Tal Día como Hoy

Batalla de Inglaterra

Combates aéreos de la Segunda Guerra Mundial

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La batalla de Inglaterra (en inglés: Battle of Britain; en alemán: Luftschlacht um England) es el nombre con el que se conoce al conjunto de combates aéreos librados en cielo británico y sobre el canal de la Mancha, entre julio y octubre de 1940, cuando la Alemania nazi buscó destruir a la Real Fuerza Aérea británica (RAF) con el fin de lograr la superioridad aérea necesaria para invadir Gran Bretaña, en la operación conocida como Operación León Marino.

Ni Adolf Hitler ni la Wehrmacht creían posible conseguir una invasión anfibia con éxito hasta que la RAF hubiera sido neutralizada. Los objetivos secundarios eran destruir la producción de aeronaves y las infraestructuras terrestres para obligar al gobierno británico a buscar una solución negociada. Los alemanes fueron derrotados por los británicos, lo que sirvió a los Aliados para utilizar Gran Bretaña como base para invadir Europa en 1944.

Algunos historiadores han discutido sobre el hecho de que ningún tipo de invasión hubiera sido posible dada la superioridad masiva de la Marina Real británica sobre la Kriegsmarine, dicha operación probablemente hubiera sido un desastre. Se argumenta que la Luftwaffe hubiera sido incapaz de evitar la decisiva intervención de los cruceros y destructores de la Marina Real, incluso con superioridad aérea.

La batalla de Inglaterra fue la primera gran batalla enteramente disputada en el aire. Fue la mayor y más concurrida campaña aérea habida hasta día de hoy y la primera prueba de las estrategias de bombardeos que emergieron desde la Primera Guerra Mundial. Fue también la primera derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Esta derrota supuso que, al invadir Hitler la URSS en 1941, Alemania luchara en una guerra con dos frentes abiertos a la vez, contradiciendo sus ideas expuestas en Mein Kampf, en las que exponía la desventaja geográfica de Alemania, posicionada entre las potencias occidentales (como el Reino Unido y Francia) y el gobierno socialista de la URSS, respecto a otras potencias y por lo tanto no debía nunca luchar una guerra sin cerrar primero un frente antes de abrir otro.

Tras la evacuación del ejército anglo-francés en Dunkerque (26 de mayo de 1940) y la rendición de Francia (22 de junio de 1940), Alemania tenía al continente europeo bajo control. La única potencia que se le resistía era el Reino Unido.

Adolf Hitler proyectó la victoria total en el teatro europeo suponiendo que, tras la rendición de Francia, el Reino Unido no tardaría en sucumbir. Confirmada la neutralidad de Estados Unidos, el Reino Unido se encontró aislado del continente europeo y además los submarinos alemanes atacaban los barcos mercantes procedentes de sus colonias y del continente americano. La Unión Soviética, por su parte, no estaba dispuesta a hacer frente al poderío alemán.

Esta visión de triunfo llevó a que durante junio de 1940 no se atacara al Reino Unido con la Luftwaffe, en espera de su rendición. La maquinaria de guerra alemana estaba preparada para el asalto final a las islas, pero Hitler quería dar fin a la guerra con teatralidad magnánima y sin que se derramara una gota de sangre, evitando también riesgos a la Kriegsmarine, que ya había combatido duramente (y sufrido varias pérdidas) entre abril y junio de 1940 en la invasión de Noruega.

Sin embargo, los británicos se negaron a rendirse y utilizaron todos los recursos del Imperio británico para continuar la guerra con Alemania, y a partir de 1941 sumaron los recursos de Estados Unidos a su causa. El Reino Unido todavía entonces poseía la marina de guerra más potente del mundo (condición que cedería a EE. UU. tras finalizar la guerra en 1945) y esto ayudaría sobremanera a mantener las líneas de suministros al país desde Norteamérica y desde el propio Reino Unido a la Unión Soviética una vez que la URSS entró en la guerra un año después.

Es importante recordar que desde la capitulación de Francia en junio de 1940 hasta la invasión de la URSS por Hitler en junio de 1941, el Reino Unido permaneció solo durante un año entero como única potencia luchando contra la Alemania nazi solo con algo de apoyo de los norteamericanos. Estados Unidos no entraría en la guerra oficialmente hasta diciembre de 1941.

El nombre de la batalla procede de uno de los famosos discursos de Winston Churchill, pronunciado en la Cámara de los Comunes el 18 de junio de 1940, coincidiendo con el 125 aniversario de la batalla de Waterloo:

Frente a la férrea postura de Winston Churchill, el primer ministro británico, Hitler se vio obligado a seguir adelante con las hostilidades, y comenzó a diseñar un plan de invasión de las islas británicas denominado Operación León Marino. Hermann Göring, comandante de la Luftwaffe y segundo hombre del III Reich, estaba exultante. Su aviación solo había cosechado hasta ese momento aplastantes victorias sin sufrir prácticamente bajas de consideración,[cita requerida] y prometió a Hitler acabar con la aviación británica en pocos días. La estrategia desarrollada se basaba en una completa aniquilación de la RAF que permitiera a la Wehrmacht un desembarco sin contratiempos en las costas británicas. Para ello Göring contaba con tres flotas: la Luftflotte 5, con base en Noruega; la Luftflotte 2, en los Países Bajos y norte de Francia; y la Luftflotte 3, establecida al oeste del Sena. Estas tres fuerzas contaban con unos 3600 aviones, frente a los apenas 871 aparatos de la RAF.​

Hitler, confiado en la estrategia de Göring, ordenó a sus generales prepararse para la invasión a inicios del mes de julio. Como condición indispensable para el éxito, los jefes del ejército y la marina exigieron que la Luftwaffe debía atacar de modo constante e implacable durante tres días seguidos para conseguir una superioridad aérea total en el sudeste de Inglaterra. Una vez logrado esto, la unidad de paracaidistas de Kurt Student (la primera de la historia y la única existente en aquellos momentos) caería sobre Dover para establecer una gigantesca cabeza de puente y la Kriegsmarine comenzaría con el traslado de las fuerzas terrestres por vía marítima, contando que ya no habría amenaza británica desde el aire.

Al inicio pareció que el plan de Göring se cumpliría, ya que los aviones alemanes eran más numerosos que los británicos y los pilotos alemanes, a diferencia de los británicos, tenían bastante experiencia en combate. Desde inicios de julio de 1940 la Luftwaffe se dedicó a atacar convoyes navales británicos sobre el canal de la Mancha, probando el estado de las defensas británicas y dando más experiencia a los pilotos alemanes contra un enemigo de notable fuerza. Los objetivos de las bombas alemanas en aquella primera etapa no eran las poblaciones civiles, sino las defensas costeras del Reino Unido sobre el canal de la Mancha, las instalaciones industriales cercanas a la ciudad de Londres, los aeródromos militares y la red de estaciones de radar (Home Chain).

Sin embargo, el lado británico contaba con superioridad en el aire, no en número sino en rapidez de acción, gracias a la utilización del radar. Desarrollado unos años antes por el físico británico Robert Watson-Watt, y en combinación con los puestos de observación visual apostados en la costa, el radar supuso una notable ventaja táctica para la Real Fuerza Aérea británica, pues permitía detectar a la aviación enemiga para así coordinar y enviar los cazas en el momento y número preciso para combatir las incursiones alemanas.​

También, la producción masiva del famoso caza Supermarine Spitfire llevó vientos de esperanza a la RAF. El Spitfire poseía mayor maniobrabilidad a la del Bf109.

Ante los ataques alemanes, los convoyes navales británicos cancelaron su navegación por el canal de la Mancha, mientras que los pilotos británicos rechazaban siempre que les era posible el duelo en el aire, debido a la superioridad numérica alemana, y sabedores de la dificultad de éstos para mantener prolongados combates por sus limitaciones de combustible.​ Ante ello, Göring, a mediados de agosto de 1940, decidió cambiar de táctica y combatir no sobre el canal de la Mancha, sino directamente sobre el suelo británico. Los objetivos variaron y dejaron de concentrarse en las industrias para pasar a dedicarse a los bombardeos en los aeródromos y en las defensas costeras que impidieran la invasión germana, así como las redes de carreteras. Los aviones británicos eran más fáciles de destruir si se les impactaba antes de haber despegado. Esta táctica alemana había funcionado en Polonia, donde varios aviones que poseía el ejército polaco del aire habían sido destruidos desde el aire por la Luftwaffe. Sin embargo, los británicos utilizaron un sistema de camuflaje para evitar que se percibieran los aviones desde el aire, que a veces funcionaba y otras veces no, y también llegaron a posicionar aviones de forma que una bomba no los pudiera destruir completamente antes de despegar al estar protegidos, flanqueados con materiales como el cemento que resguardaban los aparatos de los impactos de las bombas. Otra táctica británica que tuvo mucho éxito consistía en engañar a los alemanes y crear hangares falsos para que fueran bombardeados por la Luftwaffe mientras los verdaderos hangares que albergaban aviones habían sido camuflados.

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