Tal Día como Hoy

Benito Pérez Galdós

Escritor español

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Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920)​ fue un novelista, dramaturgo, cronista y diputado español.​

Se le considera uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX, no solo en España, y un narrador capital en la historia de la literatura en lengua española, hasta el punto de ser propuesto por varios especialistas y estudiosos de su obra como el mayor novelista español después de Cervantes.​

Pérez Galdós fue un escritor prolífico, que publicó 31 novelas principales, 46 novelas históricas en cinco series, 23 obras de teatro y el equivalente a 20 volúmenes de ficción breve, periodismo y otros escritos. Sigue siendo popular en España y se le considera igual que Charles Dickens, Honoré de Balzac y León Tolstói.​

Transformó el panorama novelesco español de la época,​ apartándose de la corriente romántica en pos del naturalismo y aportando a la narrativa una gran expresividad y hondura psicológica.​ En palabras de Max Aub, Pérez Galdós, como Lope de Vega, asumió el espectáculo del pueblo llano, y con «su intuición serena, profunda y total de la realidad» se lo devolvió, como Cervantes, rehecho, «artísticamente transformado». De ahí que «desde Lope ningún escritor fue tan popular, ninguno tan universal desde Cervantes».​ Fue académico de la Real Academia Española desde 1897.

Llegó a ser propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912, pero su anticlericalismo​ provocó que fuera asediado y boicoteado con éxito por los sectores más conservadores de la sociedad española, representados en el catolicismo tradicionalista,​ que no reconocían su valor intelectual y literario.​

Tuvo gran afición a la política, aunque él mismo no se consideraba un político. Sus comienzos políticos fueron liberales, para abrazar después un republicanismo moderado y, posteriormente, el socialismo de la mano de Pablo Iglesias.​ En sus inicios liberales se afilió al Partido Progresista de Sagasta y en 1886 logró ser diputado por Guayama (Puerto Rico) en las Cortes. A comienzos del siglo XX ingresó en el Partido Republicano y en las legislaturas de 1907 y 1910 fue diputado a Cortes por Madrid por la Conjunción Republicano Socialista; en 1914 fue elegido diputado por Las Palmas.​​

Galdós —bautizado como Benito María de los Dolores—​​ fue el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez Macías, natural del municipio de Valsequillo de Gran Canaria, que había formado parte del batallón de voluntarios conocido como La Granadera Canaria que luchó en la Guerra de la Independencia​ y de Dolores Galdós Medina, natural de Las Palmas de Gran Canaria aunque de origen guipuzcoano, mujer de ‘fuerte carácter’ –según la describía su hijo, el propio escritor–, e hija de Domingo Galdós Alcorta, un funcionario de la Audiencia de Canarias, natural de Azcoitia.​​ Era hermano del militar Ignacio Pérez Galdós, capitán general de Canarias entre 1900 y 1905.​

Siendo aún niño, su padre lo aficionó a los relatos históricos contándole pasajes y anécdotas vividos en la guerra de la Independencia, en la que, como militar, había participado. En 1852, ingresó en el colegio de San Agustín, en el barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria (isla de Gran Canaria), con una pedagogía avanzada para la época, en los años en que empezaban a divulgarse por España las polémicas teorías darwinistas, polémicas que algunos críticos han rastreado en obras como Doña Perfecta.​

Galdós, que ya había empezado a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos, obtuvo el título de bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna (Tenerife), donde había destacado por su facilidad para el dibujo y su buena memoria. La llegada de una prima suya, Sisita, al entorno familiar isleño, trastornó emocionalmente al joven Galdós, circunstancia que se ha considerado posible origen de la decisión final de Mamá Dolores de enviarlo a Madrid a estudiar Derecho.​

Llegó a Madrid en septiembre de 1862,​ se matriculó en la universidad y tuvo por profesores a Fernando de Castro, Francisco de Paula Canalejas, Adolfo Camús, Valeriano Fernández y Francisco Chacón Oviedo. En la universidad conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, que lo alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por el krausismo, filosofía que se deja sentir en sus primeras obras. Frecuentó los teatros y la «Tertulia Canaria» en Madrid, formando tertulia con otros escritores paisanos suyos (Nicolás Estévanez, José Plácido Sansón, etcétera). También acudía a leer al Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Fue en esa institución donde conoció a Leopoldo Alas, Clarín, durante una conferencia del crítico y novelista asturiano, en lo que sería el comienzo de una larga amistad. Al parecer fue alumno disperso y perezoso, faltando a clase a menudo:

En 1865, asistió a la terrible Noche de San Daniel, cuyos sucesos le impresionaron vivamente:

Asiduo de los teatros, le impresionó en especial la obra Venganza catalana, de Antonio García Gutiérrez. Los cronistas y biógrafos recogen que ese mismo año empezó a escribir como redactor meritorio en los periódicos La Nación y El Debate, así como en la Revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente y en calidad de periodista, asistió al pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil.

En 1867, hizo su primer viaje al extranjero, como corresponsal en París, para dar cuenta de la Exposición Universal. Volvió con las obras de Balzac y de Dickens y tradujo de este, a partir de una versión francesa, su obra más cervantina, Los papeles póstumos del Club Pickwick, que se publicó por entregas en La Nación.​ Toda esta actividad supone su inasistencia a las clases de Derecho y lo borran definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año, se produce la llamada revolución de 1868, en que cae la reina Isabel II, precisamente cuando regresaba de su segundo viaje a París y volvía de Francia a Canarias en barco vía Barcelona; en la escala que el navío hizo en Alicante se bajó del vapor en la capital alicantina y llegó así a tiempo a Madrid para ver la entrada de los generales Francisco Serrano y Prim. El año siguiente, se dedicó a hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva Constitución.

En 1869, vivía en el barrio de Salamanca, en la calle Serrano número 8, con su familia, y leía con pasión a Balzac mientras formaba parte de la redacción de Las Cortes. Al año siguiente (1870), gracias a la ayuda económica de su cuñada,​ publicó su primera novela, La Fontana de Oro, escrita entre 1867 y 1868 y que, aun con los defectos de toda obra primeriza, sirve de umbral al magno trabajo que como cronista de España desarrolló luego en los Episodios nacionales.

La sombra, publicada en 1871,​ había ido apareciendo por entregas a partir de noviembre de 1870, en la Revista de España, dirigida por José Luis Albareda y más tarde por el propio Galdós entre febrero de 1872 y noviembre de 1873;​ en ese mismo año (1871), también de la mano de Albareda, entrará en la redacción de El Debate y durante su veraneo en Santander conoció al novelista José María de Pereda. En 1873, se alía con el ingeniero tinerfeño Miguel Honorio de la Cámara y Cruz (1840-1930),​ propietario entonces de La Guirnalda, en la que colabora desde enero con una serie de “Biografías de damas célebres españolas” entre otros artículos.

En 1873, Galdós comenzó a publicar los Episodios nacionales (título que le sugirió su amigo José Luis Albareda),​ una magna crónica del siglo XIX que recogía la memoria histórica de los españoles a través de su vida íntima y cotidiana, y de su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país.​​ Una obra compuesta por 46 episodios,​ en cinco series de diez novelas cada una (con la salvedad de la última serie, que quedó inconclusa), que arranca con la batalla de Trafalgar y llega hasta la Restauración borbónica en España.

La primera serie (1873-1875) trata de la guerra de la Independencia (1808-1814) y tiene por protagonista a Gabriel Araceli, «que se dio a conocer como pillete de playa y terminó su existencia histórica como caballeroso y valiente oficial del ejército español».​

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