Baybars I (en turco, Baybars; en árabe, al-Malik al-Zahir Rukn al-Din Baibars al-Bunduqdari; 1223-1 de julio de 1277) fue un sultán mameluco de Egipto y Siria. De origen kipchak, fue hecho esclavo en Crimea, donde se había refugiado su tribu, en la década de 1240]. Participó en la victoria de Ain Jalut sobre los mongoles, pero al no obtener la recompensa esperada participó en el asesinato del sultán Qutuz en 1260. Resultó ser el mayor azote de los cruzados desde los tiempos de Saladino y selló su eliminación del Levante.
Se dice que fue capturado por los mongoles y vendido en Aleppo como esclavo, terminando finalmente en Siria.
Su primer amo, el emir (príncipe) de Hama, sospechaba de Baibars por su aspecto inusual (era enormemente alto, con un brillante pelo dorado y una mancha blanca en uno de sus ojos azules). Por ello, Baibars fue vendido rápidamente a un oficial mameluco y enviado a Egipto, donde se convirtió en uno de los guardaespaldas del dirigente ayubí al-Salih Ayyub.
Baibars nunca olvidó que había sido vendido barato porque estaba ciego de un ojo. Así, cuando gobernó Egipto las personas que querían conservar el pellejo no mencionaban su ojo ciego en público. Baibars también fue conocido por sus ocasionales salidas de incógnito por la ciudad de El Cairo para conocer la opinión de sus súbditos acerca de los noticias del momento. Era una decisión fatal para cualquiera reconocerlo en una de estas excursiones, pese a que su ceguera y especialmente su tamaño le hacían bastante fácil de reconocer. Esta costumbre suya le ayudó mucho a saber las opiniones de la gente común.
Nació en 1223. De origen kipchak, fue hecho esclavo en Crimea, donde se había refugiado, en la década de 1240. Su tribu, la de los kipchak barali, se había refugiado en 1242-1243 en la península, escapando así de la presión de los mongoles. En vez de recibir amparo, la tribu fue atacada y algunos de sus niños capturados para ser vendidos como esclavos. Tal fue el caso de Baibars. Con unos catorce años, se lo vendió en Alepo. Su primer amo fue el señor ayubí de Hama, que se deshizo de él, bien por su inquietante mirada debida a su defecto ocular, bien por su voz grave y ronca, que le resultaba desagradable. Más tarde lo adquirió Ala al-Din Aydakin al-Bunduqdar a bajo precio —ochocientos dirhems— por la catarata que tenía en un ojo, que lo devaluaba como esclavo. Con la caída en desgracia y aprisionamiento de su señor esa misma década, pasó, junto con el resto de sus esclavos, a posesión del sultán al-Salih Ayyub. Ingresó entonces en el grupo de mamelucos bahríes.
Desde joven había mostrado gran inteligencia, y su victoria sobre los francos en 1244 aumentó su prestigio: se le consideraba el mejor de los mamelucos del sultán. Tras la muerte de al-Salih, Baibars desempeñó un papel destacado en el asesinato de su hijo y sucesor, Turan Shah.
Pasó a Siria en 1254, después de que el sultán Aibek asesinase en la ciudadela de El Cairo a su jefe, el de los mamelucos bahríes, Faris al-Din Aqtay al-Jamdar, que suponía una amenaza para el soberano. Primero entró a servir al sultán ayubí de Damasco an-Nasir Yusuf, luego abandonó a este y marchó a Kerak, en la Transjordania, donde sirvió a su señor, el también ayubí al-Mughith. Este cambio se debió a la desilusión de Baibars y de los mamelucos bahríes que le habían seguido al exilio por la negativa de an-Nasir de intentar invadir de nuevo Egipto tras el fracaso de la primera tentativa del invierno de 1250-1251. Animado por Baibars, al-Mughith emprendió dos campañas contra Egipto, en 1257 y 1258, que también fracasaron. Más tarde Baibars volvió al servicio de an-Nasir. En 1258, participó en una fallida conjura contra este.
Desilusionado por la pasividad de an-Nasir ante la invasión mongola, que posibilitó que las fuerzas de Hulagu conquistasen y arrasasen Alepo en enero de 1260, lo abandonó y marchó a Gaza. Allí, tras casarse con una kurda de la tribu de los shahrazuri para cimentar la alianza con esta, que acompañaba a su grupo de mamelucos bahríes, pactó con Qutuz, sultán de Egipto y asesino de Aqtay, una amnistía que le permitió unirse a su ejército. Por entonces, Qutuz reunía en torno a sí a todos aquellos dispuestos a plantar cara a los invasores mongoles, y aprestaba sus fuerzas para combatirlos en Siria.
Efímera reconciliación con Qutuz y campaña de Ain Yalut
Mandó la vanguardia del gran ejército egipcio reunido por el sultán Qutuz para combatir a los mongoles que habían invadido Siria en el año 1259. Fue la parte del ejército encargada de atraer a las fuerzas enemigas a la celada que el sultán había preparado en las «pozas de Goliat», donde las hordas mongolas acaudilladas por el general Kitbuqa fueron derrotadas en la batalla de Ain Jalut del 3 de septiembre de 1260. Baibars mandó también las tropas que acabaron con la última resistencia enemiga en Beit She'an, donde habían tratado de reagruparse. Más tarde, quedó a cargo de perseguir a los restos de las huestes mongolas y expulsarlas de la región. Luego solicitó en vano a Qutuz que le entregase el gobierno de Alepo o de Palestina. La negativa del sultán hizo que Baibars se contase entre los descontentos que lo asesinaron el 23 de octubre cerca de Gaza, cuando el ejército se hallaba ya a las puertas de Egipto de regreso de la victoriosa campaña. Parece que los motivos del asesinato fueron tanto el descontento por el reparto de recompensas tras la victoria como el derrocamiento del sultán al-Mansur Nur al-Din Ali, hijo de Aibek, que algunos de los mamelucos de este no le habían perdonado a Qutuz.
Tras la muerte de este, los principales jefes militares, entre los que los conjurados contra el difunto sultán eran una minoría, se reunieron para decidir quién se haría con el trono de Egipto. La discusión fue tensa y, aunque la mayoría se inclinó por otro de los principales comandantes, los más importantes lo hicieron por Baibars. La opinión decisiva fue la del antiguo atabeg de los sultanes Ali y Qutuz. Incluso entonces Baibars no obtuvo un respaldo incondicional de los presentes: estos exigieron que el nuevo sultán prometiese promover sus intereses antes de jurarle fidelidad. Tras enviar un destacamento a El Cairo para que asegurase la ciudadela, Baibars entró en la capital egipcia en noviembre.
Distribución de cargos y afianzamiento del poder
La primera tarea de Baibars en Egipto fue repartir los principales cargos administrativos y militares para ganarse el favor de los personajes más poderosos del sultanato. Mantuvo al provecto atabeg de sus predecesores, Fais al-Din Aqtay al-Mustaʿribi, mameluco salihí —manumitido durante el reinado del ayubí al-Salih Ayyub—, en su puesto, aunque durante el reinado actuó menos como jefe del ejército que como mediador e intercesor ante el sultán. Otro destacado salihí, Jamal al-Din Aqush al-Najibi, recibió el cargo de ustadar —jefe de la casa real del sultán—, encargado principalmente de la recaudación de ciertos impuestos y de su gestión. ʿIzz al-Din Aybak al-Afram, también salihí, obtuvo el cargo de amir jandar —teóricamente jefe de la guardia pretoriana del sultán pero, en la práctica, responsable de las obras públicas y de ingeniería, tanto civiles como militares—. A otros sobresalientes emires salihíes no se les dieron cargos oficiales, pero demostraron su poder participando en los consejos celebrados con el sultán para ajustar cuestiones políticas o encabezando operaciones militares. El sultanato quedó dominado de esta manera por un conjunto de antiguos mamelucos de al-Salih, en torno a veinticuatro, los llamados «emires de centuria», porque debían mantener a su costa cien mamelucos. Algunos de los cargos más distinguidos, sin embargo, quedaron en manos de mamelucos del propio Baibars —llamados zahiríes por el nombre del sultán, al-Zahir—, como el de naʿib (virrey, encargado junto con el visir de la supervisión de la Administración Pública y la recaudación de impuestos) y dawadar (supervisor militar de los escribas de la cancillería de palacio y responsable de la gestión del servicio de correo, supervisión de documentos, asuntos exteriores y espionaje). Poco a poco, con paciencia y astucia, Baibars fue sustituyendo a los poderosos salihíes por sus propios seguidores zahiríes.