gente procedente de diferentes lugares. Concluye el primer capítulo con reflexiones sobre la ambición y maestría de construir una ciudad sobre el agua.

Capítulo II. Origen y grandeza de edificios.

En el segundo capítulo Balbuena construye una concepción latina de México mediante el uso de alegorías que la equiparan a las antiguas ciudades romanas, a la propia España y otras grandes civilizaciones; alaba su traza, semejante a un tablero de ajedrez, y dedica bellos pasajes a la rica arquitectura de la ciudad y sus iglesias.

Capítulo III. Caballos, calles, trato y cumplimiento.

El tercer capítulo se articula esencialmente en la admiración que despierta en Balbuena los caballos novohispanos, los cuales equipara con corceles famosos de la historia para realzar su valía; manifiesta admiración por la destreza de los jinetes que cabalgan por la plaza de la ciudad y enumera con sumo detalle los colores y adornos que portan tanto el jinete como el animal; por último, incluye algunos versos sobre las ricas mercancías que llegan y se comercian en la capital.

Capítulo IV. Letras, virtudes, variedad de oficios.

El capítulo comienza describiendo los diversos oficios que se ejercen en la ciudad, alaba a las diferentes industrias, los materiales con los que trabajan los artesanos y declara su admiración por aquellos que se dedican a las artes, continua con una dura condena a la pobreza de los pueblos mezquinos y deja en claro su preferencia por México, pues en ella puede encontrar toda clase de hombres eminentes e ilustres, bellas escuelas, virtudes, caridad y todo lo bueno que debe poseer un gran pueblo.

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