Beatrice Cenci (6 de febrero de 1577 - 11 de septiembre de 1599) fue una noble italiana, recordada por ser la protagonista de un reconocido juicio por parricidio en la Roma Post-Renacentista.
Beatrice fue hija de Ersilia Santacroce y el Conde Francesco Cenci, un aristócrata que, debido a su temperamento violento e inmoral, más de una vez se encontró involucrado en problemas con la justicia papal.
El matrimonio Cenci tuvo varios hijos, de los cuales quedaron registrados en la historia: Antoninia, Giacomo, Rocco, Cristoforo, y Beatrice.
Vivían en el rione (barrio) Regola de Roma, en el Palazzo Cenci, construído sobre las ruinas de un palacio medieval fortificado ubicado en el borde delghetto judío de Roma.
El Conde Cenci se vio involucrado en varios incidentes de agresión sexual, tanto a su servidumbre como también con algunas jóvenes humildes fuera de su propiedad. Su mala reputación era conocida en sus círculos sociales, pero su status aristocrático le permitía seguir libre de cargos que lo llevaran a una condena mayor.
En algún momento, Francesco Cenci comenzó a mostrar gran interés en Lucrezia Petroni quien no le correspondió, pero esto no impediría que Francesco persistiera.
Tras la extraña e inesperada muerte de Ersilia Santacroce, esposa del Conde Cenci, la hija mayor del matrimonio, Antoninia, sospechando que su madre hubiese sido asesinada por su padre envió un escrito al Papa solicitándole que le asignara un esposo o de lo contrario la internara en un convento. El Papa atendió a su solicitud y la hizo casar, de acuerdo a su status, con un noble de rica familia. Para ello, el Papa obligó al Conde Cenci a entregar una cuantiosa dote para sellar la boda de Antoninia.
La osadía de Antoninia fue considerada por el Conde Cenci como un acto de la mayor insubordinación. Fue un golpe bajo a su necesidad de ejercer poder y brutalidad sobre los demás. De este modo, su temperamento se tornó aún más violento al interior del hogar y sus dominios.
Francesco Cenci, obligó regresar a sus tres hijos varones, a quienes había enviado a estudiar a la universidad en España. Fue un modo de castigo y desquite justificando la drástica decisión por la cuantiosa dote que fue forzado a pagar para la boda de Antoninia, por tanto, consideró que sus otros hijos no merecían dinero para sus estudios y los mantuvo bajo condiciones de pobreza una vez que regresaron a Italia, encerrándolos dentro de su castillo. En cuanto a Beatrice no le permitió salir más y le asignó una celda para evitar que mientras fuera creciendo comenzaran a aparecer pretendientes y se viera forzado nuevamente a costear otra cuantiosa dote. Beatrice sólo podía salir de su celda cuando su padre lo ordenaba y nadie, ni siquiera los hermanos de la niña, podían intervenir ni menos contradecir las órdenes del padre. La dinámica familiar se había construído bajo sometimiento, humillación, brutales golpizas, y el abuso sostenido en el tiempo.
Al tiempo, Rocco y Cristóforo, dos de los hijos del Conde Cenci, fueron asesinados. Hubo rumores de que ambos jóvenes enfrentaron al padre en una discusión que les costó la vida. El Conde Cenci nunca lo confirmó pero tampoco permitió que fuese investigado el asesinato de sus hijos. El otro hijo, Giacomo, debió cargar el sufrimiento de las agresiones constantes de su padre quien no permitiría más insubordinaciones de los hijos que le quedaban. Para ese entonces el Conde Cenci había logrado su objetivo al casarse con Lucrezia Petroni convirtiéndola en su segunda esposa, con quien tuvo un hijo, Bernardo.
No se sabe mucho sobre el modo o bajo qué circunstancias el Conde Cenci ejerció sobre Lucrezia para que aceptara casarse con él. Hubo menciones que citaban al Papa como intermediario de ese enlace pero sin una clara confirmación.
Lucrezia fue cercana a los hijos de Cenci, Giacomo y Beatrice. Logró empatizar con el tormento que ellos padecían pues ella misma sufría de los arranques de furia de su esposo. Escapar de su lado no era una opción en esa época porque la tutela y el destino de los hijos le correspondían sólo al padre y eso le significaría no volver a ver a su hijo Bernardo.
Aproximadamente durante el tiempo de pubertad de Beatrice fue que su padre comenzó a desarrollar un interés perverso sobre ella.
Durante el juicio por el asesinato del Conde Cenci, Lucrezia declaró que vivía en constante agonía al lado de su esposo a quien acusó de haber sido un adúltero y un castigador excesivo sin misericordia por nadie. Lucrezia mencionó las severas palizas y humillaciones que fueron sometidos ella, los hijos, y sirvientes. También confesó haber sido forzada a presenciar las depravaciones que Francesco Cenci cometía sobre su hija Beatrice durante el acto incestuoso. Acto que dejaba tan mal a Beatrice que debía ser consolada por su madrastra.
El abuso prolongado de Francesco Cenci en contra de su hija Beatrice originó el complot de su familia para asesinarlo, excepto Bernardo que era un niño y desconocía el plan.
Tras el asesinato, arrojaron el cuerpo de Cenci desde un balcón del castillo donde vivían para que el crimen luciera como accidente. Esto no convenció al investigador papal y ordenaron el arresto de toda la familia.
Durante el encarcelamiento fueron torturados, se les llevó a un juicio breve donde, pese a los antecedentes violentos y problemas con la Ley que tuvo en vida el Conde Cenci, más las confesiones de todo lo sufrido por la familia, y las súplicas de piedad por parte de la gente del pueblo que consideraban a Beatrice y su familia como víctimas del Conde, el Papa Clemente no tuvo clemencia y senteció a muerte por decapitación a Beatrice y su madrastra Lucrezia. Además, ordenó descuartizar al hermano mayor de Beatrice, Giacomo. En cuanto al menor de la familia, Bernardo de 12 años, se le perdonó la vida por su corta edad pero fue forzado a ver las ejecuciones de su madre y hermanos.
Posterior a ello, el Papa ordenó confiscar todos los bienes, propiedades, joyas y fortuna de Los Cenci para entregarlo a su propia familia y así aumentar su riqueza personal acrecentando aún más su poder político.