Benedicto IX (en latín, Benedictus PP. IX), de nombre secular Teofilacto, en italiano Teofilatto, y en latín Theophylactus (Roma; 1012-Grottaferrata, Estados Pontificios; 1055), fue el 145.º, 147.º y 150.º papa de la Iglesia católica de 1032 a 1044 en un primer período; de abril a mayo de 1045 en un segundo período y de 1047 a 1048 en un tercer período. Se le recuerda como uno de los papas más polémicos y corruptos de la Historia.
Teofilacto era hijo de Alberico III, conde de Túsculo, y pertenecía a la poderosa dinastía senatorial de los Teofilactos de Túsculo, dueños y señores de Roma durante los siglos X y XI, puesto que darían hasta seis papas a la cristiandad antes de llegar Teofilacto. Este era sobrino-bisnieto del papa Sergio III, “fundador” de esta dinastía papal, además de sobrino de Juan XIX y Benedicto VIII, y pariente lejano de Juan XI y Juan XII. A su vez, fue tío del antipapa Benedicto X, y tío abuelo materno de Gregorio VII.
Primer período de papado (1032-1044)
El 21 de octubre de 1032 fue elegido sumo pontífice. Según Rodolfus Glaber, habría sido papa con 11 o 12 años, un dato que hoy se consideraría un error, y que no correspondería a la realidad. Llegó a la silla pontificia gracias a que su padre, el conde Alberico III, sobornó con una fortuna a la Curia romana y consiguió para su hijo tan preciado puesto.
En 1037 viajó para encontrarse con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado II y excomulgó a Heriberto, arzobispo de Milán, con quien Conrado II tenía una antigua enemistad. La muerte del emperador Conrado II había privado al papa Benedicto IX de su principal apoyo. Finalmente, un capitán romano, Gerardo di Sasso, expulsó al papa Benedicto IX de Roma, y puso en su lugar a Giovanni dei Crescenzi Ottaviani (obispo de Sabinia), elevado a papa como Silvestre III.
Segundo período de papado (1045)
Benedicto IX expulsó a la fuerza a Silvestre III y fue reelegido el 10 de abril de 1045, pero en mayo renunció tras vender, con el propósito de casarse con su prima, su cargo pontificio por 1,500 libras de oro (la totalidad del Óbolo de San Pedro procedente de Inglaterra) al arcipreste Juan de Graciano, futuro papa Gregorio VI. Después, Benedicto IX abandonó Roma.
En 1046 quiso derrocar al papa Gregorio VI, pero el rey alemán Enrique III viajó hasta allí y organizó el concilio de Sutri, que finalmente elegiría a Clemente II como único papa.
Tercer período de papado (1047-1048)
Al fallecimiento de Clemente II, Benedicto IX atacó Roma y fue aceptado por el clero y el pueblo para evitar tumultos y derramamientos de sangre para ser elegido por tercera vez el 8 de noviembre de 1047. Sin embargo, no fue aceptado por los Crescenzi, enemigos históricos de su familia. Entre las dos familias estalló una guerra despiadada. Benedicto IX convocó varios concilios, en Spello, en Roma y en Marsella. Finalmente, fue expulsado y excomulgado el 17 de julio de 1048, después de ocho meses.
Más adelante se hizo monje de San Basilio en Grottaferrata, donde murió el 18 de septiembre de 1055.
La reputación de Benedicto IX es una de las peores de un papa que nos han transmitido sus cronistas contemporáneos. La crítica moderna no difiere mucho de la imagen dada por los comentaristas medievales.
Tras vender el papado y renunciar al mismo para casarse, el obispo de Eichstätt y futuro papa Víctor II habría manifestado:
El Doctor de la Iglesia Pedro Damián hizo esta valoración global de su papado:
Fue acusado por el obispo Benno de Piacenza de "muchos adulterios viles y asesinatos cometidos con sus propias manos". El papa Víctor III, en su tercer libro de Diálogos, se refirió a "sus violaciones, asesinatos y otros actos indecibles de violencia y sodomía", expresando:
El historiador Ferdinand Gregorovius, un protestante que por lo demás era muy crítico del papado, escribió:
Según Horace Mann, escribiendo para la Enciclopedia Católica:
Por su parte, Reginald Lane Poole sostiene que «En tiempos de aguda hostilidad política, como bien sabemos, se hacen y se creen acusaciones que en tiempos más tranquilos jamás se habrían sugerido». Sugiere además que la credibilidad de tales acusaciones se determinaba por la probabilidad, más que por la prueba, y como reacción a la hegemonía tusculana. Poole observa que «tenemos que esperar a que se desacreditara a sí mismo con la venta del papado para saber algo definitivo sobre sus fechorías; y cuanto más nos adentramos en el tiempo y el lugar, peor se vuelve su reputación». Poole considera a Benedicto IX «un papa negligente, muy probablemente un hombre despilfarrador», pero señala que la imagen que se presenta de Benedicto IX se dibuja en una época en la que el partido que se le oponía estaba en ascenso y no contaba con amigos ni partidarios.