La beatificación de Tarragona es el nombre con que se conoce la ceremonia de beatificación de 522 mártires del siglo XX que se celebró en el Complejo Educativo de Tarragona el 13 de octubre de 2013. Fue la beatificación más numerosa de la historia de la Iglesia católica, la cual considera que los beatificados son mártires cristianos porque sufrieron la muerte por el hecho de defender su fe en Jesucristo. Los sitúa históricamente en la persecución religiosa de los años 1930, porque algunos fueron asesinados antes del inicio de la Guerra Civil Española —como los de Oviedo de 1932—. La Iglesia católica instituyó el día 6 de noviembre para recordar cada año a estos mártires.
Más de 20 000 peregrinos asistieron al acto central, que consistió en la ceremonia de beatificación y una misa, y que contó con un mensaje del papa Francisco, una homilía a cargo del cardenal Angelo Amato y unas palabras del cardenal Antonio María Rouco Varela. El día antes se celebraron unas vísperas solemnes en la Catedral de Tarragona y se representó La Pasión de San Fructuoso en la Tarraco Arena Plaza. Entre otros actos previos, también hubo conferencias como la de Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, y exposiciones en el seminario, en el Museo Bíblico y en el Muelle de Costa de Tarragona.
Antes del evento, las declaraciones públicas tanto de los favorables como de los detractores reclamaron su no politización, y en el acto no hubo banderas ni otros símbolos políticos. Los críticos iban a promover una concentración que reunió a cientos de personas para pedir que la Iglesia pidiera perdón por la connivencia de algunos obispos con el poder político durante la dictadura, un gesto que días después hicieron el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol i Balcells, el abad de Montserrat, Josep Maria Soler i Canals y el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach.
La Conferencia Episcopal Española escogió Tarragona porque en esta ciudad es donde «se conserva la tradición de los primeros mártires», ya que «en el anfiteatro romano el año 259, dieron su vida por Cristo el obispo san Fructuoso y sus diáconos san Eulogio y san Augurio. También se debe tener en cuenta que la lista de mártires se divide en causas, y que la más numerosa y primera en presentarse fue la de Tarragona», comenzada a tramitar el 18 de abril de 1952 bajo la presidencia del cardenal Benjamín de Arriba y Castro. Recibió el visto bueno de Benedicto XVI el 28 de junio de 2012, cuando firmó el decreto de martirio del obispo Manuel Borràs Ferré, obispo auxiliar de Tarragona, y 146 compañeros mártires, junto con decretos de martirio de otras causas de la persecución religiosa que se vivió en España entre 1934 y 1939. El logotipo oficial, elaborado por la Conferencia Episcopal Española, dice que fueron «mártires del siglo XX en España», aunque entre los beatos haya tres franceses, un colombiano, un cubano, un filipino y un portugués.
El acto central consistió en la ceremonia de beatificación y una misa, y contó con la presentacia del arzobispo Jaume Pujol i Balcells, un mensaje del papa Francisco, una homilía del cardenal Angelo Amato y unas palabras del cardenal Antonio María Rouco Varela. Se celebró el domingo 13 de octubre a las 12 del mediodía en el Complejo Educativo, conocido también como la antigua Universidad Laboral, en las afueras de la ciudad. Comenzó con una conexión televisada desde Roma que se siguió mediante pantallas gigantes, en la que el papa Francisco saludó a los asistentes al acto. Dijo que los mártires habían sido «cristianos hasta el final» y pidió a los católicos que siguieran su ejemplo. Alrededor del altar, situado frente a una estructura de 20 x 13 m con las fotos de todos los mártires —que se descubrieron cuando fueron proclamados beatos—, se desarrolló la ceremonia religiosa, que duró dos horas y fue presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, que representó al papa Francisco en la beatificación. En la homilía, Amato dijo que los mártires «fueron víctimas de una radical persecución religiosa que se proponía el exterminio de la Iglesia», y añadió que «eran hermanos que no tenían armas, no estaban en el frente ni apoyaban a ningún partido, no eran provocadores». Por su parte, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, agradeció la presencia de los 104 obispos y, muy especialmente, del «delicado gesto del Patriarca de Moscú, que con su presencia a través de dos representantes, ponía de relieve el nuevo camino ecuménico abierto por los mártires del siglo XX».
Los compositores Kuzma Bodrov, Carlos Criado, Rubén Díez y Pedro Vilarroig prepararon la música que se escuchó durante la celebración, que se presentó el 9 de septiembre de 2013, y que interpretó la Orquesta sinfónica y Coro de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. La Escolanía de Montserrat y el Coro de los Amigos de la Catedral de Tarragona fueron los encargados de los cantos, como el Virolai, que se cantó al final de la ceremonia.
El día antes se celebraron diversos actos que tenían relación con la beatificación. El primero de los actos oficiales convocados eran unas vísperas solemnes en la Catedral de Tarragona, el sábado 12 de octubre a las 19 h. Durante el sábado los diversos grupos de peregrinos llevaron a cabo actos y celebraciones diversas. El sábado 12 de octubre se representó La Pasión de San Fructuoso y de los mártires del siglo XX a las 18:30 h y a las 22 h en el Tarraco Arena Plaza. En la última representación estuvieron presentes todos los obispos que al día siguiente asistieron a la beatificación.
Los días 8 y 9 de octubre se celebraron las conferencias de Encarnación González, directora de la Oficina para la Causa de los Santos de la Conferencia Episcopal Española, y Andrea Riccardi, exministro para la Integración y Cooperación Internacional de Italia y fundador de la Comunidad de San Egidio. Riccardi reivindicó el papel de los mártires en la sociedad actual y lamentó que «en el siglo de los derechos humanos se ocultan el martirio y la persecución». También se celebraron varias exposiciones: sobre la Iglesia en Tarragona (1936-1939) en el seminario; Testigos de la fe hoy, en la ermita de San Magín; Cristianos perseguidos, en el seminario; El mundo en femenino, en el Museo Bíblico; Compostela, en el seminario; y la Semana Santa de Tarragona, en el Refugio 1 del Muelle de Costa. También se potenciaron diversas rutas, como la de Reus modernista, la Tarragona romana o la Ruta del Císter.
Al acto central asistieron más de 20 000 peregrinos, que se sumaron a los 104 obispos, 1.386 sacerdotes, 2.700 religiosos y casi 4 000 familiares de los 522 beatificados. Un mes antes se habían acreditado un centenar de periodistas, pero finalmente hubo más de 400, de 90 medios de comunicación. Televisión Española dio señal institucional de la ceremonia de beatificación, que se retransmitió en directo por La 2 y a través de internet.
Asistieron entre 20 000 y 25 000 peregrinos, de lugares como Tortosa, Lérida, Barcelona, Bilbao, Cartagena, Ciudad Real, Madrid, Menorca o Teruel. Se desplegaron 7 595 sillas, y el resto de los peregrinos estuvieron de pie o se sentaron en el suelo o en sillas que llevaban. Para atenderlos se habilitó una Oficina del Peregrino las mañanas de lunes a viernes en el seminario.
Unos 300 autobuses y un millar de vehículos llegaron con el acto comenzado, debido a un atasco que se produjo porque varios vehículos no estaban acreditados y fueron parados en el control policial. A pesar de que varias informaciones apuntaban a que podría haber incidentes con los manifestantes provenientes de diversos lugares de España, que el día antes habían asistido a la manifestación del 12 de octubre en Barcelona, no hubo incidentes, protestas ni banderas.
Todas las voces que se pronunciaron públicamente sobre el acto antes, durante y después, reclamaron la no politización, tanto los partidarios como los detractores. La Iglesia defendió desde la presentación de la beatificación que no quería que el acto tuviera ninguna connotación política. El Arzobispado de Tarragona dijo que la intención era celebrar «una fiesta exclusivamente religiosa», porque «una beatificación no va contra nadie, es un acto religioso que no tiene nada que ver con la política, por mucho que algunos lo intenten». El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, pidió que no hubiera banderas ni pancartas, porque «no es un acto político ni reivindicativo, es un acto religioso histórico». En el acto finalmente la presencia de banderas fue anecdótica, y entre los que hablaron no se hizo ninguna referencia al franquismo. Sí que hubo abundantes referencias al perdón y la reconciliación.