Tal Día como Hoy

Batalla de Ayacucho

Batalla de las guerras de independencia hispanoamericanas (1824)

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La batalla de Ayacucho representó el enfrentamiento más grande e importante de las campañas finales de las guerras de independencia hispanoamericanas, librada entre los ejércitos de las repúblicas de Perú y Colombia y el del Reino de España. En esta campaña militar se consolidó la independencia de la República del Perú y de los nuevos estados sudamericanos de habla hispana.

La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua, a una altitud de 3400 m.s.n.m., y a 37 kilómetros de la ciudad de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824.​

La victoria de los patriotas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie. El Ejército Real del Perú fue derrotado tras recibir la orden de combatir desde una posición militar completamente inadecuada: el cerro Condorcunca.​Este evento suele ser considerado el final de las guerras de independencia en América del Sur.​​​

La capitulación del virrey del Perú selló la independencia del Perú de forma definitiva. La Armada española abandonó la zona de conflicto según lo pactado. Los últimos bastiones realistas se rendirán sucesivamente a partir de entonces. En 1825 el Alto Perú en la campaña de Sucre y batalla de Tumusla. En 1826 caen la isla de Chiloé y la fortaleza del Real Felipe del Callao, que resistió un asedio durante 718 días. Se extinguió el foco de guerrillas en la guerra de Iquicha (1825-1828). En 1828, el Brigadier realista Francisco Javier de Aguilera lideró el último levantamiento, ocupando la ciudad de Vallegrande en Bolivia. En 1831, se rinde el caudillo José Dionisio Cisneros en Venezuela. En Chile, la montonera de los Hermanos Pincheira sería destruida definitivamente en 1832. Finalmente en 1833, tras la muerte del rey Fernando VII, el gobierno español abandonó definitivamente los planes de reconquista. Tres años después, en 1836, las Cortes españolas renunciaron formalmente a cualquier reivindicación sobre la América continental. El reconocimiento del Perú se obtuvo de facto en 1865 y el tratado definitivo se firmó en 1879.​​​​

Las corrientes libertadoras de América de 1820-1823

En 1820, España enfrentó una crisis política tras el alzamiento militar liderado por el general Rafael del Riego contra el rey Fernando VII, buscando restaurar la Constitución española y el gobierno liberal. La rebelión desintegró las tropas reunidas para la Grande Expedición, eliminando la amenaza de invasión española al Río de la Plata y Venezuela, lo que desmoronó la resistencia realista en esas regiones y permitió la convergencia de las corrientes libertadoras hacia el Perú.

El levantamiento impidió el embarque de 20,000 soldados y diez buques de guerra destinados a auxiliar a los realistas en América, desbaratando la escuadra naval española y poniendo fin a las expediciones de refuerzo hacia el continente. Este evento también aceleró el camino hacia la independencia de los virreinatos del Perú y Nueva España, que hasta entonces habían contenido el avance revolucionario en Hispanoamérica.

En América del Norte, el virreinato de México, con una insurgencia casi derrotada que es atraída al nuevo movimiento trigarante, se constituye en una monarquía independiente mediante el Plan de Iguala y el pacto de las tres garantías. Y tras derrotar al virrey Apodaca, los trigarantes no consiguen acordar la separación pacífica con la España Liberal, mediante los Tratados de Córdoba que son rechazados, y se suceden los intentos españoles de reconquista de México hasta su desistimiento en 1829.

En América del Sur, la sublevación de Rafael del Riego había hecho desaparecer la amenaza de invasión de Venezuela y del Río de la Plata, y esto permitió el avance de las Corrientes Libertadoras de América hacia el Perú. El virrey Joaquín de la Pezuela había quedado desacreditado por la derrota de la expedición de Mariano Osorio en Chile, el aislamiento marítimo, y la invasión de la Expedición Libertadora del Perú de José de San Martín, que consigue cercar Lima en la campaña de Cerro de Pasco y provoca la deserción del Numancia. Esta sucesión de derrotas determinan el aislamiento del virreinato peruano y que Pezuela sea derrocado por el general español José de la Serna el 29 de enero de 1821 en el golpe militar de Aznapuquio. La Serna abandonó Lima con un ejército en plena desintegración para refugiarse en la sierra peruana, mientras San Martín ocupa la capital y proclama la independencia del Perú el 28 de julio de 1821.

Pero el Ejército Real del Perú, bajo una sólida subordinación militar, se reorganizó sin ninguna ayuda exterior y consiguió destruir a sucesivos ejércitos independientes. Los primeros son las tropas al mando de los patriotas Domingo Tristán y Agustín Gamarra que caen emboscados en la batalla de Ica. Un año después, con José de San Martín retirado tras la entrevista de Guayaquil, la Expedición Libertadora dirigida por Rudecindo Alvarado es aniquilada en las campañas de Torata y Moquegua. El año 1823 terminó con la destrucción de otro ejército patriota comandado por Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra, en otra campaña abierta sobre los Puertos Intermedios, que comenzó con la batalla de Zepita en Puno, y la ocupación de la ciudad de La Paz el 8 de agosto, consiguiendo llegar a Oruro en el Alto Perú. El virrey La Serna, en esta campaña apodada del "Talón", persiguió las tropas de Santa Cruz que acaban desbandadas, y recuperó Arequipa tras batir a Antonio José de Sucre, quien reembarcó a los colombianos el 10 de octubre de 1823.

Finalmente lo que restaba de optimismo se apagaba por la toma del gobierno por los caudillos grancolombianos, bajo conspiraciones y acusaciones de traición contra los presidentes peruanos José de la Riva Agüero y José Bernardo de Tagle. Riva Agüero deportó diputados del Congreso del Perú y organizó un congreso paralelo en Trujillo, y luego de ser declarado reo de alta traición por el Congreso del Perú​ fue desterrado a Chile. Por el contrario, Torre Tagle buscaba negociar con el virrey La Serna una paz sin derramamiento de sangre, sobre la base de la monarquía independiente propuesta por José de San Martín en Punchauca. Este gesto fue interpretado por Simón Bolívar como un acto de traición. Tagle dispuso que todas las fuerzas a su mando apoyaran a Bolívar para hacer frente al enemigo, mientras este buscaba capturarlo para fusilarlo.​ José Bernardo de Tagle encontró refugio con los realistas en la asediada fortaleza del Callao.

La inestabilidad en España, marcada por el Trienio Liberal, la Guerra Realista entre absolutistas y liberales, y la ocupación del ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis hasta 1828, imposibilitó el envío de refuerzos militares o la búsqueda de conciliaciones diplomáticas. Para principios de 1824, a pesar de los triunfos previos de las armas del rey, el panorama era sombrío para los defensores de la monarquía. Mientras tanto, Bolívar, recién llegado, solicitaba diligentemente refuerzos de la Gran Colombia y organizaba activamente la campaña definitiva contra los realistas del Perú, para quienes la situación crítica comenzaba a tornarse insalvable:

Tregua en Buenos Aires y motín en el Callao

El historiador Rufino Blanco Fombona dice que "Todavía en 1824 Bernardino Rivadavia pacta con los españoles, estorbando así la campaña de Ayacucho":​ El 4 de julio de 1823, Buenos Aires concluyó una tregua con los comisionados españoles (Convención Preliminar de Paz) que le obligaba a mandar negociadores a los demás gobiernos sudamericanos para que pueda tener efecto la misma.​ Se estipulaba que las hostilidades cesarían 60 días después de su ratificación y subsistiría durante un año y medio, mientras se negociaría un tratado definitivo de paz y amistad. Con este motivo se reunieron en la ciudad de Salta Juan Gregorio de Las Heras con el brigadier Baldomero Espartero, sin alcanzar acuerdo alguno. Entre otras medidas tomadas por el virrey para contener su inminente rebelión, el 10 de enero de 1824 se le ordenó a Olañeta:

Rivadavia creía que el proyecto establecería la paz y paralizó el esfuerzo de las autoridades de Salta sobre el Alto Perú, negó auxilios y retiró los puestos avanzados,​ dañando la causa del Perú.

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