Bello es un municipio colombiano, ubicado al norte del área metropolitana del Valle de Aburrá, en el departamento de Antioquia, su área urbana está conurbada con la ciudad de Medellín. A su vez, el municipio limita con San Pedro de los Milagros al norte y al occidente con San Jerónimo.
El municipio se divide en un área urbana de 11 comunas que se extienden a ambos lados del río Medellín, en el Valle de Aburrá, mientras que el área rural cuenta con 19 veredas y el corregimiento de San Félix, situado sobre el Altiplano de Ovejas, al norte del departamento.
Antes de la conquista, la zona donde hoy se encuentra Bello era el territorio de un grupo indígena conocido como el Cacique Niquía, que posteriormente fue fundado como una estancia de ganado durante la Colonia —de ahí su primer nombre, Hatoviejo— en las tierras concedidas al explorador español Gaspar de Rodas al norte del valle. Esta jurisdicción, con el avance de los siglos, se mantuvo como el punto de llegada del abundante flujo migratorio de personas que llegaban a Medellín, lo que produjo que a principios del siglo XX se le fuera otorgada la categoría de municipio y de un nombre considerado ‘más propio y digno’ que rinde homenaje al poeta Andrés Bello. Con este progreso, y durante los años siguientes, la expansión de la industria antioqueña (principalmente textil) trajo consigo el desarrollo social y económico que en la actualidad Bello sostiene en el norte del área metropolitana.
Por otro lado, la ciudad posee un amplio un itinerario cultural que le ha brindado el lema de ser “La ciudad de los artistas”, al ser la cuna de personajes relevantes en la historia colombiana como Marco Fidel Suárez, expresidente que es honrado con un museo alrededor del lugar donde nació y con las obras que realizó; y también por albergar numerosos movimientos artísticos –como por ejemplo, del teatro y la música, así como el deporte– que salvaguardan y conservan la identidad bellanita.
Según las crónicas, en julio de 1541 tropas al mando de Jerónimo Luis Tejelo (teniente del mariscal Jorge Robledo) hallaron el ancho valle de los Aburráes, indígenas agricultores que tenían “un hábitat organizado por grupos con viviendas esparcidas, formando conjuntos de casas”. Eso se dio especialmente en el poblado de los Niquías, que ocuparon el territorio que hoy se denomina Bello.
En 1574 el súbdito español don Gaspar de Rodas pidió merced de tierras sobre el Valle de Aburrá al cabildo de Santa Fe de Antioquia para establecer en él “Hatos de Ganado y estancias de Comida” y proveer de alimentos a la empresa conquistadora. Se le adjudicaron los territorios desde el cerro o “Asientos viejos de Aburrá” -extensión que hoy ocupa el Centro de Medellín- para abajo, incluyendo el territorio Niquía. En 1576 el capitán de Rodas entró a ejercer su dominio y el de la Corona Española, con la utilización del territorio como corrales, rancherías y hatos. A partir de 1613 comenzó a llamarse Hatoviejo en vez de Hato de Rodas o Hato de Aburrá para distinguirlo de otros hatos posteriores.
En este contexto los colonizadores ejercieron su hidalguía, entendida como "aquella filosofía nobiliaria que reaccionaba contra las innovaciones”. Es así que dotaron a sus hatos con capillas, para significar prestigio y noble origen, y es así que se puede colegir que en el Bello de la colonia no se dio una fundación que “implicara un trazado regular de plazas y calles. Hatoviejo no fue una villa como lo fue en su comienzo la Villa de la Candelaria”.
Se construyeron las capillas de Nuestra Señora de Chiquinquirá (en 1653), Nuestra Señora del Rosario (1720), Nuestra señora de Sopetrán (en la Madera, en 1775) y Nuestra Señora de Guadalupe (en Fontidueño, 1761). Tiempo después estos templos fueron trasladados o demolidos; como ocurrió con la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Hatoviejo, demolida en 1788 para construir la capilla de Hatoviejo en 1787, que aún se conserva. A finales del siglo XVIII, en 1788, Hatoviejo es elevado a la categoría de partido, adscrito a la jurisdicción de la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín.
En Hatoviejo el espacio estuvo organizado de acuerdo con el rol económico de sus gentes. Era común la referencia “Calle arriba y Calle Abajo”, que tomaba como punto central la plaza y la iglesia del Rosario. El 28 de diciembre de 1883 el “Ciudadano Presidente” del Estado de Antioquia le cambió el nombre al corregimiento de Hatoviejo por el de Bello, ante solicitud de un grupo de pobladores que consideraban que la denominación "Hato" los hacía despreciados y humillados por ser hato un sitio para animales. En cambio el nombre de Bello es “Más culto, más propio y más digno del gran patriarca de las letras americanas”, Andrés Bello.
Las primeras décadas del siglo XX marcarían para el municipio su destino como receptor de migrantes que vieron aquí una esperanza de trabajo por la naciente industrialización. La posición geográfica y estratégica no solo favorecían las actividades agrícolas y ganaderas, sino que eran una buena alternativa para el asiento de empresas de la ascendente burguesía medellinense. Eso además del clima agradable, la línea del ferrocarril y numerosas fuentes hídricas aptas para el consumo y la generación de energía.
En ese escenario se fundó en 1902 la “Compañía Antioqueña de Textiles”. Se escogió para la construcción de la sede locativa el sector de Bellavista, por su proximidad a la quebrada la García. Esta empresa se fusionó en 1905 con la “Compañía de Tejidos de Medellín” para marcar de esta manera la vocación industrial de la localidad y propiciar un importante proceso migratorio por años.
En 1913 Bello contaba ya con 5000 habitantes y un inusitado crecimiento económico, razones suficientes para acceder al título de Municipio, distinción que fue obtenida mediante la Ordenanza 48 del 29 de abril de 1913.
El hito económico del municipio fue la fundación de la Fábrica de Hilados y Tejidos del Hato, Fabricato, el 7 de agosto de 1923. Fue así que la actividad industrial textil caracterizó y marcó a la población bellanita por varias décadas. En 1983 sucedió una gran huelga en esta textilera -supuestamente orquestada por los patronos para permitir la relocalización industrial y la liquidación de trabajadores-, lo que empujó a la transformación económica del municipio, representada principalmente en la actividad de servicios de mediana y baja complejidad y en la economía informal. Aunado a este fenómeno, y conforme a políticas nacionales de promoción y construcción de vivienda de interés social, Bello fue receptor de un gran flujo migratorio del Valle de Aburrá y otras áreas del Departamento que buscaban aquí la posibilidad de tener un techo propio. Sólo que debido a la negligencia de las autoridades locales este inusitado proceso urbanizador no estuvo acompañado de una adecuada política planificadora que velara por la debida dotación de servicios públicos, comunitarios y de equipamientos. Es decir, que se notara la presencia y función reguladora y asistencial del Estado.
En 2010, fue una de las subsedes de los IX Juegos Suramericanos.
En las elecciones para alcaldía del 30 de octubre de 2011, el municipio de Bello fue el primer municipio en la historia de Colombia en donde el voto en blanco venció al único candidato, esto con el fin de mostrar el fin de una hegemonía política.
La ciudad de Bello tiene un área de 19,7 km², formando parte de la subregión natural del Valle de Aburrá, un estrecho valle tropical de la Cordillera Central; y está bordeada por montañas que sobrepasan los 2,600 m. Su facción llana es un plano inclinado que desciende de 1,800 a 1,600 m s. n. m., y está urbanizada en su totalidad, así como altamente ocupada en las laderas. Por este valle, el Río Medellín transcurre desde Medellín (sur) hasta Copacabana (norte), descendiendo levemente y recibiendo aguas de 5 quebradas. Y es allí donde el río curva abruptamente 90° grados a la derecha para seguir su curso.
Al norte de la ciudad, se impone como cerro tutelar el cerro Quitasol, símbolo topográfico, histórico y ambiental del municipio que alcanza los 2,880 metros de altura.