Tal Día como Hoy

Batalla de Monte Santiago

Enfrentamiento de la guerra Argentina-Brasil

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La Batalla de Monte Santiago, librada el 7 y 8 de abril de 1827, fue la mayor derrota naval de la Armada Argentina en su lucha con la escuadra del Imperio del Brasil durante la guerra por la liberación de la Banda Oriental que sostuvieron ambas naciones. No obstante las pérdidas, que aunque escasas eran enormes para una escuadra tan pequeña, el valor demostrado en un combate muy desigual convirtió la acción en una de las más gloriosas de ese conflicto.

Como el historiador militar británico Brian Vale dijo, " [...] Juncal había hecho poco para empujar el Imperio en la dirección de la paz. Ahora en Monte Santiago, dos de los bergantines de guerra preciosos de la Argentina habían sido destruidos y el mejor de su Armada rotundamente derrotado. La abrumadora superioridad de la Marina brasileña en el mar se afirmó de una manera que ni la audacia de William Brown o las fragatas recién compradas de Ramsay en serio podrían desafiar".​

En 1825 con el apoyo de Buenos Aires una pequeña expedición — los llamados Treinta y Tres Orientales — desembarcó en la Banda Oriental iniciando la lucha por la liberación de ese territorio ocupado por los portugueses y cuya anexión había sido confirmada por el emperador Pedro I tras la Independencia de Brasil.

Representantes del movimiento reunidos en el Congreso de la Florida, solicitaron la reincorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata lo que fue aceptado por el Congreso Argentino, iniciándose la guerra. Brasil contaba con el doble de efectivos y una flota con 80 unidades, varias veces superior en número y potencia de fuego a la flotilla republicana. La escuadra brasileña estableció rápidamente un bloqueo, al que la República respondió con acciones de corso y salidas audaces de su exigua escuadra.

El año 1827, segundo de la guerra, comenzó con importantes victorias para la República Argentina: en la batalla de Ituzaingó el ejército imperial había sido derrotado (aunque el republicano, falto de armamento, municiones y vituallas como se encontraba, no había tenido posibilidad de explotar esa victoria) y en la batalla de Juncal el jefe de la escuadra republicana Guillermo Brown había aniquilado la Tercera División Naval imperial.

Sin embargo, la escuadra argentina seguía siendo muy débil como para enfrentar con éxito probable a las divisiones imperiales restantes, especialmente desde que la fragata 25 de Mayo había sido inutilizada en el combate de Quilmes.

El puerto de Buenos Aires estaba bloqueado desde mediados de 1826 por una importante fuerza naval, la segunda división imperial, que contaba con una fragata con 38 cañones, cuatro corbetas, cinco bergantines y cuatro sumacas, estacionadas habitualmente a 8 millas al E.S.E. del canal exterior de acceso al puerto. Si bien Brown había sabido aprovechar hábilmente y con audacia las particulares condiciones hidrográficas y la meteorológicas del Río de la Plata, especialmente los extensos bancos que tornaban peligroso el acceso a la ciudad y lo impedían en el caso de buques de gran calado, y había mantenido una evidente superioridad táctica, estratégica y moral sobre sus adversarios, las fuerzas que enfrentaba contaban con un poder de fuego tal que cualquier error o imprevisto que lo forzara a un enfrentamiento directo sin posibilidades de maniobra supondría un grave riesgo para la supervivencia de la pequeña escuadra.

Mientras se esperaban los resultados de medidas adoptadas para fortalecer la flota con unidades mayores,​ la acción que mejores posibilidades de éxito tenía era profundizar la campaña de corso contra las rutas comerciales de las extensas costas brasileñas, en palabras del Ministerio de Guerra "exponer sus costas y su comercio a una guerra marítima fuerte y enérgica, guerra que interrumpirá las comunicaciones y destruirá grandes fortunas".

El 26 de marzo Brown recibió del ministro de Guerra y Marina instrucciones secretas para que seleccionará sus cuatro mejores buques y saliera de inmediato contra las rutas marítimas de Brasil, concentrándose en las riberas de Río Grande y Santa Catalina, con el objetivo de que "el emperador del Brasil escuche la voz de la Justicia y la Razón, y se prepare para hacer la paz".

Brown inició de inmediato los preparativos, destinando a la expedición las cuatro naves principales disponibles en el fondeadero de la ciudad de Buenos Aires, el bergantín República Argentina, el Bergantín Independencia, la Barca Congreso y la goleta Sarandí.

Fuera porque contaban con información de inteligencia o por haber llegado a las mismas conclusiones acerca de las posibilidades de la armada republicana, Brasil dispuso coincidentemente medidas para reforzar el cerco sobre Buenos Aires y cerrar el Río de la Plata ante la eventualidad de que una flota burlara el bloqueo. Así, el 29 de marzo el coronel de marina Francisco Lynch, a cargo del apostadero recibió noticias del Eclipse de que en Montevideo quedaban solo 2 goletas, que el almirante Rodrigo Pinto Guedes a bordo de la fragata Piranga se había incorporado a la flota frente a la ciudad y que se había unido la corbeta Carioca (22 cañones, capitán Cándido Francisco de Brito y Victoria).

En la madrugada del 1 de abril el bergantín Balcarce, la goleta Unión y las cañoneras N° 11 y N° 12 consiguieron eludir el bloqueo enviados por la Comandancia de Marina para conducir dos compañías de Colorados, artillería y armamentos con destino al sitio de Montevideo.

El 2 de abril Lynch recibió información de que seis días antes cinco de las seis goletas brasileras estacionadas en Colonia del Sacramento habían abandonado ese puerto para unirse a la escuadra. También supo "que una corbeta, dos bergantines y cinco goletas de guerra enemigas cruzaban desde Montevideo a Maldonado, esperando al señor general Brown, de quien tenían noticias iba a salir".

No obstante, ese mismo día el lugre corsario Hijo de Julio arribó al puerto del Río Salado trayendo noticias del Combate de Carmen de Patagones librado entre el 28 de febrero y el 7 de marzo, donde un audaz intento brasilero de flanqueo estratégico había terminado en desastre.

Pese a la confirmación de que el enemigo conocía sus planes, Brown contaba con que la pérdida de la división adversaria aliviaría la presión sobre la ciudad y que de poder eludir el bloqueo, podría sumar los tres buques que se habían apresado a los brasileños en Carmen de Patagones: la corbeta Itaparica (rebautizada Ituzaingó), el bergantín Escudero (Patagones) y la goleta Constancia (Juncal). Tenía también ahora el plan de señales de la escuadra brasilera, capturada en Patagones.

El 4 tuvo noticias de que el Balcarce y la Unión, con dos cañoneras estaban ya fondeadas en la isla Martín García para seguir curso a Buenos Aires, por lo que resolvió acelerar su salida apenas el convoy arribara y el puerto quedara guarnecido.

El 5 de abril, Brown se embarcó en la goleta 9 de Febrero con el teniente Francisco Balcarce, 15 soldados del batallón de cazadores N° 4 y algunos oficiales y se dirigió a Los Pozos donde esperaba la escuadra.

El 6 se observaron al N.N.O. las velas del Balcarce y la Unión, y una corbeta y tres bergantines imperiales dejaron su línea para interceptarlos quedando a seis millas del convoy que conservó su posición. A las 19:30, ya anochecido y aprovechando el debilitamiento de la línea de bloqueo, la escuadra al mando de Brown se dieron a la vela con dirección al E.N.E. y a las 20:30 habían dejado atrás el canal exterior. En el lugar abandonado por su flota, Brown hizo fondear otras cuatro naves para que no se notara la partida.

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